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Liderazgo de servicio

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Koraj (Números 16-18 )

por Rav Jonathan Sacks

"¡Demasiado es para ustedes! Pues la asamblea entera todos son santos y Hashem está entre ellos. ¿Por qué ustedes se exaltan por encima de la congregación de Dios?" (Números 16:3)

¿Cuál es exactamente el problema con lo que dijeron Kóraj y su banda de agitadores? Sabemos que Kóraj era un demagogo, no un demócrata. Él quería el poder para sí mismo, no para el pueblo. Sabemos que tampoco los que lo acompañaban eran honestos. Cada uno tenía sus propias razones para sentir resentimiento hacia Moshé, Aharón o el destino. Dejemos por un instante estas consideraciones de lado y nos preguntemos: ¿lo que dijeron era verdadero o falso?

Sin dudas tenían razón al decir: "la asamblea entera todos son santos". A fin de cuentas eso es lo que Dios le pidió al pueblo: ser un reino de sacerdotes y una nación santa, es decir un reino en el cual todos sus miembros son (en cierto sentido) sacerdotes, una nación en la que todos sus ciudadanos son santos.1

Asimismo tenían razón al decir: "Hashem está entre ellos". Esa fue la razón para la construcción del Tabernáculo: "Harán un Santuario para Mí, y Yo residiré entre ellos" /Éxodo 25:8). El Libro de Éxodo termina con estas palabras: "Pues la nube de Hashem estaba sobre el Tabernáculo de día, y de noche había un fuego sobre él, a la vista de toda la Casa de Israel durante todos sus viajes" (Éxodo 40:38). La Presencia Divina era visible para el pueblo dondequiera que iban.

Lo que estuvo errado fue su última declaración: "¿Por qué ustedes se exaltan por encima de la congregación de Dios?". Este no fue un pequeño error, sino uno fundamental. Moshé representa el nacimiento de una nueva clase de liderazgo. Eso fue lo que no entendieron Kóraj y sus seguidores, y muchos seguimos sin entenderlo.

Los edificios más famosos del mundo antiguo son los zigurats de la Mesopotamia y las pirámides egipcias. Estos eran más que simples edificios. Eran declaraciones en piedra de un orden social jerárquico. Eran anchos en la base y estrechos en la parte superior. En la cima estaba el rey o el faraón, en el punto en que creían que se unía el cielo y la tierra. Debajo había una serie de élites, y debajo de ellas, las masas trabajadoras.

Creían que esto no era sólo una forma de organizar la sociedad, sino que era la única manera de hacerlo. El universo mismo estaba organizado bajo este principio, al igual que el resto de la vida. El sol dominaba los cielos. El león dominaba sobre el reino animal. El rey gobernaba sobre la nación. Así era en la naturaleza. Así debía ser siempre. Algunos nacían para gobernar y otros para ser gobernados.2

El judaísmo es una protesta contra esta clase de jerarquía. Cada ser humano, no sólo el rey, es creado a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, nadie puede gobernar sobre otro sin su consentimiento. Sigue siendo necesario que haya un liderazgo, porque sin un conductor una orquesta caería en la discordia. Sin un capitán, un equipo puede tener jugadores brillantes pero no sería un equipo. Sin generales, un ejército sería una turba descontrolada. Sin gobierno, una nación caería en la anarquía. ""En esos días no había rey en Israel. Cada uno hacía lo que parecía correcto ante sus ojos" (Jueces 17:6, 21:25).

En un orden social en el cual cada uno tiene la misma igualdad ante los ojos Divinos, un líder no se destaca por encima del pueblo. Él sirve al pueblo y sirve a Dios. El gran simbolismo del Israel bíblico, la Menorá, es una pirámide o un zigurat invertido, ancho en la cima y estrecho en la base. Por lo tanto, el mayor líder es el más humilde. "Moshé era muy humilde, más que cualquier otra persona sobre la faz de la tierra" (Números 12:3).

Esto se denomina liderazgo de servicio,3 y su origen está en la Torá. El mayor elogio que recibió Moshé fue que era "el siervo de Hashem" (Deuteronomio 34:5). Moshé recibe este título dieciocho veces en el Tanaj. Sólo hay otro líder que tuvo el mérito de recibir la misma descripción: Iehoshúa, quien es descrito de esta forma en dos ocasiones.

No es menos fascinante que sólo hay una persona en la Torá a quien se le ordena ser humilde: al rey.

