¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Convertir tus defectos en puertas hacia el crecimiento.
Muchas personas se relacionan con Iom Kipur como un día de culpa y de hacer promesas que saben que no cumplirán. Pero debajo del ayuno y las confesiones se encuentra la oportunidad suprema de regresar a nuestro verdadero yo y a nuestro propósito más elevado.
Nos alejamos de la comida, la bebida, la intimidad y el placer físico, no como una privación, sino como una elevación, para poder conectarnos plenamente con nuestra esencia divina.
Desde este estado elevado, observamos honestamente la visión que establecimos en Rosh Hashaná y la medimos frente a la realidad del año pasado. Reconocemos nuestros fracasos, sentimos su peso, admitimos nuestros errores y nos comprometemos a cambiar.
Con semejante potencial, Iom Kipur debería dejarnos transformados. Sin embargo, para muchas personas, los viejos patrones regresan rápidamente y Iom Kipur termina siendo poco más que una resolución de Año Nuevo. ¿Qué pieza fundamental nos estamos perdiendo?
En Iom Kipur expiamos nuestros pecados, pero ¿entendemos qué es realmente un pecado? Según el gran comentarista Rashi, la definición de la palabra hebrea para pecado es "carencia" (Reyes I 1:21); una falta de integridad interior. Rav Itzjak Berkovits, Rosh Ieshivá de Aish, cuyas clases inspiraron este ensayo, explica que esta carencia interior se refiere a una deficiencia fundamental en lo que llamaremos nuestros rasgos de carácter (en hebreo, midot), los aspectos de nuestro carácter que determinan cómo interactuamos con el mundo.
¿Qué significa esto en la práctica? Piensa en la última vez que hiciste algo de lo que te arrepentiste. Quizás le contestaste mal a alguien, postergaste algo importante o cediste ante un hábito poco saludable. En ese momento, no te faltaba información sobre lo correcto: sabías qué era lo mejor. Lo que te faltaba era algo dentro de ti: la paciencia para mantener la calma, la disciplina para llevar algo hasta el final o el autocontrol para tomar una mejor decisión. Esa pieza interna que faltaba, esa es la "carencia" de la que habla Rashi y que conduce a la transgresión.
Para ilustrarlo más claramente, imaginemos que decides realizar un acto de bondad. Así es como esa decisión se desarrolla en función de tus rasgos:
Parte de ser humano consiste en tener algunos rasgos desordenados, grandes carencias. Pero no tienes nada por lo que sentirte culpable. Ya sea que tus rasgos provengan de tu naturaleza o de tu crianza, no tuviste ninguna influencia en ello. Tenías aproximadamente tanto control sobre ellos como sobre tu estatura o tu lengua materna.
Tus defectos de carácter te brindan la oportunidad de mejorar y perfeccionarte.
Además, el judaísmo enseña que Dios te dio tus malas cualidades como un regalo. ¿Regalos? Sí, porque nuestros defectos de carácter nos brindan la oportunidad de mejorar y perfeccionarnos. De acuerdo con el Gaón de Vilna, una de las mayores mentes de la Torá de los últimos 500 años, "superar los rasgos negativos del carácter es la esencia y el propósito de la vida".(1)
En otras palabras, tu misión divina no es ni más ni menos que corregir tus carencias. Esto significa abordar tus defectos como un científico, explorador o detective: ver tus imperfecciones como las puertas de perlas del Cielo, en lugar de las puertas negras del Infierno.
En Iom Kipur, nuestro objetivo es corregir el rumbo, alejándonos del pecado y acercándonos a la rectitud. Para cambiar de dirección con éxito, debemos mirar más allá de nuestras acciones pecaminosas y llegar a las verdaderas carencias que las provocaron. Una vez que identificamos estas carencias, debemos comprometernos a mejorar nuestras acciones corrigiendo estos malos rasgos de una vez por todas. Ese es el verdadero trabajo de Iom Kipur y así es como logramos un cambio duradero.
Si el objetivo de Iom Kipur es cambiar nuestro carácter de manera fundamental, ¿por qué dedicamos tantos rezos golpeándonos el pecho y enumerando nuestros pecados individuales?
