La sucá es el espacio más seguro de la casa

24/09/2026

2 min de lectura

Una alarma que sonó en nuestra casa en plena noche durante Sucot nos ayudó a comprender más a fondo el significado de la festividad.

Henderson, en Nevada, es hermosa. Tenemos sol casi todos los días del año. El cielo casi siempre está azul y luminoso. Rara vez llueve, pero cuando lo hace, caen aguaceros repentinos e intensos. El año pasado, esas lluvias torrenciales cayeron un viernes por la noche, durante Sucot.

En lugar de comer en la sucá, comimos adentro. Aunque la ley judía nos eximía de hacerlo en la sucá, nos decepcionó celebrar la cena de Shabat dentro de casa.

Aquella noche, incluso después de que dejó de llover, la sucá seguía goteando. El agua se filtraba por el techo de ramas y, a nuestro pesar, nos fuimos a dormir adentro. Mis hijos estaban decepcionados y no podía culparlos. Nos acostamos mientras nuestra sucá permanecía vacía.

En medio de la noche, el fuerte sonido de una alarma nos hizo saltar a todos de la cama.

Mi esposa y yo recorrimos la casa a toda prisa, buscando de dónde provenía el sonido. No era ninguna de nuestras alarmas contra incendios: todas estaban en silencio. El sonido venía de algún lugar de la planta baja, hacia el fondo de la casa.

Finalmente, encontramos el origen: un detector de monóxido de carbono que mi esposa había comprado años atrás. Lo había adquirido por precaución, porque tenemos un ahumador de carne cerca de la puerta trasera y le había parecido prudente contar con una protección adicional. En aquel momento, había parecido casi innecesario.

Aquella noche de Sucot, su decisión contribuyó a salvarnos la vida.

Llamé de inmediato al 911 (salvar una vida tiene prioridad sobre las prohibiciones de Shabat y Iom Tov). Los bomberos llegaron, confirmaron que los niveles de monóxido de carbono eran peligrosamente altos y nos dijeron que esperáramos afuera hasta que la casa se ventilara.

Mientras estábamos afuera, bajo el cielo de aquella fresca noche en el desierto, uno de mis hijos me miró y dijo con una sonrisa: "Entonces, la sucá es en realidad el lugar más seguro de la casa".

¿No es esa la esencia de Sucot? Dejamos nuestras casas sólidas y seguras, con sus techos, cerraduras y alarmas, y entramos en una frágil cabaña cubierta de ramas. Recordamos que nuestra verdadera protección no proviene de paredes de ladrillo o acero, sino de Dios mismo.

La sucá es temporal, vulnerable y está expuesta a las inclemencias del tiempo; sin embargo, en ella estamos bajo el amparo de Dios. Sucot es la festividad de la alegría precisamente porque nos enseña que la felicidad más profunda no proviene de lo que construimos, sino de la confianza que depositamos en Dios.

El año pasado comprendimos ese mensaje de una manera contundente. Ni nuestras paredes, ni nuestros techos, ni siquiera nuestras alarmas contra incendios podían protegernos realmente. Pero sí lo hizo la previsión, tal vez inspirada por el Cielo, que llevó a mi esposa a comprar aquel detector de monóxido de carbono. Y mientras estábamos afuera, a apenas unos metros de nuestra sucá, quedó claro: aquella cabaña endeble e improvisada, por la que circulaba el aire y que estaba expuesta a la lluvia, los insectos y las inclemencias del tiempo, era, en realidad, el lugar más seguro de la casa.

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