Las palabras de Torá del presidente Milei en el Foro Económico Mundial de Davos


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¿Debemos poner fin a la vida de uno para salvar al otro, o dejar que ambos mueran?
En la década de 1970, una pareja de Nueva Jersey dio a luz a gemelas siamesas que compartían el mismo corazón y otros órganos vitales. Si las gemelas permanecían unidas, el corazón no podría mantener con vida a ambas y eventualmente morirían. Sin embargo, si eran separadas quirúrgicamente, los médicos concluyeron que una podría sobrevivir mientras que la otra moriría de inmediato. Así nació una de las preguntas más difíciles de la ética médica judía. ¿Debíamos permanecer pasivos y permitir que ambas gemelas fallecieran o debíamos ser proactivos y poner fin prematuramente a la vida de la gemela más débil para salvar a la otra?
La cuestión fue llevada ante el mayor erudito de la Torá de la época, Rav Moshé Feinstein, un hombre brillante y sumamente humilde que vivía en el Lower East Side de Manhattan. Tras una cuidadosa consideración, Rav Feinstein dictaminó que las gemelas debían ser separadas, ya que la supervivencia a largo plazo de una tenía prioridad sobre la vida de la otra. Desde entonces, este audaz fallo ha sido estudiado por eruditos de la Torá en todo el mundo. En este artículo, presentaremos una visión general de la base de esta decisión.
El Talmud discute un escenario de sufrimiento materno-fetal durante el parto y diferencia si el bebé se considera o no "nacido". Si la cabeza del bebé no ha emergido, la vida de la madre tiene prioridad y se puede interrumpir la vida del bebé para salvar a la madre. Sin embargo, si la cabeza ya emergió, entonces ambas vidas son iguales y no podemos favorecer una sobre la otra.
Cuando Maimónides (Leyes del Asesinato 1:9) codifica este fallo, lo explica basándose en el concepto de rodef, el que persigue a otra persona para asesinarla. La ley de la Torá establece que la vida del perseguido tiene prioridad sobre la del perseguidor, incluso si el perseguidor es un menor. Basándose en esto, Maimónides explica que el feto no nacido es considerado un perseguidor porque pone en peligro la vida de la madre. Por lo tanto, se puede terminar su vida para salvar la de la madre. Sin embargo, cuando el feto se considera "nacido", ya no podemos usar el concepto de "perseguidor", ya que esto es un fenómeno natural.
Muchos eruditos se han sentido desconcertados por la lógica aparentemente contradictoria de Maimónides. Maimónides considera que el feto no nacido es un rodef, y permite interrumpir su vida. Pero una vez nacido, ya no es considerado un perseguidor. Si un feto "nacido" que pone en peligro a su madre no es un perseguidor porque es un fenómeno natural, ¿por qué se lo considera un perseguidor cuando aún no ha nacido? ¿Por qué el criterio para determinar si es un perseguidor se basa en si ha nacido o no? ¿Acaso no se trata de dos líneas de razonamiento no relacionadas?
Rav Feinstein ofreció un análisis fascinante (Igrot Moshé Ioré Deá 2:60). Él argumentó que, en verdad, tanto la madre como el feto son considerados perseguidores, ya que ambos ponen en peligro la vida del otro. En teoría, debería ser un empate. ¿Qué rompe el empate? Si hay una razón para considerar a uno como un perseguidor mayor que el otro.
Cuando el feto aún no ha "nacido", su vida no tiene el mismo peso que la de un ser humano completamente formado. Por lo tanto, debido a que el feto no nacido está persiguiendo una vida más significativa que la suya, es un perseguidor mayor que la madre, quien a su vez está persiguiendo la vida de un feto, que tiene menos peso que la suya. En resumen, aunque tanto la madre como el feto son perseguidores, el feto realiza un acto de persecución mayor que la madre.
Sin embargo, una vez que el feto nace, su vida es igual a la de la madre. Como ambos perseguidores son iguales, se genera un empate y no podemos favorecer activamente una vida sobre la otra.
Este concepto de determinar el estatus de perseguidor en relación con la importancia de la vida en peligro fue la base principal del fallo de Rav Feinstein sobre los gemelos siameses. Ambos gemelos son considerados perseguidores, ya que cada uno pone en peligro la vida del otro, aunque de manera involuntaria. Si ambos tuvieran la misma probabilidad de sobrevivir si fueran separados, entonces sería un empate y no deberíamos intervenir. Sin embargo, si uno es más fuerte y está más desarrollado, tiene mayor probabilidad de supervivencia y está siendo obstaculizado por el gemelo más débil. En este caso, el gemelo más débil es considerado un perseguidor mayor, ya que está impidiendo la supervivencia de una vida más plena que la suya, mientras que el más fuerte persigue una vida de menos peso. Por lo tanto, está permitido terminar la vida del gemelo más débil para salvar al más fuerte.
Otra explicación es la siguiente (ver Bad Kodesh #52). El Talmud (Bava Metzía 62a) plantea la siguiente pregunta: Si dos personas viajan por el desierto y una de ellas sólo tiene suficiente agua para sí misma, ¿debe compartirla con su compañero, aun sabiendo que ambos morirán de sed, porque “no debe presenciar la muerte de su amigo”? El Talmud sostiene que la vida del dueño del agua tiene prioridad. Debe beber su agua y permitir que el otro perezca. El fallo del Talmud es comprensible: una persona no está obligada a renunciar proactivamente a su limitada reserva de agua y arriesgar su propia vida por su amigo.
El buceador no está asfixiando a su compañero, simplemente se está salvando a sí mismo con algo que le pertenece legítimamente. No es un acto de asesinato, sino un acto legítimo de autopreservación.
Ahora consideremos el siguiente escenario: dos amigos bucean juntos, cada uno con su tanque de oxígeno. Bajo el agua, el tanque de oxígeno de uno falla y, en su desesperación, le arrebata la boquilla a su compañero. ¿Puede el buzo recuperar su boquilla? ¿Puede poner activamente su propia vida por delante de la del otro buceador? Se podría argumentar lo siguiente: el buceador no está asfixiando a su compañero, simplemente se está salvando a sí mismo con algo que le pertenece legítimamente. No es un acto de asesinato, sino un acto legítimo de autopreservación.
En el caso de las gemelas, ellas compartían un corazón con seis cavidades, en lugar de las cuatro cavidades de un corazón humano normal. La estructura anatómica sugería que cuatro cavidades pertenecían a la gemela más fuerte, y que la gemela más débil estaba "usando" el corazón de la otra para sobrevivir.
Por lo tanto, separar a la gemela más débil es similar al caso de los buzos: así como recuperar la boquilla no se considera asesinato sino autopreservación, separar a la gemela más fuerte de la más débil tampoco es asesinato, sino impedir que la gemela más débil use un corazón que no le pertenece.
Existen dos razones fundamentales para permitir la separación de las gemelas:
Que Dios permita que todos los niños nazcan sanos y bien, para que estos dilemas sigan siendo sólo teóricos.
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Excelente post. Amo estos temas un montón. Dan claridad a la mente. Siempre he crecido con la pregunta de si en un accidente de tránsito entre la vida de uno a la vida de muchos cual es la que se debe de preservar, y no hallaba respuesta, porque siempre asaltaba el juicio en mi mente si acaso era D's para decidir quien vive y quien muere. Ahora se que el acto mismo de autopreservación y los otros aspectos tratados en el tema en realidad son un acto de misericordia mismo.