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Las mujeres como líderes

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Shemot (Éxodo 1:1-6:1 )

por Rav Jonathan Sacks

La parashá de esta semana podría haber llevado el título de "El nacimiento de un líder". Vemos que Moshé, adoptado por la hija del faraón, crece como un príncipe de Egipto. Lo vemos como un hombre joven, la primera vez que comprende la implicancia de su verdadera identidad: Él es, y sabe que lo es, miembro de un pueblo esclavizado y que sufre terriblemente. "Sucedió en esos días que Moshé se hizo grande y salió a sus hermanos y vio sus cargas. Y vio a un hombre egipcio que golpeaba a un hombre hebreo, uno de sus hermanos" (Éxodo 2:11).

Moshé intervino, actuó: la marca de un verdadero líder. Vemos que intervino tres veces, dos en Egipto y una en Midián, para rescatar a las víctimas de la violencia. Luego somos testigos de la grandiosa escena de la Zarza Ardiente, donde Dios lo convoca para que lidere a Su pueblo hacia la libertad. Moshé duda cuatro veces hasta que Dios se enoja y Moshé comprende que no tiene otra opción. Este es el clásico relato del génesis de un héroe.

Pero esta es sólo la historia superficial. La Torá es un libro profundo y sutil, y no siempre transmite su mensaje en la superficie. Justo por debajo hay otra historia más destacada, no sobre un héroe sino sobre seis heroínas, seis valientes mujeres sin las cuales Moshé no hubiera existido.

Primero está Iojeved, la esposa de Amram y la madre de las tres personas que se convertirían en los mayores líderes de los israelitas: Miriam, Aharón y Moshé mismo. En el momento cumbre de la persecución egipcia, Iojeved fue quien tuvo el coraje de tener un hijo, ocultarlo durante tres meses y luego planear cómo darle una oportunidad de ser rescatado. Sabemos muy poco sobre Iojeved. En su primera aparición en la Torá ni siquiera se la nombra. Sin embargo, al leer la narrativa, no queda ninguna duda respecto a su coraje e ingenio. No fue por accidente que todos sus hijos se convirtieron en líderes.

La segunda fue Miriam, la hija de Iojeved y la hermana mayor de Moshé. Ella fue quien observó al bebé en la pequeña canasta que flotaba sobre el río, y ella fue quien se acercó a la hija del faraón para sugerirle que lo amamantara alguien de su propio pueblo. El texto bíblico pinta un retrato de la joven Miriam como una figura de una valentía inusual y gran presencia de ánimo. La tradición Rabínica va todavía más lejos. En un Midrash remarcable, leemos cómo al escuchar sobre el decreto de que todos los bebés israelitas varones debían ser ahogados en el río, Amram guio a los israelitas a que se divorciaran de sus esposas para que no nacieran más niños. La lógica lo apoyaba, ¿cómo podía ser correcto traer al mundo más niños cuando tenían un cincuenta por ciento de posibilidades de que los asesinaran al nacer? Sin embargo, la tradición dice que su hija pequeña, Miriam, le reprochó y lo persuadió para que cambiara de opinión. Ella le dijo: "Tu decreto es peor que el del faraón. El decreto del faraón sólo afecta a los niños, el tuyo afecta a todos. Él priva a los niños de este mundo, el tuyo los privará incluso de una vida en el Mundo Venidero". Amram cedió y , como resultado, nació Moshé.(1) La implicación es clara: Miriam tenía más fe que su padre.

En tercer y cuarto lugar, se encuentran las dos parteras, Shifra y Puá, quienes frustraron el primer intento de genocidio del faraón. A ellas les ordenaron matar a todos los bebés varones israelitas en el momento del nacimiento, "pero las parteras temieron a Dios y no hicieron tal como había dicho el rey de Egipto, sino que hicieron vivir a los niños" (Éxodo 1:17). Al ser convocadas y acusadas de desobediencia, ellas se burlaron del faraón respondiéndole de forma ingeniosa: "las mujeres hebreas son muy fuertes y dan a luz antes de que nosotras lleguemos". De esta forma se salvaron del castigo y salvaron muchas vidas.

El significado de esta historia es que es el primer caso registrado de una de las mayores contribuciones del judaísmo a la civilización: la idea de que hay límites morales ante el poder. Existen instrucciones que no deben obedecerse. Hay crímenes contra la humanidad que no pueden excusarse con el argumento de que "sólo cumplía órdenes". Este concepto, generalmente conocido como "desobediencia civil", por lo general se le atribuye a Henry David Thoreau, el escritor norteamericano del siglo XIX, y entró en la conciencia internacional después del Holocausto y los juicios de Núremberg. Pero su verdadero origen se encuentra miles de años antes, en los actos de dos mujeres: Shifra y Puá. A través de su coraje, se ganaron un lugar destacado entre los héroes morales de la historia, enseñándonos la prioridad de la conciencia sobre la conformidad, la ley de la justicia sobre la ley de la tierra.(2)

La quinta mujer es Tzipora, la esposa de Moshé. Ella era la hija de un sacerdote midianita, sin embargo decidió acompañar a Moshé en su misión en Egipto, a pesar de que no tenía ninguna razón para arriesgar su vida en una aventura tan peligrosa. En un pasaje sumamente enigmático, vemos que ella fue quien salvó la vida de Moshé al circuncidar a su hijo (Éxodo 4:24-26). La impresión que recibimos de ella es la de una figura con una determinación monumental, quien en un momento crucial tuvo más comprensión que Moshé mismo respecto a lo que Dios deseaba.

