La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


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Elon Musk tiene 800 mil millones de dólares y 14 hijos. Aun así, no es feliz. Un estudio de Harvard explica por qué.
“Quien dijo que el dinero no puede comprar la felicidad realmente sabía de lo que hablaba” —Elon Musk en X, 5 de febrero del 2026
Cuando la persona más rica del mundo declara que el dinero no compra la felicidad, todos deberíamos preguntarnos: entonces, ¿qué la compra? Elon Musk, con sus 809.000 millones de dólares, puede hacer cualquier cosa, ir a cualquier lugar y disfrutar de lo que quiera. Tiene 14 hijos, 237 millones de seguidores en X y buena salud.
¿Por qué no es feliz?
Lo único que no tiene es un matrimonio feliz.
¿Existe una relación causal entre el matrimonio y la felicidad?
En el 2023, el director del Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard informó sobre el estudio longitudinal de 85 años de la universidad para determinar qué hace realmente a las personas saludables y felices. Durante 85 años, investigadores de Harvard siguieron a un grupo original de 724 hombres y a más de 1.300 de sus descendientes (hombres y mujeres) durante tres generaciones, haciendo miles de preguntas y cientos de mediciones.
¿Sus conclusiones?
A lo largo de todos los años de estudio de estas vidas, un factor crucial destaca por la consistencia y la fuerza de su relación con la salud física, la salud mental y la longevidad. Contrario a lo que muchos podrían pensar, no es el éxito profesional, ni el ejercicio, ni una dieta saludable. No decimos que estas cosas no importen; sí importan. Pero una cosa demuestra constantemente su importancia amplia y duradera: las buenas relaciones.
De hecho, las conexiones personales cercanas son tan significativas que si tuviéramos que resumir los 85 años del estudio de Harvard en un solo principio de vida, una inversión vital respaldada por estudios similares, sería este: las buenas relaciones nos mantienen más sanos y felices. Punto.(1)
Un hallazgo sorprendente del estudio fue la correlación en parejas mayores entre el tiempo pasado juntos y la felicidad. Como señala el informe: “En los días en que estos hombres y mujeres pasaban más tiempo en compañía de otros, eran más felices. En particular, cuanto más tiempo pasaban con sus parejas, mayor felicidad reportaban”.
Sin embargo, el matrimonio en Estados Unidos se está volviendo cada vez menos popular. Encuestas del Centro de Investigación Pew revelan que la tasa de matrimonio en Estados Unidos alcanzó su punto mínimo de 140 años en el 2019 y nunca se ha recuperado completamente. En 1975, el 66% de los hogares eran parejas casadas. Para el 2025, había caído al 47%.
Un artículo reciente del New York Times, “Why Marriage, for So Many, Is Less Appealing Than Ever” (Por qué para muchos el matrimonio es menos atractivo que nunca), citó al investigador de Pew, Richard Fry: “La evidencia es bastante clara ahora. No es solo que los adultos estén retrasando el matrimonio. Cada vez más lo están descartando”.
El judaísmo es la religión más pro-matrimonio del mundo. El cristianismo, el hinduismo y el budismo consideran que el mejor camino para llegar a Dios es el celibato. Por lo tanto, el matrimonio es una concesión de segundo grado a los irrefrenables impulsos sexuales humanos. (Compárese esto con San Pablo: "Es mejor casarse que arder"). El judaísmo, en cambio, considera el matrimonio como el camino más elevado hacia Dios.
El matrimonio es una mitzvá de la Torá, y todos los grandes santos y sabios de la historia judía estuvieron casados, con pocas excepciones. De acuerdo con la tradición judía, Ionatán ben Uziel, el raro sabio talmúdico que nunca se casó, pasa su vida en el más allá haciendo parejas como rectificación por haber descuidado la mitzvá del matrimonio. Su tumba, en Amuka, en el norte de Israel, es un lugar de peregrinación popular para solteros que buscan pareja.
El matrimonio es una oportunidad 24/7 de dar. Y de aprender a dar.
El judaísmo es tan pro-matrimonio porque reconoce que el verdadero objetivo de la vida es santificar el mundo y perfeccionarse a uno mismo a través del crecimiento personal y espiritual, y el matrimonio es el terreno ideal para ese desarrollo. El matrimonio no trae felicidad automáticamente. Pero el matrimonio sí aporta crecimiento personal y la realización del potencial más profundo de la persona. Y ese crecimiento sí conduce automáticamente a la felicidad.
