La vida después de experimentar un milagro

30/05/2024

3 min de lectura

Incluso cuando obtienes respuesta a tus plegarias, es desordenado, emocionante y aburrido. Un milagro es la vida con todos sus altibajos e incesantes desafíos.

Hace cinco años congelé mis óvulos, preguntándome si conocería a la persona correcta antes de que mi reloj biológico expirara...

Esos óvulos nunca se utilizaron y hoy, estoy cambiando más pañales de los que pude haber imaginado que fuera posible.

Entonces hice un “seguro de óvulos”, un acto de fe con la esperanza de que si llegaba a conocer a la persona adecuada después de lo esperado, aún pudiéramos tener hijos. Le mostré a Dios que era seria y "puse en acción esa energía".

Poco más de un año más tarde estuve parada bajo la jupá con el Sr. Correcto.

¿Acaso congelar mis óvulos fue el acto final que era necesario para que Dios dijera "sí"? No lo sé. Lo que sí sé es que fue una de las muchas formas cotidianas en que hice mi esfuerzo y dejé lo demás en Sus manos. Dicen que “La salvación de Dios viene en un abrir y cerrar de ojos”, y así es. Sólo que hubo muchos movimientos de pestañas no vistos que llevaron a ese pestañeo final.

Mis óvulos siguen en el freezer en una clínica de fertilidad —por si acaso— y hemos sido bendecidos con dos pequeñitos. Ellos están aquí. Los anhelos de mi corazón obtienen respuesta cada día cuando observo a mi familia alrededor de mi mesa. Mis rezos se manifiestan en abrazos de ellos y rodillas raspadas.

Lo que me lleva a la pregunta real: ¿Cómo es vivir un milagro?

Vivir un milagro es lo que ocurre después de un espectáculo de luces y sonidos, cuando los invitados se van a casa y la emoción inicial se desvanece.

Me gustaría decirles que cada momento es increíble, que nunca olvido esas noches solitarias o cómo prometí que estaría eternamente agradecida. Pero sería una mentira. La verdad es que es desordenado, emocionante y aburrido. Es la vida, con sus altibajos y llena de desafíos, incluso aquí, cuando respondieron a todos los rezos. Entre pañales y falta de sueño, a veces con mi esposo nos detenemos para maravillarnos respecto a cuán rápido puede cambiar la vida. Hay momentos en que nos reímos y bailamos con nuestros hijos preguntándonos: ¿Cómo llegamos aquí? En esta tierra de milagros (e interminable ropa sucia) la sensación puede ser abrumadora, a pesar de toda la bondad.

Vivir un milagro es lo que ocurre después de un espectáculo de luces y sonidos, cuando los invitados se van a casa y la emoción inicial se desvanece. Es parecido a lo que experimentó el pueblo judío después de dejar la opresión en Egipto. Llegaron al Monte Sinaí y experimentaron la revelación Divina. Recibieron la Torá, el manual de Dios para la vida, un momento histórico increíble. Similar a lo que sentí al estar parada bajo la jupá, de repente entendiendo cómo todos los años de lucha y esfuerzo llevaron a ese momento. El pueblo judío alcanzó el cénit de conexión y claridad. ¡Dios estaba allí mismo, diciéndoles cuál era su misión en la vida! No hay nada mejor que eso. Sin duda semejante experiencia debería llevar a una vida de perpetua inspiración.

Incorrecto.

La Torá relata cómo el pueblo judío siguió luchando a lo largo de su travesía hacia la Tierra Prometida. Estaban preocupados. Dudaron de su capacidad. Tuvieron que aprender una nueva forma de vida. Las leyes bíblicas y las instrucciones que vinieron después de la experiencia en Sinaí están repletas de detalles aparentemente mundanos. Cómo asentarse en la tierra, qué hacer respecto a las disputas, relaciones permitidas y prohibidas. El paso a paso de la construcción del Tabernáculo, el predecesor del Templo, parece más un manual de IKEA que las emocionantes historias de los capítulos previos. ¿Qué pasaba? ¿No eran ellos las personas que estuvieron paradas en el Monte Sinaí y escucharon hablar a Dios?

Sí. Y exactamente por eso los capítulos siguen con todos los detalles.

Porque esa es la manera en que vivimos un milagro. Tomamos la conciencia y la visión que tuvimos y la conectamos al día a día. Sí, es mucho menos emocionante, pero mucho más duradero. Significa agradecer a Dios incluso si —o quizás especialmente cuando— estamos cansados, agotados o inseguros.

Que respondan a tus rezos es llegar a un lugar nuevo y luego hacer todo el trabajo de integración, de traer santidad a la tierra. Tomar los momentos increíbles de la vida y recordar esa visión inspiradora en los detalles mundanos que siguen a continuación.

Hace cinco años, no podría haber imaginado las espectaculares bendiciones que estoy viviendo. No había forma de explicar los abrumadores sentimientos de amor y asombro que llegaron al mismo tiempo. Tengo curiosidad por ver qué tiene Dios planeado para los cinco años siguientes. Pero lo más importante es que estoy trabajando en vivir milagrosamente, recordando que Dios no sólo está bajo la jupá. Podemos tocar lo Divino mientras amamantamos a medianoche, en la interminable pila de ropa sucia y, sí, en esos óvulos que aún están en el freezer… porque sencillamente nunca sabes qué es lo que Dios tiene planeado.

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