Masacre en un evento de Janucá en Australia
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Cada familia tiene sus historias de rivalidad y reconciliación, pero ninguna ha generado tanta discusión y debate teológico como la historia de Iaakov y Esav. En este relato bíblico somos testigos de una rivalidad fraterna que comienza en el vientre, la fe inquebrantable de un padre en su hijo descarriado, la intervención de una madre, una primogenitura vendida y una bendición robada. Pero debajo de estos puntos conocidos se encuentra una revelación que transformará para siempre nuestra comprensión de su historia.
La historia comienza incluso antes del nacimiento, durante el difícil embarazo de Rivká: “Y los niños luchaban dentro de ella” (Génesis 25:22). Rashi explica que cuando Rivká pasaba cerca de una casa de estudio de Torá, Iaakov empujaba para salir, mientras que cerca de casas de idolatría, Esav luchaba por escapar.(1)
Cuando los mellizos nacieron, Esav salió primero, con Iaakov sujetando su talón. A medida que crecieron, sus caminos fueron divergiendo dramáticamente: Esav se convirtió en un hábil cazador, un hombre del campo, ganándose el favor de su padre Itzjak; mientras que Iaakov se convirtió en “un hombre íntegro, que habita en tiendas”, dedicándose al estudio y a la búsqueda espiritual, y ganando el favor de su madre Rivká.
La narrativa llega a su primer punto de inflexión cuando Esav regresa de cazar, hambriento y exhausto. Encuentra a Iaakov preparando un guiso de lentejas y Esav cambia su primogenitura (su herencia de liderazgo espiritual para la eternidad) a cambio de saciar de inmediato su hambre. Esta decisión impulsiva establece el escenario para el momento culminante de la historia.
Cuando Itzjak se acerca al final de su vida, envía a Esav con la misión de cazar un animal y prepararlo para poder darle una bendición. Mientras Esav está cazando, Rivká organiza un elaborado engaño: disfraza a Iaakov como su hermano velludo, con pieles de animales y la ropa de Esav. Iaakov se acerca a su padre ciego y, mediante esta estratagema, recibe la bendición destinada a su hermano. Cuando Esav regresa y descubre el robo, su angustia e ira obligan a Iaakov a huir para salvar su vida.
Este relato plantea varias preguntas inquietantes que han desafiado a los lectores durante generaciones:
El Rebe de Lubavitch(3) ofrece una idea revolucionaria que resuelve todas estas preguntas desconcertantes y transforma nuestra comprensión no solo de este relato bíblico, sino de nuestra propia misión en la vida.
Volvamos al vientre. ¿Recuerdas cómo Esav trataba de dirigirse hacia las casas de idolatría? Aparentemente, buscaba adorar ídolos, incluso como feto. Pero de acuerdo con la novedosa interpretación del Rebe, Esav no quería inclinarse ante los ídolos. ¡Quería destruirlos!
No sólo eso, sino que destruir el mal era la misión entera de su vida. El rol de Esav era allanar el camino para Iaakov eliminando los obstáculos físicos y espirituales, permitiendo así que Iaakov llenara el mundo con la sabiduría y la moralidad de la Torá. Por eso Iaakov nació literalmente a los talones de Esav. Su asociación habría sido el cumplimiento ideal de la profecía divina revelada a Rivká: “El mayor servirá al menor”. Iaakov y Esav no estaban destinados a ser enemigos mortales; ¡estaban destinados a ser el equipo perfecto!
Desafortunadamente, Esav, en su misión de purificar el mundo, se vio consumido por él. Este descenso hacia lo físico alcanzó su punto más bajo cuando cambió su primogenitura (su destino de servicio divino) a cambio del placer físico inmediato de un guiso rojo. La negligencia de Esav obligó a Iaakov a tomar tanto la primogenitura como la bendición y asumir el papel que Esav debía cumplir.
Este entendimiento ilumina la fe inquebrantable de Itzjak en Esav. Como hombre de profunda percepción espiritual, él veía el enorme potencial de su hijo y creía que la bendición podría darle la motivación y la ayuda divina necesarias para cumplir su papel de erradicar el mal. Pero Rivká vió el verdadero carácter de Esav y reconoció que sus caminos pecaminosos habían ido demasiado lejos. Por eso ella vistió a Iaakov como Esav, representando la unión de ambas fuerzas complementarias dentro de un mismo hombre, y lo envió a recibir la bendición de Itzjak.(4)
Hay una dimensión todavía más fascinante de esta historia. El Midrash explica que, si Esav hubiera alcanzado su potencial, se habría convertido en uno de los patriarcas del pueblo judío. Y Leá estaba destinada a ser su esposa.
Donde Esav era audaz y externo, Leá era suave e interna. Su unión habría creado una armonía perfecta. No es de extrañar que Iaakov se sintiera naturalmente más atraído por Rajel, hermosa y mundana, la fuerza terrenal necesaria para complementar el elevado potencial espiritual de Iaakov. Cuando Esav cayó, Iaakov tuvo que ocupar su lugar. Ya no podía limitarse a su rol único de líder espiritual. Ahora Iaakov debía ser a la vez líder político y líder espiritual, un hombre del campo que habita en tiendas. Iaakov tomó como esposas a ambas hermanas para dar al pueblo judío el ADN necesario para cumplir su misión divina de perfeccionar el mundo.(5)
La historia de Iaakov y Esav nos ofrece una profunda visión de la lucha eterna entre las fuerzas físicas y espirituales dentro de cada uno de nosotros. Así como Esav debía servir a Iaakov, nuestros impulsos físicos deben servir a nuestro propósito espiritual. Donde Esav falló, nosotros debemos triunfar.
Cada día nos presenta la elección de Esav: ¿se convertirán nuestras actividades físicas en fines en sí mismos, o servirán a un propósito más elevado? El judaísmo enseña que incluso nuestras acciones más mundanas pueden convertirse en vehículos de servicio divino, pero solo si las acompañamos de la intención adecuada.
Prueba esto: antes de tu próxima comida, detente y pregúntate: “¿Para qué propósito estoy comiendo este alimento?” Tal vez estás comiendo para mantener tu salud y así poder servir a Dios con vigor, o quizá estás disfrutando delicias de Shabat para incrementar la alegría del día. Al aportar intención consciente a estos momentos cotidianos, podemos transformar nuestras experiencias físicas en oportunidades espirituales.
Sea que trabajemos para mantener a nuestras familias, que hagamos ejercicio para cuidar nuestra salud o que disfrutemos los placeres de la vida, cada actividad tiene el potencial de elevarse espiritualmente. La clave está en recordar, como enseña la historia de Iaakov y Esav, que el mundo físico siempre estuvo destinado a servir a algo superior.(6)
¡Que todos podamos aprender las lecciones de Iaakov y Esav y usar lo físico en nuestras vidas al servicio de nuestras aspiraciones espirituales más elevadas!
Con respecto a su lucha prenatal, Rashi explica que la inusual palabra וַיִּתְרֹֽצֲצ֤וּ, cuya raízרצ significa “correr”, indica que ellos estaban “corriendo en direcciones opuestas” (la doble letra צ sugiere dos movimientos distintos).
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