10 razones por las que amo ser judía
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La parashá de esta semana trata sobre la mitzvá de Shiluaj HaKen (enviar a la madre lejos del nido). La Torá dice (Deuteronomio 22:7) que, si una persona encuentra un nido de pájaros en el camino, "Deberás dejar ir a la madre y podrás tomar las crías para ti, para que te vaya bien y prolongues tus días". Esta misma promesa de una larga vida aparece en otro lugar de la Torá, con respecto a otra mitzvá: honrar al padre y a la madre (Éxodo 20:12). ¿Por qué precisamente estos dos mandamientos comparten la misma recompensa?
Además, el Talmud (Berajot 33b) enseña que debe hacerse callar a quien, durante la plegaria, dice: "Así como Tu misericordia, Dios, alcanza al nido del ave, que también nos alcance a nosotros", porque se considera una forma incorrecta de rezar. El Talmud en la misma página pregunta por qué es así. Según una de las opiniones, porque esa persona describe los mandamientos de Dios como expresiones de misericordia, cuando en realidad son decretos divinos. ¿Por qué esta mitzvá se considera simplemente un decreto de Dios y no una manifestación de Su compasión? Después de todo, parece evidente que al alejar a la madre antes de tomar sus crías estamos actuando con sensibilidad hacia ella.
El Gaón de Vilna explica que una persona solo alcanza la plenitud en su servicio a Dios cuando aprende a dominar dos rasgos de carácter opuestos. Por ejemplo, las cualidades antagónicas de la compasión y la severidad. Si alguien posee únicamente una de ellas (por ejemplo, la compasión) eso no demuestra necesariamente que sea una persona justa. Tal vez simplemente nació con un temperamento amable y nunca tuvo que trabajar para controlar y dirigir esa emoción. Pero si posee ambas cualidades opuestas y sabe cuándo utilizar cada una correctamente, eso demuestra que ha trabajado sobre sí mismo y que gobierna sus emociones. Ese dominio es lo que caracteriza al justo.
Existen dos mitzvot que simbolizan estas cualidades contrapuestas: (1) honrar a los padres y (2) enviar a la madre pájaro lejos del nido. La primera representa la compasión: cuidar de los padres, especialmente cuando envejecen y necesitan ayuda, exige una gran dosis de sensibilidad, paciencia y amor. La segunda mitzvá, Shiluaj HaKen, representa la severidad, porque separar a la madre de sus crías le provoca un profundo sufrimiento.
(Maimónides respalda esta idea al señalar que, si el objetivo de esta mitzvá fuera simplemente mostrar compasión hacia el ave, Dios directamente habría prohibido matar aves).
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A la luz de esta explicación, podemos comprender por qué ambas mitzvot reciben exactamente la misma recompensa: una larga vida. El Gaón de Vilna explica que la longevidad simboliza la plenitud, porque una vida larga suele asociarse con una vida completa. Al practicar estas dos mitzvot, la persona aprende a dominar y utilizar correctamente emociones opuestas. Por eso la recompensa de una larga vida (símbolo de una existencia plena) resulta perfectamente apropiada.
Incluso podríamos sugerir que, de acuerdo con el Gaón de Vilna, cumplir solo una de estas mitzvot no basta para merecer la recompensa prometida. Solo quien practica ambas alcanza la condición de persona completa, porque demuestra que ha aprendido a dominar emociones contradictorias y a servir a Dios con todas las dimensiones de su ser. Por eso merece la recompensa de una larga vida.
La relación entre estas ideas aparece también en dos versículos consecutivos del libro de los Salmos. El Salmo 149:7 habla de ejecutar justicia contra las naciones empeñadas en destruir al pueblo judío. Dos versículos después menciona "el honor concedido a todos Sus piadosos". El Gaón de Vilna explica que este salmo enseña que incluso las personas naturalmente bondadosas saben actuar con firmeza cuando las circunstancias lo requieren y cuando así lo dicta la voluntad de Dios expresada en la Torá.
Ahora resulta evidente por qué el Talmud considera inapropiado pedir a Dios que nos muestre misericordia tal como la tiene de la madre pájaro. Esa plegaria sugiere que la mitzvá representa un acto de misericordia, cuando en realidad ocurre precisamente lo contrario. Shiluaj HaKen es un acto duro e incluso cruel. Dios nos lo ordena para enseñarnos que nuestras acciones deben realizarse por amor al Cielo y no simplemente porque seguimos nuestros impulsos naturales. Tanto la compasión como la severidad tienen su lugar en el servicio a Dios, y se espera que aprendamos a desarrollar ambas cualidades y a utilizarlas en el momento adecuado.
Basado en todo lo anterior, el Gaón de Vilna explica un versículo de Génesis 22:12, que dice que durante el episodio de la Akedá (el sacrificio o atadura de Itzjal), los ángeles le dijeron a Abraham: "Ahora sé que temes a Dios". La Akedá fue, sin duda, la prueba más difícil de Abraham. Pero ¿por qué solo entonces los ángeles "descubrieron" que era un hombre justo? ¿Acaso no lo habían demostrado ya su hospitalidad y su inmensa bondad?
El Gaón de Vilna responde que, aunque Abraham había realizado innumerables actos de justicia y generosidad, los ángeles aún podían pensar que todo ello provenía simplemente de su naturaleza bondadosa. Sin embargo, en la prueba definitiva, cuando Dios le ordenó sacrificar a su hijo menor y más amado (un acto que, por naturaleza, Abraham jamás habría imaginado realizar), él estuvo dispuesto a actuar con toda su mente, todo su corazón y toda su alma únicamente porque Dios se lo había ordenado. Fue precisamente ese dominio de sus emociones y su capacidad para dirigirlas al servicio de Dios lo que convenció a los ángeles de que Abraham era verdaderamente un hombre justo y temeroso de Dios.
Que todos tengamos el mérito de dominar el difícil arte del equilibrio, mostrando compasión siempre que sea posible y firmeza cuando sea necesario. Y que merezcamos vivir una vida larga y fecunda, digna de la protección divina, del mismo modo que una madre ave protege a sus pichones.
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