El colapso silencioso del Reino Unido


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Cinco consejos para ayudarte en tus momentos más difíciles como padre.
En los momentos que mis hijos tienen sus rabietas épicas, me encantaría intercambiar de trabajo con un domador de leones. Pero cuando nos acurrucamos todos juntos, no cambiaría ser madre por nada en el mundo.
La necesidad de encontrar un equilibrio me ha inspirado a desarrollar cinco "C" en la educación, con el fin de mantener un equilibrio cómodo a pesar de los altibajos de la paternidad.
Estábamos parados detrás del cristal, observando las distintas opciones de yogur helado, mientras mis hijos elegían sus sabores preferidos. Pero los quejidos comenzaron casi cuando cruzamos la puerta.
"Mamá, ¿puedo pedir un cono en lugar de un vaso?"
"¿Puedo ponerle Oreo y M&M?"
"¿Y qué tal jarabe de chocolate y salsa de mantequilla de maní?"
"No, no y no", respondí.
Como madre, odio decir "no". Mi intención ese día era permitir un sabor y un agregado para cada uno, pero olvidé decirlo con anticipación. Cuando no expresas claramente tus expectativas y límites, los niños comienzan a cuestionar y a ponerlos a prueba para descubrir hasta dónde pueden llegar.
Cuando expresas tus expectativas con claridad, los niños tienen la oportunidad de procesarlas y aceptarlas. Brittney Yahalom, experta en Terapia Cognitivo-Conductual enfocada en el Trauma, comparte un consejo valioso:
"Prepara a tu hijo para el éxito haciéndole saber lo que va a suceder ANTES de que suceda. No segundos antes… sino minutos, horas o incluso días antes. ¡Cuanto más tiempo tenga para prepararse, mejor! De esta manera, tu hijo tiene la oportunidad de procesarlo, visualizarlo y anticipar lo que viene. Esto probablemente reducirá la frecuencia de berrinches, rabietas y frustraciones, y aumentará la aceptación y cooperación".
Si no eres claro o dudas sobre lo que esperas de tus hijos, ellos lo notarán. Entonces pondrán a prueba los límites o se sentirán inseguros. Por ejemplo, si tus hijos tienen dificultades al llegar a casa después de la escuela, puedes prepararlos verbalmente en el camino de regreso. Déjales saber qué pueden esperar de su horario y qué esperas de ellos. "Niños, cuando lleguemos a casa, guardaremos nuestras cosas y nos lavaremos las manos para la merienda. ¡Quiero ver sonrisas, rostros felices y voces fuertes y seguras!".
Si nos enfocamos en lo que queremos ver en lugar de en lo que no queremos, los niños serán más propensos a seguir las instrucciones.
El término "consecuencia" tiene mala reputación, pero no es necesariamente negativo. Hay diferentes clases de consecuencias que los niños experimentarán en su camino por la vida.
Las consecuencias naturales no son castigos; son reacciones de la vida a nuestras elecciones. Si un niño vuelca un vaso con líquido, la consecuencia natural es que se derramará, siempre (especialmente durante la cena). Los niños son como científicos, aprendiendo sobre el mundo a través de las consecuencias naturales. Un niño puede aprender muchísimo de ellas sin que los padres tengan que intervenir.
A veces, los padres deben guiar a sus hijos con consecuencias lógicas. Esta clase de consecuencia es una respuesta lógica que los padres establecen. Por ejemplo, si un niño usa un juguete para golpear a otro, ese juguete se le puede sacar por un tiempo.
Las consecuencias positivas son otro tipo de consecuencia y pueden ser motivadoras para mejorar la conducta. Puedes verbalizar una consecuencia positiva. Por ejemplo: "Quien llegue a casa con una sonrisa recibirá un chicle después de cenar". O: "Quien ayude a mamá a recoger después de la cena podrá elegir un libro extra a la hora de dormir".
Para que una consecuencia tenga el efecto deseado, es necesario hacerla cumplir. De lo contrario, tus palabras no tendrán peso para tu hijo, y la mala conducta continuará.
Ya sea que la consecuencia sea positiva o negativa, la única forma de que el comportamiento cambie es siendo consistente con las repercusiones.
Existe un chiste sobre un hombre que estaba en el supermercado con su hija. Mientras esperaban en la caja, la niña comenzó a pedirle un paquete de chicles, y él se negó.
La niña reaccionó con fuerza. "¿Por qué no?", gritó, y comenzó a hacer un berrinche.
Exasperado, el hombre le dijo: "Porque no es kasher".
El cajero le preguntó al hombre si era judío.
"No, ni siquiera sé qué significa 'kasher'. Pero hace unos días vi a una madre en la misma situación. Ella dijo 'no es kasher', y el llanto se detuvo mágicamente".
Aunque es un chiste, muchas personas que siguen las leyes de kashrut pueden confirmar que esta frase funciona al instante. Esto se debe a que en una familia que sigue estrictamente el kashrut, la regla es consistente e inquebrantable. Cuando somos consistentes con una norma, el niño entiende el límite y, en la mayoría de los casos, lo acepta con facilidad.
Es importante recordar que cuando establecemos una nueva norma o expectativa, la conducta puede empeorar antes de mejorar. Puede ser tentador retroceder, pero ¡mantente firme! Una vez que el niño confíe en la consistencia de la regla, verás cómo prospera bajo esas nuevas condiciones.
Todo lo anterior debe implementarse con una voz y actitud calmadas. Si impones consecuencias con enojo, los niños no podrán escuchar el mensaje en medio del ruido. Por muy consistente que seas, la ira anula todo lo que intentamos lograr.
Si en algún momento te enojas, no te preocupes. Todos nos enojamos de vez en cuando, y nadie debería esperar perfección de sí mismo. Cuando esto suceda, simplemente discúlpate con tu hijo y hazle saber que tú también estás aprendiendo. Esto le mostrará que puede cometer errores y seguir siendo amado.
La Torá describe una escena donde Reubén fue al campo y recogió flores para su madre, Leá. Estas flores eran muy valiosas para ella, ya que se creía que promovían la fertilidad. Pero los comentaristas explican que lo que más amó Leá de esas flores fue que eran silvestres. Esto significaba que Reubén había sido cuidadoso de no tomar ni una sola flor de la tierra de otra persona. Leá notó este pequeño detalle y elogió las acciones puras de su hijo.
Siguiendo el ejemplo de Lea, en nuestro hogar también notamos los detalles y hemos implementado algo llamado "frascos de cosas asombrosas". Cada semana, me aseguro de observar ciertos actos destacables de mis hijos y los anoto en un papel, que luego coloco en su frasco personalizado. No hay acto demasiado pequeño para ser notado. Por ejemplo, una nota puede decir: "Josh ayudó a su hermana menor a cortar su comida". O: "Nava le dio un abrazo a Tiffy cuando se lastimó". Al final de la semana, leemos las notas en voz alta y hacemos un sorteo. A los niños les encanta este sistema y el ambiente en casa se llena de positividad. Mis hijos saben que estoy observando y valorando sus buenas acciones, y buscan oportunidades para repetirlas.
Si aplicamos estas cinco técnicas, la consecuencia natural será que veremos cambios positivos en nuestro hogar, no sólo porque lo veremos con una perspectiva más optimista, sino porque sus buenas acciones se harán realidad.
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