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La santidad cuenta

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Nasó (Números 4:21-7:89 )

por Rav Benji Levy

Por lo general, se supone que los textos escritos están bien estructurados, con un flujo de pensamiento claro y lógico: un comienzo un desarrollo y un final claro. Sin embargo, en la parashat Nasó, se discuten diversos tópicos uno detrás del otro, con una aparente falta de conexión entre ellos.

El Libro de Números comienza con el pueblo judío en el desierto antes de entrar a la Tierra Prometida, y describe cómo viven, sus jerarquías y sus censos. Luego se refiere a una serie de conceptos aparentemente desconectados: el pecado de traición a Dios a través del robo (Números 5:6); la sotá, la mujer de quien se sospecha que fue infiel (5:11-31); el nazir (nazareno), quien para santificarse a sí mismo se abstiene de beber vino, de cortarse el cabello y de tener contacto con cadáveres (6:2-21); y las bendiciones sacerdotales (6:22-27).

Si se tratara de cualquier otra obra literaria, podríamos aceptar simplemente que estas secciones fueron ubicadas de forma aleatoria. Sin embargo, cuando se trata de la Torá, no existe que algo sea "al azar".

Inmediatamente antes de estos versículos, la Torá describe en detalle el censo de cada individuo de la nación. El significado de la cuenta incluso queda resaltado por el nombre de este libro: Números.

La palabra hebrea para número es mispar, y contar es lispor. La raíz de estas palabras son las letras sin, fei, reish. No es coincidencia que otra palabra que comparte exactamente la misma raíz sea lesaper, relatar o contar. En otras palabras, al contar algo uno relata su historia y le otorga un nivel de significancia de acuerdo con su identidad singular.

El censo resalta la importancia de prestar atención a cada individuo de la nación. Las secciones siguientes se refieren a diferentes aspectos de la psiquis humana y representan tres niveles distintos de las relaciones que experimentan esos individuos: la relación entre la persona y Dios, entre la persona y sus semejantes, y entre la persona y sí misma.

La Torá describe las consecuencias del robo y la naturaleza traicionera de este pecado. Dios es la máxima fuente de moralidad objetiva. Cualquier acto opuesto a la moral representa un acto contra Dios mismo y, por lo tanto, implica una fractura en la relación entre el hombre y su Creador.

La Torá luego lleva nuestra atención a la relación entre el hombre y su esposa. Al hablar de la sotá, la Torá se centra en la relación conyugal, que por definición es una relación basada en la confianza. Dado que la unidad familiar conforma la base de la sociedad, su quiebre puede tener catastróficas consecuencias sociales.

La Torá sigue describiendo al nazir, una elección de estilo de vida que representa la santidad, lo opuesto a lo que vimos con respecto a la sotá. El nazir escoge aceptar un estilo de vida de abstinencia como respuesta directa al quiebre social previamente descripto (Tratado Sotá 2a). Él supera sus deseos al abstenerse de placeres físicos.

Por un lado, el nazir es considerado "sagrado para Dios" (Números 6:8) por alejar potenciales tropiezos y elevarse a sí mismo. Por otro lado, su elección personal de separarse del mundo material tiene lugar a costa de dejar de disfrutar de los placeres que Dios dio en la vida. Por eso se le ordena llevar una ofrenda de pecado al completar su período de abstinencia (Números 6:13-14; Tratado Taanit 11a, Nedarim 10a). Si bien abstenerse de cosas que están permitidas es una decisión legítima, esa elección personal debe ser temporaria e inherentemente es defectuosa. Esta dialéctica (Mishné Torá, Leyes del desarrollo personal 3:1, Leyes del nazareno 10:14) forma la tercera esfera de las relaciones humanas: la relación de la persona consigo misma.

La Torá continúa describiendo las bendiciones sacerdotales, que de hecho representan el hilo conector entre los diferentes temas antes mencionados. En cada caso, el sacerdote (cohen) juega un rol activo, a través de palabras y actos rituales, para preservar la santidad y dirigir el equilibrio y la armonía de la nación en los diferentes niveles de relaciones.

El sagrado rol del sacerdote nos recuerda que tenemos disponibles las herramientas y los recursos comunitarios y que, en ultima instancia, todos somos capaces de controlar nuestras acciones, elevar nuestro comportamiento y elegir un estilo de vida que construya y no que destruya, para santificar nuestras almas y preservar nuestra relación con Dios, con nuestros semejantes y con nosotros mismos. Si somos capaces de vivir de esa manera, haremos que nuestras vidas "cuenten", nos impregnaremos con propósito y nos aseguraremos de ser un receptáculo digno de la bendición sacerdotal que trae la Torá: Que Hashem nos bendiga, nos proteja, nos ilumine, sea bondadoso y nos otorgue paz.




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