Y sucederá que cuando él se asiente sobre su trono real, deberá escribir para sí dos copias de esta Torá en un rollo, de delante de los cohanim, los leviim. Ella estará con él y él deberá leerla durante todos los días de su vida, a fin de que aprenda a temer a Hashem su Dios, para guardar todas las palabras de esta Torá y estos estatutos, a fin de cumplirlos. Para que su corazón no se ensoberbezca más que sus hermanos (Deuteronomio 17:18-20).

 Maimónides describe de esta forma la conducta adecuada de un rey:

Tal como la Torá le ha concedido el gran honor y obliga a todos a venerarlo, así también le ordenó a él ser humilde y tener el corazón vacío, como está escrito: "Mi corazón está vacío dentro de mi" (Salmos 109:22). No debe tratar a Israel con altivez prepotente, como está escrito: "No debe considerarse mejor que sus hermanos" (Deuteronomio 17:20).

Debe ser clemente y misericordioso con los pequeños y con los grandes, involucrándose en su beneficio y bienestar. Debe proteger el honor incluso de las personas más humildes.

Cuando se dirige al pueblo como comunidad, debe hablar con suavidad, por ejemplo: "Escuchen hermanos míos, pueblo mío…" (palabras del Rey David en Crónicas I 28:2). Así también en Reyes I 12:7 dice: "Si hoy servirás a este pueblo…"

Siempre debe comportarse con gran humildad. No hubo nadie más grande que Moshé, nuestro maestro. Sin embargo, él dijo: "¿Qué somos para que inciten a quejarse contra nosotros?" (Éxodo 16:8). Él debe soportar las cargas, las dificultades, las quejas y el enojo como una nodriza lleva a un bebé.4

Lo mismo se aplica a todos los puestos de liderazgo. Maimónides enumera entre aquellos que no tienen una porción en el Mundo Venidero a alguien que "impone un gobierno de miedo sobre la comunidad, no por amor al Cielo". Esa persona "gobierna sobre una comunidad por la fuerza, por lo que la gente le tiene mucho miedo, está aterrorizada de él". Y lo hace "por su propia gloria y sus intereses personales". A esto Maimónides agrega una última frase: "como los reyes paganos".5 La polémica intención es clara. No es que nadie se comporte de esa forma, pero esa no es la manera judía de comportarse.

Cuando Rabán Gamliel actuó de una forma que sus colegas consideraron prepotente, fue destituido como nasí, líder de la comunidad, hasta que reconoció su culpa y pidió disculpas.6 Rabán Gamliel aprendió la lección. Posteriormente les dijo a dos personas que rechazaron su oferta de aceptar puestos de liderazgo: "¿Creen que les estoy dando un puesto de honor (serará)? Les estoy dando una oportunidad de servir (avdut)".7 Como dijo Martin Luther King: "Todo el mundo puede ser grandioso… porque todo el mundo puede servir".8

C. S. Lewis definió acertadamente la humildad no como pensar menos de uno mismo sino como pensar menos en uno mismo. Los grandes líderes respetan a lo demás, los honran, los elevan, los inspiran para que alcancen alturas que de otro modo nunca hubieran logrado. Están motivados por ideales, no por la ambición personal. No sucumben a la arrogancia del poder.

A veces cometemos los peores errores cuando proyectamos nuestros sentimientos sobre los demás. Kóraj era un hombre ambicioso, por lo que vio a Moshé y a Aharón como dos personas movidas por la ambición, que "se exaltan por encima de la congregación de Dios". No entendió que en el judaísmo dirigir es servir. Los que sirven no se elevan a sí mismos, sino que elevan a los demás.


NOTAS

  1. Algunos sugieren que su error fue decir: "La asamblea entera, todos son santos” (kulam kedoshim), en vez de "toda la asamblea es santa" (kula kedoshah). La santidad de la congregación es colectiva y no individual. Otros dicen que debería haber dicho: "es convocada a ser santa" y no "es santa". La santidad es una vocación, un llamado, no un estado.
  2. Aristóteles, Política, Libro 1, 1254a21-24.
  3. Sobre este tema es bien conocido el texto de Robert K Greenleaf, Servant leadership: a journey into the nature of legitimate power and greatness, New York, Paulist Press, 1977. Sin embargo, Greenleaf no ubica esta idea en la Torá. Por eso es importante que el concepto nació aquí, con Moshé. Hilchot Melachim 2:6.
  4. Hiljot Teshuvá 3:13.
  5. Brajot 27b.
  6. Horaiot 10a-b.
  7. Martin Luther King Jr., Discurso de aceptación del Premio Nobel (Oslo, Noruega, 10 de diciembre de 1964).



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