La vergüenza del Premio Pulitzer premiando a periodistas que difaman a Israel


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La acusación de genocidio no sólo es falsa sino obscena, una distorsión de la verdad y complicidad en la campaña propagandística de Hamás.
Así como el día sigue a la noche, acusaciones recicladas de “genocidio” vuelven a ser lanzadas contra Israel por activistas que se hacen pasar por “académicos”.
Esta vez, la acusación proviene de la Asociación Internacional de Estudios sobre Genocidio (IAGS), un grupo que parece más interesado en posturas ideológicas que en mantener la integridad intelectual.
Como abogado de derechos humanos y experto militar, venimos desde perspectivas profesionales distintas, pero llegamos a la misma conclusión inequívoca: Israel no está cometiendo genocidio en Gaza.
Hemos estado en Gaza, liderado soldados en combate y practicado derecho internacional durante más de cuatro décadas combinadas. Hemos entrevistado a comandantes y soldados de las FDI en el terreno, visitado centros de organización y distribución de ayuda, y estudiado órdenes operativas. Desde esta perspectiva, la acusación de genocidio no sólo es falsa sino obscena, una distorsión de la verdad y complicidad en la propaganda de Hamás.
La propia resolución de la IAGS expone la falta de fundamento de la afirmación. Apenas un 20% de los miembros votó a favor. La membresía está abierta a cualquiera que pague una cuota de 30 dólares, sin necesidad de demostrar rigor académico o experiencia. Figuran como miembros perfiles ficticios como “Mo Cookie”, “Emperor Palpatine” y “Adolf Hitler de la Ciudad de Gaza”. Que procedimientos tan poco serios produzcan una acusación tan grave debería desacreditar el ejercicio de inmediato. Sin embargo, los medios, comentaristas y legisladores del mundo se han apresurado a amplificar la difamación.
Según la Convención sobre el Genocidio de 1948, genocidio no es un término político vago, sino un crimen legalmente definido: actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. El elemento crítico es la intención específica, lo que los tribunales internacionales han llamado dolus specialis. Este requisito de “intención de destruir” está establecido deliberadamente como un umbral muy alto. Sin él, atrocidades masivas, por horribles que sean, caen en otras categorías del derecho internacional, tales como crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad, pero no genocidio.
La guerra es fea, dolorosa y devastadora, pero Israel la libra en defensa propia y de acuerdo con las leyes del conflicto armado.
Nada de lo que hemos visto en Gaza se acerca remotamente a una prueba de intención o acción genocida. La guerra es fea, dolorosa y devastadora, pero Israel la libra en defensa propia y conforme a las leyes de la guerra. El 7 de octubre del 2023 Hamás llevó a cabo la peor masacre de judíos desde el Holocausto, ha prometido repetirla “una y otra vez” hasta que Israel sea aniquilado y todavía mantiene decenas de rehenes.
El objetivo de Israel nunca ha sido exterminar al pueblo palestino. Su propósito declarado y demostrado ha sido desmantelar la capacidad militar y de gobierno de Hamás, prevenir nuevas atrocidades terroristas y liberar a los rehenes. Los líderes israelíes han dicho una y otra vez que la guerra es contra Hamás y no contra el pueblo palestino, sin embargo, los críticos desestiman estas declaraciones como si no tuvieran sentido.
Incapaces de probar la intención genocida, los acusadores apuntan a los efectos trágicos de la guerra: muertes civiles, edificios destruidos, inseguridad alimentaria. Luego argumentan que estos resultados prueban genocidio. Pero no es así como funciona el derecho internacional. Si la devastación o las altas bajas probaran por sí solas que hay intención genocida, casi todas las guerras de la historia podrían ser catalogadas como genocidio. Este razonamiento despoja de significado a la palabra genocidio.
El sufrimiento civil en Gaza es real, pero la responsabilidad recae principalmente en Hamás.
El sufrimiento civil en Gaza es real, pero la responsabilidad recae principalmente en Hamás, que ha incrustado su maquinaria militar en hogares, escuelas, hospitales y mezquitas, usando deliberadamente a los civiles como escudos. Esta realidad no puede separarse de la conducción de la guerra.
Israel, en contraste, ha implementado medidas sin precedentes en ningún ejército moderno para mitigar el daño civil: advertencias anticipadas, panfletos, alertas telefónicas, corredores humanitarios, pausas para evacuación y cancelación de ataques legítimos cuando el riesgo civil era demasiado alto.
Al mismo tiempo, Israel ha facilitado una asistencia humanitaria sin precedentes. Más de dos millones de toneladas de ayuda han ingresado a Gaza desde el 7 de octubre, incluyendo alimentos, medicinas, combustible y agua. Israel ha supervisado la vacunación de toda la población infantil de Gaza, reparado infraestructura de agua, entregado suministros médicos y permitido envíos de combustible para mantener en funcionamiento hospitales y servicios esenciales.
Estas acciones tuvieron lugar mientras Hamás sigue gobernando territorio, sigue disparando cohetes hacia ciudades israelíes y sigue reteniendo rehenes. No existe precedente para esto.
En el campo de batalla, Israel ha mostrado una contención extraordinaria. Las FDI han empleado municiones de precisión, abortado ataques cuando se veían niños en la zona, y desplegado fuerzas terrestres con gran riesgo para sus propios soldados precisamente para minimizar el daño civil. Esto es lo opuesto al genocidio.
Las campañas genocidas se definen por la exterminación intencional y sistemática de un pueblo: Ruanda en 1994, Srebrenica en 1995, Darfur en los 2000, o más recientemente, el intento de exterminio de los drusos en Siria. Equiparar Gaza con estos horrores no sólo es inexacto, sino que es un insulto a la memoria de las víctimas reales.
El uso del término “genocidio” como arma no es benigno. Forma parte de una estrategia deliberada de guerra jurídica diseñada para deslegitimar a Israel, aislarlo diplomáticamente y absolver a Hamás de sus crímenes. Al aplicar erróneamente el “crimen de los crímenes” a Israel, activistas y supuestos académicos devalúan la palabra, corroen la credibilidad de las instituciones internacionales y sirven como peones de Hamás, la única parte en esta guerra que ha declarado abiertamente su intención genocida.
Las palabras importan. También la ley. El genocidio no es una pelota de fútbol político. Cuando se usa maliciosamente contra Israel, degrada a las víctimas de genocidios reales y socava la integridad del derecho internacional mismo.
Este artículo de opinión apareció originalmente en "Urban Warfare" de John Spencer.
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Excelente el artículo sobre las falsas acusaciones de genocidio contra Israel. Me gustan todos los artículos que me envían , pero me gustó especialmente el arriba mencionado. Es hora de que el mundo sepa la grandeza de Israel en contraposición con los monstruos terroristas y demás antisemitas. Esas falsas acusaciones , no son más que una muestra más del creciente antisemitismo que lamentablemente hay en el mundo. Agradecida ,les saluda cordialmente, deborah
Buen día... saludos desde México.
Por favor,no trate de justificar el genocidio de Israel en Gaza, todo el mundo lo ve, los únicos que no lo quieren aceptar, son ustedes.
Buenas tardes. Siento que la intención o acción genocida es la de Hamas, porque " El 7 de octubre del 2023 Hamás llevó a cabo la peor masacre de judíos desde el Holocausto, ha prometido repetirla “una y otra vez” hasta que Israel sea aniquilado y todavía mantiene decenas de rehenes" (el énfasis fue añadido por mi). Israel tiene derecho a defenderse.