10 razones por las que amo ser judía


7 min de lectura
Un ejemplar infantil de Winnie-the-Pooh abre la puerta a una historia oculta: documentos falsificados, nombres enterrados y los judíos que sobrevivieron a la guerra en Polonia desapareciendo.
En Polonia, hasta Winnie-the-Pooh tiene una conexión con el Holocausto
El libro que tengo es delgado, el lomo se está deshaciendo. En la portada hay un oso que todos los niños del mundo conocen. Debajo del título aparece un nombre que casi nadie conoce: Irena Tuwim.
Ella nos dio a los niños polacos nuestro "Winnie-the-Pooh". Su hermano Julian nos dio "La locomotora", el poema con el que aprendí a leer. Su madre, Adela, fue asesinada a tiros por los alemanes durante la liquidación del gueto de Otwock, a las afueras de Varsovia.
Vuelvo a colocar el libro en el estante.
Esta es una historia sobre los judíos polacos que no murieron y que no se fueron de Polonia. Una minoría sobrevivió aquí a la guerra gracias a certificados de bautismo falsificados por sacerdotes católicos, escondiéndose en los departamentos de otras personas bajo nombres ajenos. Muchos conservaron esos nombres después. No se lo dijeron a sus hijos y, en 1968, cuando el gobierno se volvió nuevamente contra los judíos, aquel silencio demostró haber sido la decisión correcta.
Tres generaciones después, sus nietos están descubriendo la verdad, en una cultura que sus propias familias ayudaron a construir, donde casi nadie es capaz de ver a un judío parado frente a ellos.
"El judaísmo polaco fue destruido". Esa afirmación es cierta, pero no es toda la verdad.
Antes de la guerra vivían aquí unos 3,3 millones de judíos: uno de cada diez ciudadanos del país. Varsovia albergaba cerca de 370.000, lo que la convertía en la segunda ciudad judía más grande del mundo después de Nueva York.
Alrededor de 350.000 sobrevivieron, la mayoría de ellos esperando que terminara la guerra en lo profundo de la Unión Soviética, pero muchos sobrevivientes mantuvieron en secreto su identidad judía durante el resto de sus vidas.
Sacerdotes católicos emitieron certificados de bautismo para personas que en realidad nunca habían sido bautizadas. No hubo ceremonia ni profesión de fe; solo un trozo de papel y una anotación en un registro parroquial para salvarlos.
Sacramentalmente, no ocurrió nada. Sobre el papel, ocurrió todo.
Treinta sacerdotes fueron asesinados por esconder judíos.
Alrededor de mil sacerdotes ayudaron a los judíos. La oficina parroquial de la iglesia de Todos los Santos en la plaza Grzybowski, una iglesia que se encontraba dentro del gueto de Varsovia, emitió cientos de certificados falsificados, y su párroco, Marceli Godlewski, es reconocido como 'Justo entre las Naciones' desde 2009. Cualquier polaco que ayudara a un judío se enfrentaba a la pena de muerte. Treinta sacerdotes fueron asesinados por esconder judíos.
El certificado funcionaba con un alemán que revisaba documentos en la calle. No funcionaba con un vecino que recordaba haber vivido con ellos en el edificio antes de la guerra. No funcionaba con un chantajista.
Krzysztof Kamil Baczyński, un poeta que los polacos memorizan en la escuela, sobrevivió a la ocupación junto con su madre utilizando documentos arios. Stefania provenía de una familia asimilada de apellido Zieleńczyk. El propio Baczyński murió como soldado del Levantamiento de Varsovia el 4 de agosto de 1944.
En 1942, en Lwów, hoy Lviv, en Ucrania, Zuzanna Ginczanka se encontró con un vecino. Él era el encargado de su edificio y la denunció ante los alemanes, pero ella logró escapar. Se escondió durante dos años más y, en la primavera de 1944, los alemanes la fusilaron en el campo de Płaszów, a las afueras de Cracovia; tenía 27 años. Después de la guerra, un tribunal polaco condenó al encargado a cuatro años por colaborar con los alemanes; la prueba fue el poema en el que Ginczanka lo había mencionado.
Muchos sobrevivientes nunca volvieron a utilizar sus verdaderos nombres. El autor Jerzy Kosiński nació como Józef Lewinkopf y sobrevivió a la guerra gracias a un certificado que le emitió un sacerdote llamado Eugeniusz Okoń. El nombre de los documentos falsificados se quedó con él para siempre; publicó "El pájaro pintado" y "Desde el jardín" bajo ese nombre.
Quienes revelaron sus orígenes y sus raíces judías después de la guerra descubrieron, 23 años más tarde, que habían cometido un error.
El 19 de marzo de 1968, el líder comunista de Polonia, Władysław Gomułka, habló en el Palacio de la Cultura de Varsovia y anunció que entregaría pasaportes de salida a cualquiera que "considere a Israel su patria". Ya había llamado a los judíos que celebraron la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días una "quinta columna". Ese fue el fin de la vida judía organizada en Polonia.
Carteles de “Sionistas a Israel” en una manifestación en Polonia en 1968
Entre 1968 y 1971, unos 13.000 judíos abandonaron el país. No recibieron pasaportes. Recibieron un "documento de viaje" que declaraba que el titular no era ciudadano de la República Popular de Polonia. Era un boleto de ida.
