Masacre en un evento de Janucá en Australia


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El Holocausto tiene sus raíces en la destrucción del Templo, lo que provocó una pérdida de claridad moral en la humanidad.
22 de julio de 1942. Varsovia.
“Salgo a la calle como todos los demás sedientos de noticias [sobre los rumores de deportaciones], solo para descubrir que desde esta mañana el Gueto ha sido rodeado por milicias ucranianas. Entre ellos hay algunos letones y lituanos; toda clase de ángeles de destrucción. ¡Cualquiera que se acerque a los muros es fusilado en el acto! ¿Estamos cautivos en una trampa?”, escribió Hillel Seidman en sus Diarios del Gueto de Varsovia,
Seidman describe cómo fue atrapado junto con otros miles de judíos y conducido bajo vigilancia armada hacia el umschlagplatz, la zona de espera hacia la estación de trenes. Allí, vagones de ganado (normalmente usados para transportar animales) esperaban para deportarlos hacia la muerte:
“Y así marchamos: ancianos y jóvenes, mujeres y niños, ricos y pobres, en filas de ocho en fondo, según el sistema alemán, en nuestros miles, y la multitud se extiende hasta donde alcanza la vista… Todos apretados unos contra otros; tan unidos en el sufrimiento, tan completamente un Am Ejad (un solo pueblo). Nunca antes había sentido tan palpablemente los lazos que nos unen a los judíos; nuestra causa común y nuestro propósito unido como lo siento hoy en esta marcha hacia la muerte…”
Seidman logró escapar de la deportación, pero miles de hombres, mujeres y niños no lo lograron. Aquella noche, con la mente entumecida, él regresó a su hogar:
Bancos volcados, iluminación tenue, Eijá (Lamentaciones) —¡esta noche es Tishá BeAv!
“Cuando cae la noche, finalmente llego a casa, con el cerebro repleto de imágenes aterradoras… Al cruzar nuestro patio, noto nuestro pequeño shtiebl (sinagoga)… Unos 20 hombres sentados en bancos volcados… ¡esta noche es Tishá BeAv! Dos velas parpadeantes en el atril de oración temporal iluminan tenuemente las cabezas inclinadas, con sus ojos perdidos en la distancia, mientras brota aquella desgarradora melodía: Eijá (Lamentaciones)…
“La melodía que quizás fue compuesta por primera vez en el exilio de Jerusalem y que desde entonces ha absorbido las lágrimas de generaciones…
‘¡Cómo está solitaria la ciudad [Jerusalem], la grande entre las naciones…!’ En verdad, ¡qué sola, qué desolados estamos hoy!
‘Todos sus perseguidores la alcanzaron en medio de la angustia…’ Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. ¡Qué cierto, qué real suenan esas antiguas lamentaciones; cuán precisa es su descripción de nuestra catástrofe actual!
“Nosotros, los judíos de Varsovia, hijos de aquellos exiliados, nos sentamos en el suelo para llorar nuestra propia destrucción, la aniquilación de una comunidad importante, la más grande y vigorosa de Europa… Lloramos por nuestro destino, una nación sin tierra, bajo el dominio de nuestro enemigo más feroz y condenada a la muerte. Lamentamos tanto la pérdida del Sagrado Templo como la extinción de nuestras vidas.” (Warsaw Ghetto Diaries, págs. 55-56)
El comienzo del fin del Gueto de Varsovia coincidió con Tishá BeAv. De hecho, fue en el mismo día de Tishá BeAv, el 23 de julio de 1942, cuando el primer tren cargado de judíos llegó a su destino, Treblinka, y fueron enviados a las cámaras de gas.
Resulta asombroso que un año antes, el 31 de julio de 1941 (al anochecer del 8 de Av), Hermann Göring firmó un documento para implementar la “solución final al problema judío”, es decir, el exterminio. Los nazis habían estado matando judíos desde el principio, pero no de manera verdaderamente sistemática. Los escuadrones de fusilamiento Einsatzgruppen, que asesinaron a más de un millón de judíos, resultaban costosos y desordenados. Los guetos estaban plagados de enfermedades, su administración era una pesadilla burocrática y, en última instancia, demasiado lento para lograr el objetivo de exterminio.
