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Lady Judith Montefiore: una breve historia

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03/11/2021 | por Yvette Alt Miller

La gran benefactora de la vida judía en tres continentes.

En las palabras de Charles Dickens, fue “La mejor de las épocas y la peor de las épocas”. En 1780, mientras la revolución y la lucha política agitaban a la Europa continental, Gran Bretaña sufrió un cambio social progresivo y fue hogar de una creciente comunidad de judíos educados y cultos.

Este grupo de judíos altamente educados y ambiciosos se llamaban a sí mismos "Cousinhood" (algo así como la hermandad de los primos), brillantes familias judías que habían construido imperios de negocios y servicios, que se casaban entre ellos y crearon una nueva y vibrante comunidad judía. Uno de los más prominentes de estos judíos inmigrantes fue Levi A. Barnet Cohen, un holandés que llegó a Londres en la década de 1770 y eventualmente se convirtió en uno de la docena de judíos que fueron electos para el parlamento, sin comprometer nunca su fe judía ortodoxa. Él se casó con una brillante mujer judía llamada Lydia y juntos tuvieron una familia judía observante. Su hija, Lady Judith Montefiore, se convirtió en una gran –y poco conocida– mecenas de la vida judía.

Judith nació en 1784, una de siete hijos, y se distinguió por tener una mente brillante y ser una judía comprometida. Ella aprendió francés, alemán, italiano, árabe y hebreo, adquirió maestría en arte, música, literatura, y estudiaba regularmente la porción de la Torá de la semana. Desde una edad temprana aprendió a moverse en dos ámbitos: el de los niveles elevados de la sociedad de clase alta inglesa y el de su profundamente arraigada religión judía ortodoxa.

Uno de los recuerdos más fuertes de la infancia de Judith fue de un Tishá BeAv, el día de duelo por la destrucción del Templo en Jerusalem, cuando se acostumbra a ayunar y sentarse en silla bajas o en el suelo. Ella y sus hermanas estaban sentadas en el suelo en la lujosa casa de su familia en Londres, cuando un sirviente hizo entrar a un grupo de caballeros visitantes, incluyendo al famoso oficial naval británico Almirante Sir Sidney Smith, quienes buscaban a su padre. Los hombres se sorprendieron al encontrar a Judith y a sus hermanas sentadas en el suelo, desafiando las normas y los protocolos sociales.

“Yo me quedé sentada en el suelo en silencio", recordó posteriormente Judith, “y cuando Sir Sidney preguntó por qué estábamos sentadas tan abajo, le respondí: ‘Hoy es el aniversario de la destrucción de Jerusalem, el cual es conmemorado por los judíos como un día de duelo y humillación… Sin duda usted, Sir Sidney, conoce el coraje exhibido por nuestros ancestros en esta triste ocasión… y estoy segura que entenderá nuestra aflicción porque fue imposible salvar la Ciudad Santa y el Templo’”.

Si el Almirante Smith se sorprendió de recibir una lección de historia y religión judía de una niña, no lo demostró. En cambio, respondió que lo entendía perfectamente. Judith luego recordó que él “observó que… el recuerdo de las luchas de los judíos en Palestina para seguir siendo los legítimos dueños de la tierra que Dios les había entregado a ellos como herencia, perduraría por siempre, no sólo en el corazón de cada hombre valiente en el ámbito británico, sino también en cada hombre de buen juicio en todas otras partes del mundo, como un glorioso monumento a su intrépido valor y ferviente devoción a una causa buena y santa”.

Construir un hogar judío con Moshé Montefiore

Culta y apasionada, Judith Cohen esperó para casarse hasta una edad relativamente tardía. Ella tenía 28 años cuando conoció a Moshé Montefiore, el hijo nacido en Italia de una prominente familia judía que se estableció en Inglaterra. Moshé era una fuerza de la naturaleza en acción: él ya había construido, perdido y luego reconstruido una fortuna como comerciante internacional. Pero sobre todo era un judío observante. Mientras que muchos judíos británicos de la clase alta estaban abandonando su religión, él y Judith esperaban construir juntos una familia judía fuerte y observante de la Torá.

