3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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En un momento en que los judíos de todo el mundo buscan fortaleza y sentido, Janucá ofrece tres clases de valentía judía que hoy tienen un significado especial.
La primera luz del valor es la determinación de vivir abierta y orgullosamente como judío, incluso cuando la visibilidad parece arriesgada. En la historia de Janucá, las autoridades greco-sirias prohibieron precisamente los mandamientos que definen la identidad judía: el Shabat, la santificación de la Luna Nueva y la circuncisión. Como explica un Midrash, estas mitzvot fueron atacadas porque ellas afirman visiblemente el pacto entre Dios y el pueblo judío.
Nuestros antepasados respondieron no con temor, sino con una convicción inquebrantable. Un relato poderoso de la Meguilat Antiojus cuenta la historia de una madre judía que, bajo amenaza de muerte, circuncidó a su hijo y se paró sobre la muralla de la ciudad, declarando: “Este pacto de nuestros padres no cesará de nosotros ni de los hijos de nuestros hijos”. Ella y otros dieron sus vidas para proteger el alma de su tradición.
Este mismo espíritu continúa vivo en la mitzvá de encender la menorá en una ventana o en la puerta, para que brille hacia afuera, para compartir el milagro con el mundo.
Hoy, cuando el antisemitismo ha llevado a muchos a pensarlo dos veces antes de usar una Estrella de David o expresar su judaísmo en público, Janucá ofrece un llamado suave pero firme: no retroceder. Tener el valor de vivir visiblemente como judíos y brillar.
El segundo valor de Janucá es mantenerse firme en los propios valores incluso cuando uno se siente superado en número. Los macabeos eran una fuerza pequeña y sin entrenamiento que se enfrentó a un ejército imperial profesional. Tenían todas las razones para sentirse desesperanzados. Sin embargo, lucharon no solo con armas, sino con claridad. Como registra Macabeos I, Iehudá declaró: “La victoria no depende del tamaño del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo”.
La liturgia de Janucá se maravilla ante esto: “Entregaste a los poderosos en manos de los débiles, a muchos en manos de pocos”.
La claridad moral de los jashmonaim (hasmoneos) los hizo imparables. Ellos sabían por qué luchaban: por el derecho a vivir como judíos y a cumplir la Torá. Esa convicción les dio fuerza para seguir combatiendo.
Hoy, muchos judíos se sienten abrumados por la hostilidad pública, por la desinformación, por la soledad de defender a Israel o la vida judía. Janucá te recuerda que la fuerza no siempre proviene de los números. Proviene del propósito. Los pocos, cuando tienen claridad y los pies en la tierra, pueden transformar la realidad. El segundo valor de Janucá es mantener tu posición porque sabes qué es lo que defiendes.
Después de la guerra, los jashmonaim regresaron al Templo en ruinas y encontraron solo una vasija sellada de aceite puro. Ese aceite apenas suficiente para arder un día. Aun así, encendieron la menorá y ocurrió un milagro: el aceite duró ocho días. No esperaron a tener suficiente aceite. Comenzaron con lo que tenían. Y Dios hizo el resto.
En la historia judía (y en tu propia vida) hay momentos en los que uno se siente emocional o espiritualmente exhausto. Después del 7 de octubre y de todo lo que siguió, muchos judíos sienten que han llegado a su última vasija. Muchos están de duelo, cansados y con miedo.
Pero Janucá dice: enciende de todos modos. No esperes a sentirte listo. Ofrece lo poco que tienes, y Dios hará que sea suficiente.
El Sfat Emet escribe: “Incluso cuando un judío siente que su luz se ha apagado, permanece una chispa oculta de santidad que nunca puede extinguirse. En Janucá, esa chispa se despierta”. Y Rav Kook enseña: “Cuando una persona enciende dentro de sí siquiera una pequeña luz de santidad, puede despertar una gran luz en el mundo”.
Así es como seguimos adelante. Un pequeño acto de bondad, una vela, una mitzvá. Crear un momento de luz cuando eso es todo lo que tienes también es un acto de valentía.
Janucá es un llamado a vivir hoy con valentía.
El coraje de vivir con orgullo como judíos. El valor de aferrarse a los propios valores, incluso cuando el mundo entero parece estar en contra. Y el coraje de ofrecer tu luz, incluso cuando sientes que no te queda nada para dar.
Que las velas de Janucá brillen a través de tus ventanas para iluminar todo el universo y te recuerden que, con la ayuda de Dios, incluso la llama más pequeña puede transformar una noche oscura.
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