3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Lo que ocurrió en Sídney no es antisemitismo “ordinario”. Es parte de la yihad global. Y hasta que Occidente lo reconozca, enfrenta un peligro mortal.
El ataque terrorista de asesinato masivo en Sídney, Australia, no fue simplemente un incidente antisemita que se salió de control. Fue una operación militar profesional llevada a cabo como parte de la guerra yihadista global que se libra en todos los continentes.
Planificar una operación como esta requiere tiempo y recursos, lo cual solo fue posible en un entorno creado por el gobierno australiano que ha sido propicio para el desarrollo de infraestructura islamista radical. Un entorno que consiente la demonización de Israel y de los judíos en las calles, que permite que se cante “gas a los judíos” en el Puente de Sídney, que tolera e incluso respalda el lema genocida “desde el río hasta el mar”, un llamado al exterminio de todos los judíos israelíes.
Lo que ocurrió en Sídney es consecuencia de “globalizar la intifada”, una yihad contra los judíos.
Lo que ocurrió en Sídney es consecuencia de “globalizar la intifada”, una yihad contra los judíos. Es lo que ocurrió en Manchester, donde un terrorista atacó a judíos mientras rezaban en Iom Kipur. Es lo que ocurrió en Ámsterdam, donde hinchas de fútbol israelíes fueron cazados en las calles. Y puede ocurrir en cualquier lugar, a cualquier comunidad judía del mundo, porque “globalizar la intifada” significa exactamente eso: cazar judíos en todas partes. No es un movimiento de protesta. No es resistencia. Es una yihad de asesinato, terror y destrucción.
Al igual que la intifada original lanzada contra los judíos de Israel, la versión global no tiene nada que ver con un estado palestino. Nunca lo tuvo. Si se tratara de un estado, habría existido en 1948, en 1967, en el 2001 y muchas veces desde entonces. La guerra islamista de múltiples frentes, de Irán a Gaza, al Líbano y a Yemen, no trata de un estado palestino. Trata de la yihad, la expansión violenta de un movimiento islamista global cuyo único propósito es la destrucción primero del estado judío y luego de Occidente y del resto del mundo.
Cuando líderes occidentales, como el primer ministro australiano Anthony Albanese y sus contrapartes en Europa, en respuesta a la guerra de Gaza reconocen un estado palestino, se ponen en peligro a sí mismos. Recompensan el terror yihadista y cometen un error letal, letal para la supervivencia del mundo libre, porque los judíos son solo el primer objetivo. Los yihadistas apuntan a todos los infieles. Su consigna lo dice todo: primero el pueblo del sábado, luego el pueblo del domingo.
Ya estamos viendo cómo se lleva a cabo este objetivo en toda África, de Nigeria a Mozambique, de Sudán a Malí, yihadistas en marcha, masacrando cristianos. Y en Europa, sus capitales (Londres, París, Berlín y Ámsterdam, entre otras) tienen zonas vedadas en constante expansión gobernadas por la ley sharía. Lo que ocurrió en Sídney no es antisemitismo “ordinario”. Es parte de la yihad global. Y hasta que Occidente lo reconozca, enfrenta un peligro mortal.
Y eso comienza por reconocer que Israel y los judíos están en la primera línea defendiendo al mundo contra la yihad global. Se trata de que los gobiernos occidentales tengan el valor de nombrar el mal llamando al ataque en Bondi por lo que es: una yihad contra los judíos.
Abandonen a Israel y a los judíos, y se colocarán en la mira de los yihadistas. La historia judía enseña que quienes se levantan para destruir a los judíos buscan, en última instancia, destruir todo lo que es sagrado en el mundo.
Cuando los ciudadanos judíos de las democracias del mundo piden a sus gobiernos que los protejan de esta yihad, no es meramente un llamado a defender vidas judías, aunque eso por sí solo justificaría una acción decisiva. Es un llamado a salvar a esas sociedades, porque un lugar que no es seguro para los judíos no es seguro para ningún ser humano decente ni para los valores civilizados.
Quienes en Occidente corean “globalizar la intifada” son la élite académica, política y mediática de la izquierda woke que, en su odio a Israel, se ha convertido en los tontos útiles de los islamistas, unidos por un enemigo común: los valores básicos de la democracia liberal occidental. Valores que se originan en la Biblia hebrea: la soberanía y la libertad del individuo, la dignidad innata del ser humano creado a imagen de Dios, la fe, la familia, la responsabilidad personal, el valor sagrado de la vida, la grandeza del espíritu humano.
Para que Occidente sobreviva, debe recuperar la claridad moral y defender los valores sobre los que se construye la civilización. Aquí, en Sudáfrica, el apoyo del gobierno a Hamás e Irán está bajo escrutinio. Su casi completo silencio sobre la guerra yihadista que se libra en África es vergonzoso y peligroso.
Pero quiero decir esto a nuestro gobierno. El ataque en Australia es otra advertencia, no que hiciera falta una. En diciembre del año pasado hubo dos ataques contra centros comunitarios judíos el mismo día, uno en Melbourne y otro en Ciudad del Cabo. Existe una alta probabilidad de que estos ataques estuvieran vinculados. Las primeras indicaciones muestran que los terroristas estaban motivados por la ideología del Estado Islámico y que el tirador sobreviviente era seguidor del clérigo islamista radical Wisam Haddad.
Grupos yihadistas están activos en todo el continente. El mensaje a este gobierno sudafricano es muy claro. Han sido advertidos. No se atrevan a fallar a la comunidad judía ni a ningún sudafricano amante de la paz. Si, Dios no lo quiera, ocurre algún ataque terrorista en Sudáfrica, los consideraremos personalmente responsables, porque proteger a sus ciudadanos es su primera y más sagrada obligación.
Mientras los judíos de todo el mundo celebran la festividad de Janucá, recordamos a los valientes macabeos que lucharon contra la tiranía del antiguo imperio griego por el más sagrado de todos los derechos humanos: la libertad de conciencia, la libertad de adorar y practicar tu fe sin miedo, intimidación ni coerción.
Somos un pueblo antiguo y sabemos que nuestro destino divino de ser una luz para las naciones atrae a las fuerzas de la oscuridad que buscan extinguir esa luz. Como judíos, nunca hemos sido ni seremos intimidados. Cuando cantamos las palabras de Maoz Tzur mientras arden nuestras velas de Janucá, recordamos a las generaciones que, con la ayuda de Dios, superaron a quienes buscaron destruirnos. Esa misma fortaleza y desafío perduran hoy en nosotros.
Como quienes nos precedieron, con la ayuda de Dios, venceremos a la oscuridad. Derrotaremos a las fuerzas de la yihad y a sus cómplices voluntarios en Occidente. Cada vela que encendemos es una declaración: no seremos intimidados. No nos rendiremos. Y mantendremos encendidos nuestros valores divinos frente a la oscuridad.
Como judíos sudafricanos, estamos hombro con hombro con nuestros hermanos y hermanas de la comunidad judía australiana en este terrible momento. Nuestras dos comunidades están profundamente conectadas por lazos de familia e historia, y sentimos su pérdida, su dolor y su horror de manera personal.
Que Dios traiga sanación a los heridos y consuelo a las familias de los asesinados, junto con todos los demás dolientes de Sion y Jerusalem.
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