Judith era ashkenazí y Moshé era sefaradí. Aunque muchos judíos británicos de la época no querían casarse fuera de su propia y estrecha tradición, Judith y Moshé visualizaban una nueva clase de vida judía en la cual todos los judíos estaban unidos. Poco después de su matrimonio, comenzaron a trabajar para hacer realidad esa visión, apoyando a comunidades en Gran Bretaña y alrededor del mundo y, más que nada, para reconstruir la vida judía en la Tierra de Israel.

Judith utilizó su riqueza para apoyar a judíos pobres, ayudó a fundar la “Sociedad femenina de préstamos y visitas", un orfanato judío en Londres y programas educativos para niñas en el hospital judío. Moshé también se elevó en la sociedad británica. En 1837 fue nombrado caballero (en ese momento Judith obtuvo el título honorífico de Lady). Ese año también fue electo Sheriff de Londres, el segundo judío electo para ese cargo. Sin embargo, a pesar de la alta posición social de Montefiore, fueron perseguidos por el antisemitismo y recibieron sarcásticos comentarios antijudíos.

La experiencia del antisemitismo

Un observador registró de primera mano el abuso que sufrieron los Montefiore. “El domingo, los Montefiore fueron al banquete en casa del Gobernador General”, escribió Pauline Wengeroff, una mujer judía rusa que viajó a Gran Bretaña y estaba presente en la cena. Ella había visto a los Montefiore en la sinagoga el día anterior, en Shabat, y le llamó la atención que aunque la pareja vestía ropas simples y modestas en la sinagoga, en esa cena lucían resplandecientes. “Sir Montefiore estaba sentado con orgullo, erguido, con su uniforme de Sheriff rojo con rayas doradas… y junto a él, Lady Judith con el más magnifico vestido de una dama de honor inglesa”. En la cena, un conde polaco se quejó a todo volumen con otros invitados sobre el supuesto costo de los aretes de Judith, repitiendo la antigua difamación de que los judíos tienen demasiada riqueza. “Otro no pudo reprimir un comentario sarcástico, y preguntó por qué hacían tanto alboroto por una judía”.

En otra cena, los Montefiore estuvieron sentados junto a un terrible antisemita que les dijo que había regresado de Japón, donde “no tienen cerdos ni judíos”. Dicen que sin perder ni un instante, Moshé le respondió que en ese caso ambos deberían viajar de inmediato para que los japoneses pudieran tener “una muestra de cada uno”.

En 1840 el antisemitismo en Gran Bretaña creció de forma frenética. Ese año, un cura italiano y su sirviente musulmán fueron asesinados en la ciudad de Damasco, que en ese entonces formaba parte del imperio otomano. De forma casi inmediata, las autoridades locales acusaron a los judíos de Damasco del doble asesinato. Haciendo eco de los líbelos de sangre del medioevo, acusaron a los judíos de asesinarlos para utilizar su sangre para hornear matzá para Pésaj. Varios judíos fueron arrestados y la policía apresó 63 niños judíos para presionar a sus padres a confesar por los asesinatos.

Sir Moshé Montefiore

A pesar de que evidentemente el líbelo de sangre de Damasco era absurdo, a medida que el asunto se dio a conocer muchos antisemitas en el occidente lo aprovecharon como una prueba de que los judíos de alguna forma eran malos y no se podía confiar en ellos. Una editorial del London Times, en junio de 1840, declaró que la acusación en contra de los judíos de Damasco era “una de las mayores evidencias presentadas ante el mundo civilizado…Admitiendo por el momento (que el caso era justificado)… por lo que la religión judía debía desaparecer de inmediato de la faz de la tierra…”

Los Montefiore organizaron un comité de judíos influyentes y viajaron a Damasco para intervenir en los cargos, persuadiendo a autoridades locales para que retiraran los cargos en contra de los judíos y para que liberaran a los niños judíos. También hicieron varios otros viajes para ayudar a los judíos, incluyendo una visita al Zar Nicolás I en 1846 para pedirle que anulara su decreto que prohibía a los judíos vivir en regiones de Rusia occidental, por la zona que limita con lo que hoy en día es Polonia.