Como señaló el sabio judío del siglo XX, Rav Eliahu Dessler, la palabra hebrea para “amor”, “ahavá”, está relacionada con "ahav", “dar”. Rav Dessler dice: “Cuanto más das, más amas”.
Como prueba, señala que los padres aman más a sus hijos de lo que los hijos aman a sus padres.
El matrimonio es una oportunidad continua de dar (24/7). Y de ceder. Ambos valores hoy son políticamente incorrectos. El artículo del New York Times cita a personas solteras de distintas edades. Chloe Bow, de 33 años, terminó una relación de 8 años y ahora quiere vivir sola: “Ya lo he hecho antes y prefiero centrarme en mí y en mis necesidades”.
El Dr. Peter McGraw, de 55 años, en su podcast “Solo: The Single Person’s Guide to a Remarkable Life” (Solo: la guía del soltero para una vida extraordinaria) declaró: “En 1960, cuando te casabas, no esperabas que tu pareja fuera todo para ti. Pero ahora sí se espera que sea tu mejor amigo, tu confidente personal y profesional”. En otras palabras, él no puede o no quiere dar tanto emocionalmente.
Muchas personas solteras están dispuestas a dar, pero no más de su parte. El modelo moderno de matrimonio es que ambos trabajan fuera de casa y comparten equitativamente las tareas domésticas. Shani Silver, de 43 años, es presentadora de un podcast sobre la soltería y autora de “What If We Never Get Married? A Happily Ever Answer” (¿Y si nunca nos casamos? Una respuesta para un "felices para siempre"’). Shani, que es judía, dice que sus seguidores tienden a ser como ella, mujeres solteras “que fueron criadas creyendo que los hitos del matrimonio y la crianza de una familia llegarían con la misma puntualidad que la factura del teléfono”.
Pero eso no ocurrió para ellas. Shani culpa la falta de crecimiento personal de los hombres. “Nosotras trabajamos en nosotras mismas toda la vida para convertirnos en las parejas deseables que nos dijeron que debíamos ser. Pero los hombres no evolucionaron con nosotras. Se han estancado. Hay desequilibrios en las responsabilidades del trabajo doméstico, en las responsabilidades de la carga emocional, en el funcionamiento de un hogar”.
Si tu estándar para un matrimonio feliz es que cada cónyuge dé 50-50, entonces estarás midiendo y comparando constantemente (y probablemente quejándote). Pero si simplemente das sin medir, ¿no acabarás siendo un shmate (un trapo)? ¿Acaso no es peligroso para tu salud y bienestar dar demasiado?
Es una mitzvá de la Torá cuidar muy bien de la propia salud (Deuteronomio 4:15). Dar al cónyuge no debe hacerse a costa de la salud física ni psicológica de uno mismo. Como dijo el sabio Hilel hace 2.000 años: “Si no estoy para mí, ¿quién estará para mí? Pero si estoy solo para mí, ¿qué soy?”. No logramos el equilibrio adecuado del dar midiendo quién da qué. Lo logramos al comprender que al dar a mi cónyuge, estoy recibiendo una relación que me construye.
Durante once años he impartido un seminario semanal sobre matrimonio para mujeres judías, basado en principios espirituales y no psicológicos. El supuesto es que el matrimonio es un espacio de crecimiento personal. Aunque todas entran queriendo cambiar a sus esposos, uno de nuestros lemas es: “La única persona que puedes cambiar eres tú misma. Pero cuando te cambias a ti, cambias tu matrimonio”.
Cuando te cambias a ti, cambias tu matrimonio.
Como testimonio, una participante dijo: “Ya no veo a mi marido y, en consecuencia, a mi matrimonio como una decepción, sino más bien como una maravillosa oportunidad de crecimiento. Me he vuelto más afectuosa y mucho menos quejosa de lo que fui en nuestros más de 28 años de matrimonio”.
Si te enfocas en el crecimiento, entonces cada problema, por molesto que sea, se convierte en una oportunidad para alcanzar tu objetivo de ser una persona mejor y más desarrollada. Como enseñó el famoso rabino jasídico Najman de Breslov: “Si no eres una mejor persona mañana de lo que eres hoy, ¿para qué necesitas un mañana?”.
Si quieres tener una cuenta bancaria más grande, invierte en acciones. Si quieres ser una persona más grande, invierte en el matrimonio.
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