La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


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Con la violencia y el acoso antisemita en su punto más alto, es un momento aterrador para ser judío. Pero, ¿sabes qué es aún más aterrador? Ser un judío silencioso.
Como tantos otros, me he reencontrado con mi identidad judía después del 7 de octubre. Claro, crecí yendo a la escuela hebrea y a campamentos de verano judíos. Hice mi bat mitzvá y me sentía cómoda desfilando por la sinagoga como la hija del jazán. Pero nunca grité mi judaísmo desde los tejados. Entonces, ¿por qué siento la necesidad de hacerlo ahora? En realidad, es bastante simple.
Porque siento que mi vida depende de ello.
Con la violencia y el acoso antisemita en su punto más alto, es un momento aterrador para ser judío. Pero, ¿sabes qué es aún más aterrador? Ser un judío silencioso.
Guardar silencio significa estar de acuerdo con todas las mentiras que se dicen sobre nosotros. Significa aceptar lo que está ocurriendo en el mundo como si fuera normal y aceptable. Significa firmar nuestra propia sentencia de muerte.
Nunca pensé que llegaríamos a esto. Pasé los primeros 40 años de mi vida sin experimentar ni una pizca de antisemitismo. Sin embargo, ahora la idea de que la historia se repita ya no parece una posibilidad abstracta, sino una conclusión inevitable.
¿Es que no pueden ver que así fue como comenzó todo? ¿Y lo fácil que fue que se convirtiera en un desastre total cuando a nadie le importó lo suficiente como para alzar la voz? Tenemos una hoja de ruta de lo que esta situación puede llegar a ser, y creo hablar por todos nosotros cuando digo: no, gracias. Me niego a aceptar este destino para mí y para mis hijos. Me niego a guardar silencio por respeto a mi difunto abuelo, cuyos números tatuados están grabados en mi memoria tan permanentemente como lo estaban en su brazo. Nunca más.
Entonces, ¿dónde me deja eso en términos prácticos? Cada día me despierto y veo más discriminación, prejuicios y violencia contra los judíos de lo que cualquier otro grupo jamás se vio obligado a tolerar. Y me hago la misma pregunta una y otra vez: ¿cuánto puedo hablar de esto sin alienar a las personas que me rodean?
Ya hemos establecido que el silencio no es una opción. Pero si me paso de la raya, ¿empezarán a ignorarme mis amigos (y, con suerte, aliados)? ¿Comenzarán a pasar por alto el contenido o incluso a dejar de seguirme mientras intento transmitir el dolor y la injusticia que enfrentamos a diario? ¿Exactamente cuántas fotos lindas de mis hijos y mi perro equilibrarán la balanza? ¿Precisamente qué tan judía se me permite ser?
Los del otro lado no tienen ningún reparo en proclamar su odio en voz alta, tanto con sus palabras como con sus actos. Llaman a una intifada violenta, destrozan ventanas de negocios judíos, prenden fuego a nuestras sinagogas y nos persiguen en pogromos premeditados. Entonces, ¿por qué hay un silencio tan ensordecedor del lado de los buenos? ¿Por qué estamos dejando que los matones controlen el espectáculo?
Estoy enormemente agradecida por los activistas accidentales que han surgido desde el 7 de octubre, ellos han salvado mi cordura durante este tiempo horrendo. Pero necesitamos más. Necesitamos más personas que no tengan miedo. Necesitamos más personas con claridad moral y jutzpá para alzar la voz.
Una amiga me preguntó recientemente si apoyo la guerra de Israel en Gaza y ahora la guerra contra Irán y Hezbolá en el Líbano. Ella quería saber si yo apoyaba la forma en que Israel estaba librando las batallas. Me detuve en seco, completamente descolocada por la pregunta. ¿Que si apoyo la forma en que Israel está librando las batallas? ¿Como cuando lanzan panfletos y hacen llamadas telefónicas para advertir a los civiles que evacúen la zona? ¿Como cuando son meticulosamente estratégicos para evitar víctimas civiles? Dime qué otro ejército haría esto y aún así recibiría críticas a nivel mundial. Nosotros sabemos una o dos cosas sobre genocidios (la palabra fue literalmente creada para describir el Holocausto). Si eso fuera lo que pretendemos hacer, seríamos realmente malos en ello.
La parcialidad es clara, los dobles estándares son abundantes y la propaganda es efectiva. He visto incluso a los aliados más bienintencionados dejarse llevar por un ensayo fotográfico bellamente artístico sobre los Rostros de Gaza, conmovidos hasta el punto de sentir la necesidad de compartirlo. No entienden que incluso esta publicación aparentemente inofensiva transmite un mensaje muy claro, igual que todas las demás: culpa a los judíos. No piensan en las personas que podrían ver esto y decidir actuar en consecuencia. No se dan cuenta de que representa una amenaza muy real para nuestras familias, o que los guardias de seguridad en la escuela (judía) de mis hijos ahora portan enormes ametralladoras todos los días. No saben que cuando comparto fotos de mis hijos, recorto el nombre de la escuela que está bordado en sus uniformes... por si acaso.
Ser judío es especial. Somos buenas personas. ¿De verdad tengo que decirlo? Pero lo somos. Creemos en la paz y en el tikún olam (reparar el mundo). Damos tzedaká y cumplimos mitzvot. Contribuimos positivamente a la sociedad y apoyamos a otras minorías en sus momentos de necesidad. Rezamos juntos. Celebramos alegrías juntos. Lloramos juntos. Tenemos una experiencia compartida inherente de resiliencia en la lucha constante por nuestra supervivencia como el 0,2% de la población mundial y el “crimen” de haber nacido judíos. Mientras otros convocan a la intifada, nosotros nos tomamos de la mano para cantar el Hatikvá y rezar por la paz. ¿No pueden ver que somos los buenos? ¿Por qué somos las últimas personas en la Tierra en ganarnos la simpatía y comprensión del mundo, incluso por detrás de los terroristas? Jamás lo entenderé.
Todo parece una pesadilla de la que no puedo despertar. Quiero que la guerra termine. Quiero que dejen de enseñar a la gente a odiarnos desde la cuna. Quiero volver a preocuparme por cosas mundanas que no afectan mi derecho a existir. Quiero recordar cómo era la vida de antes.
Hasta entonces, rezaré para que el bien triunfe sobre el mal. Esperaré que más personas busquen la verdad y hablen por nosotros. Y seguiré siendo una judía orgullosa, porque no hay otro camino que pudiera llegar a elegir.
Una versión de este artículo fue publicada originalmente en The Times of Israel.
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Comparto todos los pensamientos expresados. Pero no soy judía callada. Uso mi Maguen David pequeño y el que lo ve, así es. Si preguntan, respondo. Si hay artículos que van más allá de lo aceptable, explico y enseño. Porque quedarse callados es aceptar. Contestar sin miedo pero con historia, es educar, dar cultura al ignorante. No se saca nada compartir hechos, entre nosotros, hay que compartirlos abiertamente usando las redes sociales, las mismas que son usadas por los que quieren destruirnos. Pero todo dentro del marco de la verdad y diplomacia. No agredir, enseñar