La intensa ira y el dolor que sientes al enfrentarte al caos provocado por tus malos rasgos te motivan a cambiar.
Cambiar nuestros malos rasgos requiere un esfuerzo máximo y constante, a menudo durante años, si no durante toda una vida. ¿Qué nos proporciona la motivación suficiente para atravesar un proceso tan difícil? La intensa ira y el dolor que sentimos cuando nos enfrentamos al caos que nuestros malos rasgos han provocado en nuestras vidas. ¡Y esa es la razón por la que enumeramos nuestros pecados!
Al enumerar nuestros pecados una y otra vez, nos obligamos a contemplar los estragos que nuestros defectos de carácter han dejado a su paso. Cada confesión se convierte en una descarga eléctrica que nos despierta bruscamente ante la pesadilla de vivir esclavizados a nuestros peores impulsos. La repetición se acumula hasta que ya no podemos soportar ver lo que nos hemos hecho a nosotros mismos y a los demás. Finalmente, explotamos: "¡Ya basta! ¡Me niego a seguir viviendo de esta manera!". En ese momento de desesperación absoluta, aprovechamos nuestra angustia y la transformamos en la fuerza bruta necesaria para arrancar de raíz nuestros malos rasgos de una vez por todas.
Esto nos ayuda a comprender la mitzvá más desconcertante del servicio de Iom Kipur en la época del Templo. Al comienzo del día, el Sumo Sacerdote echaba suertes entre dos cabritos: uno sería ofrecido como sacrificio a Dios en el Templo Sagrado y el otro sería enviado al desierto y arrojado por un precipicio como ofrenda a las fuerzas del mal.
¿Por qué hacemos una ofrenda a las fuerzas del mal en el día más sagrado del año?
Porque en Iom Kipur, las fuerzas del mal que nos hacen pecar se convierten en la energía bruta que impulsa nuestro crecimiento. Como el cabrito enviado al desierto, nos volvemos hacia nuestro yo inferior y decimos: "¡Gracias por darme la motivación que necesitaba para perfeccionarme! ¡Ahora ve y salta por un precipicio!".
Este ejercicio práctico requiere un compromiso serio: planea dedicar al menos una hora a profundizar en tu carácter. Te recomiendo programar esta hora entre ahora y Iom Kipur, y luego imprimir tus resultados para llevarlos contigo y que guíen tus rezos en el gran día.
Para descubrir los rasgos que más problemas te causan, reflexiona y responde estas tres preguntas:
Una vez que hayas realizado el proceso de identificar tus principales malos rasgos, tómate un tiempo para apreciar la destrucción que han causado en tu vida. Para cada uno de los malos rasgos que hayas identificado, responde las siguientes preguntas:
Para los tres períodos (Pasado, Presente, Futuro), intenta sentir el dolor de manera visceral.
Ahora que hemos identificado nuestros rasgos problemáticos y generado la energía necesaria para cambiar, debemos dar el paso final: crear una nueva visión de nosotros mismos y comenzar a reforzar esa visión mediante la acción. Hazte estas cuatro preguntas:
La transformación lleva tiempo. Cometeremos muchos más errores y tropezaremos repetidamente antes de superar por completo nuestros malos rasgos. Cualquiera que intente corregirse de una sola vez probablemente terminará peor de lo que empezó. Por lo tanto, debemos admitir ante nosotros mismos y ante Dios que continuaremos cometiendo errores. Pero desde ese lugar de honestidad y humildad, podemos comprometernos auténticamente con el proceso y dar el primer paso hacia la grandeza.
Esta transformación del carácter es una auténtica teshuvá: regresar a Dios a través de los mismos defectos que Él nos dio para perfeccionar. Ese es el objetivo de Iom Kipur: saber dónde estamos, hacia dónde nos dirigimos y comenzar nuestro viaje de regreso a nuestro Creador dando ese primer paso.
Les deseo a todos un Iom Kipur profundamente significativo y un comienzo exitoso en su proceso de convertirse en su mejor versión.(2)
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