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El éxito no es lineal. Los retrocesos suelen ser precisamente los motores del crecimiento.
Las estadísticas le otorgan al equipo de fútbol americano Denver Broncos uno de los mejores récords de rendimiento de la NFL y, al mismo tiempo, lideran la liga en cantidad de despejes (cuando se patea el balón hacia el otro lado del campo para alejarlo de su propia zona). A primera vista, esos números no deberían coexistir. Un despeje indica fracaso: una ofensiva que no pudo avanzar, una serie que se quedó corta. ¿Cómo puede ser que el equipo que más despeja también sea uno de los que más gana?
Un amigo me planteó esta pregunta y le di esta posible respuesta. La contradicción misma contiene el mensaje. El éxito no es lineal. No puedes anotar en cada serie, controlar cada jugada ni esperar un progreso ininterrumpido. A veces ganas precisamente porque estás dispuesto a "despejar", porque sabes cuándo dar un paso atrás, reiniciar y reenfocarte en el objetivo mayor.
El mero acto de “despejar” no es un desvío del éxito, sino una parte integral de él.
Por más que deseamos que la vida sea simple, estable y predecible, rara vez se desarrolla de esa manera. La vida se mueve en olas: altibajos, victorias y derrotas, avances y frustrantes retrocesos. Nuestro instinto suele ser resistir este patrón o sentirnos molestos por él. Pero el enfoque más saludable es reconocer que este ritmo es parte de ser humano y continuar guiándonos en la dirección correcta.
La vida es como un electrocardiograma. Una línea plana, perfectamente recta, significa que el corazón se ha detenido. Las líneas ondulantes que suben y bajan muestran que alguien está realmente vivo. La vida funciona de la misma manera. Los momentos tanto de inspiración como de lucha indican crecimiento y vitalidad interior. Una vida perfectamente suave podría sonar atractiva, pero significaría ningún movimiento, ningún desafío, ningún desarrollo real.
Los momentos tanto de inspiración como de lucha indican crecimiento y vitalidad interior.
La tradición judía captura esto en una famosa enseñanza de Proverbios: “Sheva ipol tzadik vekam” — siete veces cae el justo y se levanta. A primera vista, parece que el éxito ocurre a pesar del fracaso. Pero nuestros sabios explican algo más profundo: el justo se levanta no a pesar de las caídas, sino por ellas. Cada retroceso se convierte en parte del proceso que construye resiliencia, claridad y fortaleza.
Un maestro jasídico, el Jidushei HaRim, explica que lo que una persona gana de una caída nunca puede ganarlo de un éxito ininterrumpido. El fracaso nos hace humildes, afina nuestro carácter y nos vuelve más sensibles a las luchas de los demás. Nos obliga a reconocer nuestras limitaciones y a reconectarnos con algo más elevado que nosotros mismos. En ese sentido, la caída no es una interrupción del crecimiento sino uno de sus motores más poderosos.
El versículo no dice: “Una persona cae siete veces y luego un justo se levanta”. Dice: “siete veces cae el justo y se levanta”. Es decir: el mero acto de levantarse es lo que hace que alguien sea justo. Su identidad no proviene de evitar el fracaso, sino de negarse a ser definido por él. Los retrocesos se convierten en los peldaños de la escalera que asciende.
La leyenda del tenis Roger Federer ilustró esto bellamente en un famoso discurso de graduación en Dartmouth. A lo largo de su carrera ganó casi el 80% de sus partidos, pero solo el 54% de los puntos individuales que jugó. Incluso los mejores jugadores del mundo pierden casi la mitad de sus puntos. Por eso, dijo Federer, él aprendió a no obsesionarse con cada error. Cada punto (bueno o malo) era solo un punto. Una vez que pasaba, lo dejaba ir para poder estar plenamente presente en el siguiente.
Los campeones no son los que nunca fallan; son los que aprenden a recuperarse.
Feder continuó diciendo: sea cual sea el “partido” que estés jugando en la vida (carrera, relaciones, sueños), a veces perderás. Todos lo hacen. La clave no es la perfección, sino cuán rápido puedes reiniciar, reenfocarte y seguir adelante. Los campeones no son los que nunca fallan; son los que aprenden a recuperarse.
Michael Jordan expresó esto en un famoso comercial de Nike. Caminando fuera de una arena tenuemente iluminada, recordó sus fracasos: más de 9.000 tiros fallados, casi 300 partidos perdidos, 26 tiros ganadores errados. Luego concluyó: “Y por eso tengo éxito”.
Por lo tanto, la próxima vez que caigas (y esto ocurrirá), recuerda:
Los Denver Broncos, en primer lugar, despejan más que cualquier equipo de la liga.
Roger Federer perdió casi la mitad de sus puntos.
Michael Jordan falló miles de tiros.
Y el modelo judío de rectitud incluye caer siete veces.
Tus tropiezos no te descalifican de la grandeza. Son precisamente el camino hacia ella.
No temas las fluctuaciones. Abrázalas. Significan que estás vivo, creciendo y en un verdadero viaje. Significan que tu corazón sigue latiendo.
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