Mamdani y las publicaciones de su esposa en favor de Hamás


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¿Qué es la Cábala y cuáles son sus orígenes?
¿Qué tenían en común Isaac Newton, el Gaón de Vilna y el Rebe de Lubavitch? Todos estos personajes notables estudiaron la Cábala, la antigua tradición mística judía. El Diccionario Oxford(1) define el misticismo como “espiritualmente alegórico; oculto, esotérico; de significado oculto, misterioso e imponente”, descripciones apropiadas para la Cábala. Sin embargo, para comprenderla plenamente, es útil considerar cómo el judaísmo ve esta profunda tradición.
La Cábala no se trata de cintas rojas, tatuajes mal escritos en hebreo, inipi (baños de sudor) ni patrocinios de celebridades. Cábala, que significa “recibida”, denota una sabiduría transmitida a través de las generaciones, remontándose hasta Moshé en el Monte Sinaí.(2)
También se la conoce como sod, que significa “secreto”, o sitrei Torá, “los secretos de la Torá”. Estos misterios profundizan en realidades más allá del ámbito físico y lingüístico, un dominio que no puede ser completamente articulado. Por eso, la Cábala sigue siendo un “secreto” o “código”, incluso cuando se comparte y se estudia.
La Cábala ofrece una visión de la realidad total (una realidad principalmente espiritual), en contraste con la ciencia, que busca explicar el mundo físico y observable. Una enseñanza central en la Cábala es que lo que percibimos con nuestros sentidos representa sólo una verdad parcial. La verdadera realidad, de acuerdo con el pensamiento cabalístico, es la realidad Divina, presente aquí y ahora, pero a menudo inadvertida. La Cábala busca ayudar a los practicantes a conectarse con esta realidad superior, enriqueciendo y alineando nuestras vidas con una verdad más amplia. Tal conocimiento no puede depender únicamente de la experiencia sensorial o la lógica; requiere una sabiduría revelada.
Dada su complejidad y profundidad, la Cábala tradicionalmente es estudiada por personas maduras, con un carácter moral sólido y conocimientos de los fundamentos de la Torá. Su estudio implica comprender la estructura espiritual de la existencia, la naturaleza de la relación de Dios con el mundo y nuestro lugar dentro de esa relación. Los errores en la comprensión de las enseñanzas cabalísticas pueden tener consecuencias espirituales serias, lo que subraya la importancia de la preparación y madurez ética para su estudio.(3)
La Cábala forma parte de la Tradición Oral judía, que se cree fue transmitida por Dios a Moshé en el Monte Sinaí y durante el posterior trayecto por el desierto. Hay referencias a esta sabiduría a lo largo de la historia judía bajo diversos nombres, y con el tiempo, distintos aspectos han sido revelados.
Uno de los textos cabalísticos más antiguos es el Séfer Ietzirá (“El Libro de la Formación”), tradicionalmente atribuido al patriarca Abraham o al gran sabio talmúdico Rabí Akiva. Otro texto importante es el Séfer HaBahir (“El Libro de la Iluminación”), atribuido a Rabí Nejunia ben HaKaná del siglo I EC.
Rueda del Séfer Ietzirá con el Árbol de la Vida y letras hebreas.
El texto más influyente de la Cábala es el Zóhar (“Libro del Esplendor”), escrito por Rabí Shimón bar Iojai y sus discípulos, y compuesto hacia el año 200 EC. Escrito en arameo, el Zóhar abarca miles de páginas, presentadas principalmente como un comentario místico sobre la Torá y otros libros bíblicos, incluyendo secciones como Tikunei Zóhar, que ofrece 70 interpretaciones de la primera palabra de la Torá: Bereshit (“En el principio”).
Entre los grandes sabios cabalistas estuvieron Rabí Moshé Cordovero, Rabí Itzjak Luria (el “Ari”) y Rabí Jaim Vital, todos ellos vivieron en Tzfad en el siglo XVI. Figuras posteriores incluyeron a Rabí Moshé Jaim Luzzatto (Italia, siglo XVIII), el Gaón de Vilna (Lituania, siglo XVIII) y Rabí Shneur Zalman de Liadi (fundador del movimiento jasídico Jabad, Lituania, siglo XVIII).
La Cábala abarca cinco áreas principales, que a veces se superponen:
Uno de los conceptos fundamentales en la Cábala es la noción de las Sefirot. Las Diez Sefirot representan las energías creativas reveladas de Dios mediante las cuales se sostiene toda la existencia y a través de las cuales opera el universo. Estas diez cualidades no son Dios en sí mismo, sino expresiones de Su poder creativo en una realidad finita. La energía divina se manifiesta en el mundo a través de estas diez modalidades distintas.(10)
Un ejemplo vívido puede verse en la relación entre dos sefirot específicas: Jésed (bondad amorosa) y Guevurá (juicio). Jésed se caracteriza por la expansión y la generosidad, mientras que Guevurá encarna la contención, el discernimiento y la limitación. Estas cualidades se asemejan a las luces verdes y rojas del tráfico: si todas fueran verdes, habría caos; si todas fueran rojas, no habría movimiento.(11)
Las Diez Sefirot
La armoniosa mezcla de estas dos fuerzas da lugar a la sefirá de Tiféret, que representa equilibrio, belleza y esplendor. Aunque Dios a veces actúa con pura bondad o juicio estricto, generalmente dirige el mundo con una medida equilibrada de ambas, conocida como Tiféret o Rajamim (compasión).
Los cabalistas también profundizan en la naturaleza estratificada del alma humana,(12) las etapas de la creación(13) y los distintos nombres de Dios en la Torá, refiriéndose a Él principalmente como Ein Sof, o “el Infinito”.
El Zóhar, un texto cabalístico central, vincula las sefirot con figuras prominentes de la Torá: Abraham encarna Jésed, Itzjak representa Guevurá y Iaakov personifica Tiféret. Dado que la humanidad está destinada a servir como un puente hacia lo Divino, incluso el cuerpo humano refleja esta estructura de sefirot. La práctica judía suele favorecer la mano derecha en el cumplimiento de los preceptos, simbolizando la sefirá de Jésed y enfatizando la bondad como una cualidad a priorizar sobre Guevurá, representada por la izquierda.
Una de las figuras más influyentes en la historia cabalística fue Rabí Itzjak Luria, conocido como el Ari, una sigla que también significa “León”. Criado en El Cairo, luego se trasladó a Tzfad, en el norte de Israel, en el siglo XVI, donde a pesar de breve vida, ya que murió a los 38 años, transformó el estudio de la Cábala. Sus enseñanzas revolucionarias introdujeron conceptos y estructuras que influirían profundamente en el misticismo judío. Su alumno, Rabí Jaim Vital, registró muchas de las enseñanzas del Ari en una obra de varios volúmenes, ayudando a preservarlas y difundirlas. Otras figuras que continuaron sus ideas incluyen a Rabí Israel Sarug, Rabí Moshé Jaim Luzzatto (Italia), Rabí Shalom Sharabi (Yemen y Jerusalem) y el Gaón de Vilna (Lituania).
La tumba de Rabí Itzjak Luria en Tzfad
La Cábala auténtica ofrece una lente a través de la cual cada momento, objeto y acción está impregnado de significado y propósito. Ella aporta santidad a lo cotidiano y nos guía hacia el objetivo supremo de unidad: unidad en pensamiento, palabra y acción; unidad entre los individuos; y unidad entre toda la creación y Dios.
Imagen del título: Pintura de Yoram Raanan, Séptimo día. Haz clic aquí para ver el sitio web de este artista.
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