3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año
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¿Qué hace que alguien sea verdaderamente recto? La tradición judía habla de individuos poco comunes llamados tzadikim, personas completamente rectas. Nuestros sabios solo conceden este título a quien ha superado los mayores obstáculos y ha desarrollado al máximo su potencial.
El único personaje de la Torá a quien nuestros sabios otorgan este título elevado es Iosef, que llega a su elevado nivel en la porción de la Torá de esta semana.
A través de la historia de Iosef (quizás el relato más dramático de desarrollo espiritual en la Torá), descubrimos no solo cómo se ve la rectitud, sino cómo alcanzarla. Vemos que el camino hacia la rectitud exige superar la tentación, trascender el ego y, en última instancia, transformar el crecimiento personal en beneficio universal. El recorrido de Iosef desde una juventud privilegiada hasta convertirse en un gigante espiritual y líder mundial, traza un mapa en tres etapas de lo que se necesita para llegar a ser un tzadik.
Conocemos a Iosef como el hijo favorito, cuidando su apariencia y alardeando ante sus hermanos de sus sueños de grandeza, acciones que los llevan a venderlo como esclavo. A medida que asciende al poder en la casa de su amo, continúa con una conducta autoindulgente hasta que Dios le envía la prueba de autocontrol más desafiante que pueda imaginarse.
Imagina la escena: un adolescente abandonado, lejos de su hogar y viviendo en una cultura moralmente corrupta,(1) que ocupa una posición de gran responsabilidad en la casa de su amo. Entonces entra la seductora: la bella esposa de su amo se enferma de deseo por Iosef, se cambia la ropa cinco veces al día para tentarlo. Día tras día, Iosef resiste a una tentación imposible.(2) El episodio llega a su clímax cuando durante un festival la casa queda vacía y la mujer lo agarra físicamente, tomándolo por la camisa, y le exige que esté con ella. Contra todo pronóstico, Iosef se resiste..
Aunque pocos de nosotros enfrentaremos una prueba tan intensa como la de Iosef, todos libramos batallas diarias con nuestros deseos. Ya sea que se trate de apagar el despertador y seguir durmiendo en vez de levantarnos a rezar, distraernos con las redes sociales en vez de estudiar o permitirnos contar chismes en vez de cuidar lo que hablamos, nuestras inclinaciones más bajas amenazan continuamente con apartarnos de nuestro propósito más elevado. El primer paso para convertirse en un tzadik es aprender a decir “no” a aquellas tentaciones que nos alejan de nuestra mejor versión.
Consejo práctico: El judaísmo nos enseña que cada “no” a nuestros deseos más bajos abre la puerta a un “sí” más grande. Cuando resistimos el impulso de la gratificación inmediata, creamos espacio para una satisfacción más profunda. Cuando Iosef enfrentó su momento de prueba, el Talmud enseña que vio el rostro de su padre: él vislumbró el futuro magnífico que perdería si cedía al placer momentáneo.(3) Este es el secreto para dominar el deseo: necesitamos una visión tan poderosa que haga que la resistencia no solo sea posible, sino natural. Cuando decimos “no” a lo que resulta placentero de inmediato, en realidad estamos diciendo “sí” a lo que es verdaderamente significativo.
Iosef alcanza el segundo aspecto de la rectitud después de que el faraón lo saca de la prisión para interpretar sus sueños. El faraón elogia la reputación de Iosef como intérprete de sueños, presentándole una prueba sutil pero crucial. Con su libertad en juego, sería comprensible que Iosef exhibiera sus capacidades. Pero, a diferencia de los héroes trágicos de Shakespeare, cuya soberbia conduce a su caída, Iosef ha aprendido de sus errores anteriores. En lugar de atribuirse el mérito, él responde: “¡Lejos esté de mí! Dios se encargará del bienestar del faraón”.(4)
Según el Midrash, Dios responde a esta anulación del ego: “Puesto que atribuiste la grandeza a Mí y no buscaste exaltarte, ten por seguro que serás elevado a la grandeza”.(5) En efecto, el faraón nombra a Iosef gobernante de Egipto precisamente por esta cualidad, declarando: “¿Podríamos encontrar a otro como él, un hombre en quien esté el espíritu divino?”.(6)
Aunque no tengamos el “privilegio” de pasar trece años en una mazmorra egipcia para curarnos de la arrogancia, también nosotros debemos esforzarnos por cultivar una humildad auténtica en nuestra búsqueda de convertirnos en un tzadik.
Consejo práctico: La verdadera humildad no consiste en negar tus dones, sino en reconocerlos como inversiones divinas. Cuando Dios te bendice con belleza, inteligencia o riqueza excepcionales, no te está haciendo superior: te está haciendo responsable. Cuanto mayor es el don, mayor es la obligación de asegurarse de que Dios reciba un retorno digno de Su inversión.(7)
Después de dominar tanto el deseo como el ego, Iosef no se retira a una espiritualidad aislada. Por el contrario, conduce a Egipto a través de una hambruna devastadora, convirtiéndose en proveedor para todo el mundo conocido.
Esto revela la máxima visión judía de la rectitud. En Proverbios, el rey Salomón describe la expresión más elevada del justo: el “tzadik iesod olam”, el justo que se convierte en una base para el mundo.(8) La verdadera rectitud no se trata solo de piedad personal o desarrollo del carácter. En su forma más elevada, el tzadik se convierte en un canal a través del cual la bendición divina fluye hacia toda la humanidad.
Consejo práctico: Antes de intentar cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo. Dios necesita tzadikim para canalizar Sus bendiciones en nuestro mundo, pero Él solo confía Sus mayores bendiciones a quienes han demostrado ser capaces de manejar tanto la tentación como el poder.
Incluso Iosef, nuestro paradigma de la rectitud, tropezó repetidamente en su camino. Entre otros errores, habló mal de sus hermanos, alardeó de su estatus especial y se concentró excesivamente en sí mismo.(9) Sin embargo, el rey Salomón nos enseña algo profundo sobre estas caídas: “Siete veces cae el justo y se levanta”. Rav Hutner, en una carta de gran sensibilidad dirigida a su alumno en dificultades, revela el significado más profundo de estas palabras: el tzadik se eleva no a pesar de esas caídas, sino a través de ellas. Cada lucha con el deseo, cada elección entre la humildad y el ego, cada oportunidad de poner a los demás antes que a uno mismo (incluso aquellas en las que fallamos), no son desvíos del camino hacia la rectitud. Son el camino mismo.
Que tengamos éxito en convertirnos en lo que el judaísmo considera verdaderamente recto: no solo buenas personas, sino bases a través de las cuales la bendición fluye hacia el mundo.
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