Visitas a la Tierra de Israel

Lamentablemente Judith tenía problemas de salud. Ella y Moshé nunca pudieron tener hijos. A pesar de sus frecuentes episodios de enfermedad, Judith insistía en llevar adelante un pesado programa de trabajo de caridad y viajes. Lo más importante para ella y Moshé fueron los cinco viajes que realizaron juntos para visitar la Tierra de Israel, en donde abogaron ante los gobernantes turcos para que otorgaran a los judíos mayores derechos y donaron fondos a pueblos y granjas judías que comenzaban a florecer a lo largo de Israel. Cuando estaban en Israel, las mujeres iban especialmente a visitar a Judith y a pedirle limosna, lo cual ella daba voluntariamente.

En su primera visita a Israel en 1836, Judith rezó en la tumba de la matriarca Rajel, en las afueras de Jerusalem. En su diario escribió que se “impresionó profundamente con un sentimiento de asombro y respeto, al estar parada en el sepulcro de una madre de Israel”. Judith también comentó que era una de las seis mujeres europeas que habían visitado el sitio santo en el último siglo. Al visitar el Muro de los Lamentos en Jerusalem, registró sentir “un sentimiento de veneración e interés llegando a ser asombro”.

Los Montefiore nuevamente visitaron Israel dos años más tarde y ayudaron a reconstruir una sinagoga en Tzefad que había sido destruida por un terremoto. Judith escribió que viajó a caballo alrededor de las murallas de Jerusalem y que visitaron seis sinagogas diferentes representando diversas tradiciones judías, incluyendo la tradición ashkenazí y diferentes formas de la herencia sefaradí. En sus muchos viajes, los Montefiore adhirieron a la ley judía, cuidando kashrut y Shabat. Ellos incluso viajaban con su propio shojet quien sacrificaba los animales de acuerdo con las reglas de la Torá, asegurando que Judith y Moshé siempre tuvieran acceso al más alto nivel de alimentos kasher.

Al regresar a Inglaterra, Judith emprendió un gran proyecto de escritura, aunque lo mantuvo en secreto y pasaron años antes de que se revelara que ella era la autora. Se trató de uno de los primeros libros de cocina judía, llamado The Jewish Manual: or Practical Information in Jewish & Modern Cookery; with a Collection of Valuable Recipes and Hints Relating to the Toilette, publicado en 1846. La autora fue descrita como “Una Dama”, pero los historiadores creen que la autora fue Judith Montefiore. El libro defiende los valores por los que Judith vivía: recomienda simplicidad en la vestimenta, una actitud de dar caridad y ser amable y una estricta adherencia a las reglas de alimentación judías. Los platos tradicionales ingleses fueron adaptados para la cocina kasher, reemplazando ingredientes no kasher como manteca de cerdo o mariscos con alternativas kasher.

En la primera noche de Rosh Hashaná en 1862, Judith estaba en su casa con Moshé. Comieron juntos la cena festiva de Rosh Hashaná y, de acuerdo a lo que recordó Moshé posteriormente, la pareja se bendijo mutuamente. Después se fueron a dormir. Tristemente, Judith nunca despertó. Ella falleció pacíficamente mientras dormía, después de sufrir años de enfermedades. Todo el mundo judío lloró por Judith Montefiore.

Moshé construyó una tumba para Judith en Ramsgate, al sur de Inglaterra, copiando exactamente el diseño de la tumba de Rajel cerca de Jerusalem, donde Judith había rezado muchos años antes. También estableció una escuela judía cerca del lugar, el Judith, Lady Montefiore College. Moshé vivió hasta la edad de 101 años. Cuando falleció en 1885, también fue enterrado en Ramsgate junto a su esposa. Algunos meses antes de fallecer, dejó una última herencia: fondos adicionales para mantener la tumba de Rajel en la Tierra de Israel, en donde él y Judith habían pasado algunas de sus épocas más importantes e informativas, rezando a Dios y ayudando a sus hermanos judíos.





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