Dejé para el final a la mujer más intrigante de todas: la hija del faraón. Ella fue la que tuvo el coraje de rescatar a un niño israelita y llevárselo al mismo palacio en el cual su padre planificaba la destrucción del pueblo israelita. ¿Acaso puedes imaginar a la hija de Hitler, Eichmann o Stalin haciendo lo mismo? Hay algo a la vez heroico y gracioso en esta figura levemente esbozada, la mujer que le dio su nombre a Moshé.

¿Quién era ella? La Torá no menciona su nombre. Sin embargo, el Primer Libro de las Crónicas (4:18) se refiere a una hija del faraón llamada Bitiá, y ella es a quien los Sabios identifican como la mujer que salvó a Moshé. El nombre Bitiá (a veces presentado como Batiá) significa "la hija de Dios". A partir de esto, los Sabios derivan una de las lecciones más sorprendentes:

El Santo, Bendito Sea, le dijo a ella: "Moshé no fue tu hijo, sin embargo lo llamaste tu hijo. Tú no eres Mi hija, pero Yo te llamaré Mi hija".(3)

Los Sabios agregan que ella fue una de las pocas personas (la tradición enumera nueve) que fueron tan rectas que entraron al paraíso vivos.(4)

Por lo tanto, en un nivel superficial, la parashat Shemot trata sobre la iniciación del liderazgo de un hombre destacado, pero por debajo de la superficie hay una contra-narrativa de seis mujeres extraordinarias, sin las cuales Moshé no habría existido. Ellas pertenecen a una larga tradición de mujeres fuertes a lo largo de la historia judía, desde Deborá, Janá, Ruth y Ester en la Biblia, hasta figuras religiosas más modernas como Sara Schenirer y Nejama Leibowitz y figuras más seculares como Anna Frank, Jana Senesh y Golda Meir.

Si las mujeres emergen como líderes tan poderosos, ¿cómo es posible, entonces, que ellas sean excluidas en la ley judía de ciertos roles de liderazgo? Si observamos con cuidado veremos que las mujeres históricamente fueron excluidas de dos áreas. Una fue la "corona del sacerdocio", que pasó a Aharón y sus hijos. La otra fue la "corona del reinado", que pasó a David y a sus hijos. Estos son dos roles construidos sobre el principio de sucesión dinástica. Sin embargo, de la tercer corona, la "corona de la Torá", las mujeres no fueron excluidas. Hubo profetisas y no sólo profetas. Los Sabios enumeran siete profetisas (Meguilá 14a). Siempre hubo grandes eruditas mujeres, desde el período de la Mishná (Bruria, Ima Shalom) hasta la actualidad.

Lo que hay en juego es una distinción más general. Rav Eliahu Bakshi-Dorón, en su Responsa "Binián Av", diferencia entre la autoridad formal u oficial (samjut) y el liderazgo real (hanagá).(5) Hay figuras que ocupan puestos de autoridad (primeros ministros, presidentes, directores ejecutivos), que pueden no ser líderes en absoluto. Puede que tengan el poder de obligar a la gente a hacer lo que dicen, pero no tienen seguidores. Ellos no inspiran para que los imiten. Y puede que haya líderes que no ocupan ningún cargo oficial, pero a quienes se acude en busca de consejo y se los considera modelos a seguir. No tienen poder pero sí enorme influencia. Los profetas de Israel pertenecen a esta categoría. Y, a menudo, también los Guedolei Israel, los grandes Sabios de cada generación. Ni Rashi ni el Rambam ocuparon cargos oficiales (algunos eruditos dicen que el Rambam fue Gran Rrabino de Egipto, pero la mayoría consideran que no lo fue, aunque sí lo fueron sus descendientes). Cuando el liderazgo depende de las cualidades personales, (lo que Max Weber llamó "autoridad carismática") y no del cargo o del título, no hay ninguna distinción entre mujeres y hombres.

Iojeved, Miriam, Shifra, Puá, Tzipora y Batiá fueron líderes no porque ocuparon algún puesto oficial (en el caso de Batiá ella fue una líder a pesar de su titulo oficial como una princesa de Egipto). Ellas fueron líderes porque tuvieron coraje y consciencia. Ellas se negaron a dejarse intimidar por el poder ni a dejar que las circunstancias las vencieran. Ellas fueron los verdaderos héroes del Éxodo. Su coraje sigue siendo una fuente de inspiración en la actualidad.


NOTAS

  1. Shemot Rabá 1:13.
  2. Por supuesto, existe una tradición midráshica respecto a que Shifra y Puá eran otros nombres de Iojeved y Miriam (Sotá 11b). Al considerarlas como mujeres separadas, sigo la interpretación dada por Abarbanel y Luzzatto.
  3. Vaikrá Rabá 1:3.
  4. Dérej Eretz Zuta 1.

Rav Eliahu Bakshi-Dorón, Responsa Binián Av, seunda edición, N° 65.




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