La segunda oportunidad de la vida

31/05/2026

4 min de lectura

Behaalotjá (Números 8-12 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La parashá de esta semana trata el tema de Pésaj Sheiní, la segunda ofrenda de Pésaj. Ciertos miembros del pueblo judío se habían impurificado al estar en contacto con un cadáver y, por lo tanto, no pudieron ofrecer el sacrificio de Pésaj en el momento señalado, el 14 de Nisán. Ellos preguntaron a Moshé y Aharón por qué debían quedar excluidos de cumplir esta mitzvá junto con el resto del pueblo judío. Moshé consultó a Dios sobre qué debían hacer estas personas, y Dios les instruyó que ofrecieran el sacrificio un mes después, el 14 de Iar, en Pésaj Sheiní (Números 9:6–11).

Según el comentario Lemaan Ajai VeReiai, la lección de esta historia es que una persona siempre recibe una segunda oportunidad. Lo vemos no solo en que finalmente a quienes estaban impuros se les dio otra oportunidad para llevar el sacrificio de Pésaj, sino que incluso su petición inicial implica que esperaban encontrar una solución. ¿Cómo aprendieron esta actitud? ¿Por qué asumían que recibirían una segunda oportunidad?

El Talmud (Sucá 25a) identifica a estos hombres como los portadores del féretro de Iosef. Y precisamente la figura de Iosef nos ayudará a responder esta pregunta. Cuando Iosef está en su lecho de muerte, les dice a sus hermanos: “Yo voy a morir, y Dios pakod ifkod…” Estas palabras pueden traducirse libremente como: “Dios ciertamente se acordará de ustedes”. Pero ¿por qué el verbo está duplicado? Si Iosef hubiera dicho simplemente ifkod, el significado sería el mismo.

Mediante esta doble expresión, Iosef está insinuando a sus hermanos que Dios siempre ofrece una segunda oportunidad. Las palabras de Iosef pueden entenderse de la siguiente manera: “Si, por cualquier razón, Dios no se acuerda de ustedes ahora (pakod), no se preocupen; Él se acordará de ustedes en otro momento (ifkod)”.

No olvidemos que Iosef, cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos, perdió a su familia, su riqueza y su libertad. Sin embargo, él nunca perdió la esperanza. Mantuvo su rectitud en medio de numerosos desafíos porque comprendía que Dios siempre ofrece una segunda oportunidad. Esto se manifiesta en que Iosef recuperó todo lo que había perdido: se reunió nuevamente con su familia, llegó a ser más rico de lo que jamás imaginó y, como virrey del imperio egipcio, obtuvo poder y libertad para hacer lo que quisiera.

Las personas que preguntaron a Moshé y Aharón si tendrían otra oportunidad para ofrecer el sacrificio de Pésaj aprendieron su actitud optimista de Iosef. El hecho de cargar el féretro de Iosef hizo que fueran influidos por los valores que él representaba. Gracias a la huella espiritual de Iosef, tuvieron la jutzpá (audacia) sagrada de acercarse a Moshé y Aharón para pedir una segunda oportunidad.

***

Secretos nupciales

Según Lemaan Ajai VeReiai, el propio Iosef aprendió esta actitud de su madre, Rajel. Para entender cómo, debemos profundizar en la dinámica de la noche de bodas de Rajel.

Rajel había sido prometida a Iaakov. Sin embargo, Iaakov, consciente del carácter tramposo de su tío Laván, sospechó que intentaría hacer que se casara con la hermana de Rajel, Leá. Por ello, Iaakov y Rajel idearon señales secretas que permitirían a Iaakov verificar la identidad de su novia cubierta por el velo bajo la jupá. El día de la boda, Laván impidió que Rajel saliera de la casa y vistió a Leá en su lugar. Rajel comprendió que su hermana quedaría devastada si era expuesta públicamente como la novia equivocada, por lo que enseñó a Leá las señales secretas previamente acordadas con Iaakov (Meguilá 13b).

La Torá dice que los ojos de Leá eran rakot, palabra que significa “suaves” o “débiles” (Génesis 29:17). El Talmud (Baba Batra 123a) se pregunta cómo la Torá puede hablar de manera aparentemente despectiva sobre una persona justa, especialmente cuando la Torá suele expresarse respetuosamente incluso respecto a criaturas humildes.

Por ejemplo, cuando Nóaj reunió a los animales para introducirlos en el arca, la Torá habla de “animales puros y animales que no eran puros” (Génesis 7:8). De las palabras adicionales que usa la Torá ("que no eran puros" en lugar de decir simplemente "impuros"), nuestros Sabios deducen que la Torá cuida incluso el honor de los animales no kasher[.

El Talmud explica que decir que los ojos de Leá eran débiles no era un insulto, sino un elogio. Leá había oído a la gente especular que probablemente ella y su hermana Rajel se casarían con sus primos: Iaakov y Esav. El mayor con la mayor (Esav y Leá) y el menor con la menor (Iaakov y Rajel). Cuando Lea preguntó acerca de Esav, le dijeron que era un hombre malvado. Cuando preguntó acerca de Iaakov, le dijeron que era “un hombre íntegro que habitaba en las tiendas” de la Torá, perfeccionando sus rasgos de carácter (Génesis 25:27).

Al escuchar esto, Leá comenzó a llorar porque ella también deseaba casarse con un hombre justo. Lloró tanto que sus pestañas se cayeron. Debido a su llanto, la Torá describe sus ojos como “suaves” o “débiles”. Esta descripción es, en realidad, un reconocimiento de su profunda aspiración de casarse con un hombre recto.

Un escándalo público

Con toda esta información, surge ahora una nueva dificultad. Una vez que Leá se casó con Iaakov debido al engaño de Laván, probablemente Rajel tendría que casarse con Esav. En ese caso, podríamos preguntarnos si Rajel hizo lo correcto al transmitir las señales secretas. Sin duda, si Leá hubiera sido expuesta bajo la jupá como la novia equivocada, habría sufrido una humillación terrible y el escándalo habría ocupado la portada del “Padan Aram Times”. Pero después de unas semanas, probablemente nadie volvería a hablar del asunto.

En cambio, Rajel enseñó las señales a Leá y, al hacerlo, aparentemente renunció al resto de su vida. ¿Por qué fue esta la decisión correcta? Tal vez habría sido mejor humillar temporalmente a Leá para que Rajel no tuviera que pasar el resto de su vida con un hombre malvado.

Según Lemaan Ajai VeReiai, cuando Rajel enseñó las señales a Leá, no selló su destino de casarse con Esav, porque en ese mismo momento introdujo en el mundo el concepto de la segunda oportunidad. Aunque parecía que solo había dos posibilidades para el matrimonio entre las dos parejas de hermanos, Rajel no se dejó atrapar por esa perspectiva.

En cambio, ella creó una tercera posibilidad. Si en ese momento no merecía casarse con Iaakov, ella comprendió que recibiría otra oportunidad en el futuro. Por lo tanto, Iosef aprendió el principio de las segundas oportunidades de su madre Rajel, quien originó este concepto y lo introdujo en el mundo.

No importa cuántos errores hayamos cometido, cuán impuros nos hayamos vuelto o cuántos llamados de la vida hayamos ignorado, todavía podemos imitar los caminos de Rajel y Iosef: no perder nunca la esperanza, porque sabemos que Dios siempre nos ofrece una segunda oportunidad.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.