Se fueron alrededor de 500 académicos —entre ellos el sociólogo Zygmunt Bauman y el filósofo Leszek Kołakowski—, junto con unos 200 periodistas y casi cien artistas.
Uno de ellos fue Aleksander Ford, nacido Mosze Lifszyc. Ocho años antes había dirigido "Los caballeros de la Orden Teutónica", que sigue siendo la película polaca con mayor asistencia de la historia, con más de 32 millones de entradas vendidas. No existe una película más patriótica en la historia del cine polaco. En 1968, el hombre que la hizo fue expulsado del país.
Los judíos tuvieron un impacto considerable en la cultura polaca. Los hermanos Tuwim son apenas el comienzo de una larga lista. Después de Pooh viene "La academia del profesor Inkblot", una yeshivá de cuento de hadas dirigida por un tzadik (sabio justo) llamado Inkblot, escrita en 1946 por Jan Brzechwa, nacido Jan Wiktor Lesman, primo del poeta Bolesław Leśmian. Luego viene "El rey Matías I", que para los niños polacos es aproximadamente lo que Peter Pan es para los estadounidenses, escrito por Janusz Korczak, nacido Henryk Goldszmit. Después, en la escuela secundaria, vienen los relatos de Bruno Schulz y la ciencia ficción de Stanisław Lem.
La academia del profesor Inkblot
La principal arteria de Varsovia se llama Aleje Jerozolimskie, 'Avenida Jerusalem', por Nueva Jerusalem, un asentamiento judío fundado en 1775 y destruido por orden judicial seis meses después. El asentamiento duró unos pocos meses. El nombre ha perdurado dos siglos y medio.
Casi todas las ciudades polacas tienen una calle Tuwim o una calle Zamenhof, llamada así por el hombre de Białystok que inventó el esperanto. Muchas tienen una calle que lleva el nombre del poeta Antoni Słonimski. Su abuelo Chaim Zelig fundó "Ha-Tsefira" en 1862, el primer semanario en hebreo de divulgación científica. Łódź tiene un monumento a Artur Rubinstein y una sala dedicada a él en el museo que ocupa el palacio de los Poznański, una familia de industriales judíos.
En Polonia tenemos una cultura profundamente judía en la que los judíos son casi invisibles.
Conozco personas que, en la tercera generación, empiezan a notar que algo en la historia familiar no encaja. Una fotografía en la que nadie puede ser identificado. Una abuela que no decía de dónde venía. Un apellido cuyo rastro se pierde en algún punto.
Algunos corren hacia su identidad polaca para que los dejen en paz. Otros buscan a sus antepasados para poder dejar de ser extraños en sus propias vidas. A veces viven en el mismo piso.
Para quienes deciden buscar, los espera una crueldad particular.
En el judaísmo, el estatus judío se transmite por la madre. O sabes la respuesta o no la sabes. Pero para muchos judíos polacos los documentos fueron destruidos y las huellas ocultadas tan bien que ni 20 años en los archivos aportan claridad. Sus abuelos lo escondieron bien para sobrevivir.
Sin embargo, la comunidad judía de Varsovia acepta a cualquiera que tenga un solo abuelo judío, el criterio de la Ley del Retorno de Israel. Y cualquiera que no tenga documentos es invitado a sentarse con un rabino.
No es fácil ser judío en Polonia hoy.
Aquí no queda ni una sola ciudad judía y apenas un puñado de sinagogas en funcionamiento. Las comunidades judías contabilizaron 1.704 miembros en 2021, y las estimaciones sobre el número total de judíos en el país oscilan entre 8.000 y 40.000, lo que significa que nadie lo sabe. El Teatro Judío de Varsovia no tiene edificio propio desde 2016.
En Varsovia, una ciudad de dos millones de habitantes, hay una sola tienda kosher, con precios propios de un país más rico. Y el rabino principal de Polonia no come carne.
Mientras tanto, alrededor del 30 por ciento de las exportaciones polacas de carne provienen del sacrificio ritual, halal y kosher, un segmento valorado en cerca de 1.800 millones de dólares al año.
Polonia exporta productos kosher y casi no tiene ninguno en casa.
En mi primera clase de hebreo, en la Fundación Moses Schorr, me senté preguntándome quiénes eran los otros estudiantes y por qué habían venido. Nadie lo dijo voluntariamente y nadie preguntó. Pero cuando el profesor leyó en voz alta las primeras palabras, la mitad de la sala tenía los ojos llenos de lágrimas.
Mi clase de hebreo se reúne en el edificio junto a la Sinagoga Nożyk, y hay un guardia en la puerta y una patrulla de policía afuera.
Es 2026. Un partido cuyo líder vació un extintor sobre una menorá de Janucá en el Parlamento polaco, y que ahora está siendo juzgado por incitar al odio contra los judíos, ha estado obteniendo alrededor del diez por ciento en las encuestas. Mi clase de hebreo se reúne en el edificio junto a la Sinagoga Nożyk, y hay un guardia en la puerta y una patrulla de policía afuera. Comprendo mejor que hace un año el silencio de generaciones. Y me asusta.
No eran traidores. Eligieron la vida, que es exactamente lo que exige la Torá.
Hoy saco del estante el libro de Winnie-the-Pooh y se lo leo a mi primita. Todavía no le explico quién fue Irena Tuwim ni qué le ocurrió a su madre en Otwock; es demasiado pequeña para eso.
Pero algún día se lo contaré todo.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.