Los 10 principios financieros del Talmud para invertir bien tu dinero


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El entorno impacta a tus hijos. Elige tu lugar de residencia con sabiduría.
A comienzos de noviembre estuve en Los Ángeles con una socia comercial de muchos años y su esposo. Ella es una empresaria no judía de Australia que está considerando una nueva iniciativa que requeriría mudarse a los Estados Unidos con sus dos hijas adolescentes. En papel, la oportunidad parecía ideal. Pero cuando les pregunté: “¿Han pensado en lo que significaría para sus hijas asistir a la universidad en Estados Unidos?”, hicieron una pausa.
No lo habían pensado. La decisión era de negocios, no cultural. Sin embargo, una vez que analizamos cómo es realmente la vida universitaria en Estados Unidos, especialmente en las universidades seculares de artes liberales, quedó claro que el mundo que estaban considerando era muy diferente del que conocían.
En Australia, la universidad es académica, en gran medida para estudiantes que siguen viviendo en sus casas, y la cultura de campus es mínima. En Estados Unidos, la universidad es un ecosistema completo que hace más que educar. Moldea y, a menudo, adoctrina. Antes, los profesores enseñaban a los estudiantes a pensar. Hoy, muchos enseñan qué pensar.
Los campus actuales no solo se inclinan hacia la izquierda. A menudo funcionan como monocultivos ideológicos. Ideas que antes se debatían ahora se decretan. Las tradiciones, los valores religiosos y la moral objetiva no se tratan como fundamentos a explorar, sino como reliquias que hay que descartar.
La educación no se trata solo de información. Se trata de formación. Y la formación ocurre a través de la cultura, la comunidad y el contexto. Mi amiga no estaba eligiendo solo un país. Estaba eligiendo un entorno.
La ciencia del comportamiento muestra cuánta fuerza tiene el entorno para moldearnos. Si alguien hace ejercicio, gasta de más, fuma o está presente para su familia suele tener menos que ver con la convicción de lo que nos gusta creer. Somos criaturas sociales. Si tus amigos van al gimnasio, es más probable que tú también vayas. Si tus colegas beben en exceso o viven por encima de sus posibilidades, es posible que te dejes arrastrar por ellos. Un estudio del 2017 de Kellogg en la Universidad Northwestern demostró que sentarse a menos de 7,5 metros de una persona de alto rendimiento aumenta el desempeño de un compañero de trabajo en un 15 por ciento. Los colegas negativos difunden su influencia aún más rápido. El entorno nos entrena en silencio. Nos guste o no, somos contagiosos.
La Torá describe dos sueños de Iaakov. El primero, en la Tierra de Israel, es una visión de una escalera que llega al cielo con ángeles que suben y bajan. El segundo sueño, en el exilio, presenta ovejas moteadas. El contraste es marcado. En la Tierra Santa soñó con el ascenso espiritual. En el exilio, soñó con el éxito financiero. No son solo sueños; son espejos. Incluso Iaakov se vio moldeado por su entorno.
Nuestro entorno nos moldea más de lo que estamos dispuestos a admitir.
Mientras estaba en Los Ángeles, se rompió la rueda de mi maleta, así que entré en un centro comercial. Era principios de noviembre, sin embargo, la música navideña ya sonaba sin parar. Guirnaldas cubrían cada superficie. Días después, de regreso en Israel, el contraste fue inmediato. Las tiendas estaban llenas de sufganiot (donas) de Janucá y había Menorot en las ventanas. El aire mismo se sentía judío. En Israel, el ritmo de la vida judía no necesita ser forzado. Te rodea.
Para mí, esa es una de las mayores bendiciones de vivir aquí. No es solo la presencia de otros judíos o los carteles en hebreo. Es la sensación silenciosa de que el entorno apoya la vida que quieres vivir.
Mi amiga australiana ahora se está haciendo mejores preguntas. No solo “¿Dónde está la oportunidad?”, sino “¿En quiénes se convertirán mis hijos en ese lugar? ¿Qué absorberán? ¿Qué podrían perder?”. Ya sea que vivamos en Sídney, Nueva York, Los Ángeles o Jerusalem, todos somos moldeados, de formas grandes y pequeñas, por el lugar donde vivimos.
Por eso, hace un año hicimos aliá y nos mudamos a Israel.
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