Treblinka requería solo 100 guardias para asesinar a un millón de personas.
Treblinka, uno de los seis campos de exterminio, era un fenómeno completamente nuevo: una “fábrica de la muerte”. Construido con el célebre ingenio industrial alemán, existía con el único propósito de asesinar en masa, principalmente a judíos, de la manera más rápida y rentable posible.
Treblinka fue el destino de la mayoría de los judíos de Varsovia. Tenía aproximadamente el tamaño de dos campos de fútbol y contaba con unos 20 oficiales de las SS y 80 guardias ucranianos. En sus 14 meses de existencia, más de 800.000 judíos fueron asesinados en sus cámaras de gas.
La Solución Final fue decretada la víspera de Tishá BeAv de 1941, y los trenes de ganado partieron de Varsovia, el mayor gueto con 400.000 judíos, en Tishá BeAv de 1942.
La primera tragedia nacional que ocurrió en Tishá BeAv fue el decreto de que la generación que salió de Egipto con Moshé no podría entrar en la Tierra Prometida. Aquellos judíos se aterrorizaron ante la idea de enfrentarse a los poderosos reinos que ocupaban Canaán y aceptaron la recomendación de los espías de no entrar en la Tierra. Su miedo les hizo olvidar todos los milagros que habían presenciado en el Éxodo, y en efecto, incluso olvidaron a Dios.
Unos ocho siglos más tarde, el Primer Templo Sagrado, construido por el Rey Salomón, fue destruido por los babilonios en Tishá BeAv. Luego, 490 años después, los romanos destruyeron el Segundo Templo, también en Tishá BeAv.
Una generación después, decenas de miles de judíos se fortificaron en la ciudad de Betar, como parte de la revuelta de Bar Kojba contra los romanos. Cuando la ciudad cayó, todos los habitantes judíos fueron masacrados, una catástrofe que Maimónides compara con la destrucción del propio Templo.
La infamia de Tishá BeAv continuó a lo largo de las generaciones. En Tishá BeAv del año 1290, Eduardo I emitió el edicto de expulsión de los judíos de Inglaterra. Tishá BeAv de 1492 fue también el día de la expulsión de los judíos de España.
En Tishá BeAv de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, un conflicto cuyo desenlace desencadenó la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. De hecho, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, el gran Rabino Jafetz Jaim dijo que, a pesar de la magnitud de aquella guerra, no sería la “guerra para acabar con todas las guerras”, sino solo un preludio de una guerra aún peor que tendría lugar 25 o 30 años después.
Todas las tragedias que afligen al pueblo judío tienen su raíz en la tragedia original. El Holocausto, por enorme que fuera en escala, es una extensión de la destrucción del Templo y el exilio subsiguiente. De hecho, cuando un importante rabino fue consultado por Menajem Begin sobre qué día debería designarse como el Día de la Memoria del Holocausto en Israel, el rabino respondió que no era necesario un día especial, pues ya tenemos Tishá BeAv.
¿Cómo se conecta la destrucción del Templo con el Holocausto y estas otras tragedias nacionales?
El Templo representaba las verdades espirituales de la Torá: justicia, igualdad, respeto por la vida. El Templo permitía que la presencia inmediata de Dios se sintiera en cada momento de la vida de cada judío. Era una fuente vibrante e indispensable de moralidad y claridad para todo el mundo. La destrucción del Templo privó al pueblo judío de ese contacto vital con lo Divino y causó una ruptura en la humanidad: una pérdida de claridad y dirección moral. Y los judíos han soportado el peso de la barbarie resultante.
Eso es lo que lamentamos en Tishá BeAv.
Por eso debemos renovarnos en nuestro compromiso con la reconstrucción del Templo Sagrado y con los ideales que este transmitía al mundo.
Artículo escrito en mérito de mi padre, Jaim Biniamin ben Yaakov Reuven, z”l. Que su memoria sea una bendición.
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