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¿Por qué los escritos judíos están repletos de diferentes nombres para Dios y qué significan?
Dios es central en la creencia judía: Él creó el mundo para tu beneficio y placer, y el mayor placer es tener una relación con Él. La Torá, el libro que define la vida espiritual judía, enseña cómo establecer y mantener esa relación.
La Torá y los libros bíblicos posteriores, dependiendo de varios factores exegéticos, usan al menos ocho nombres diferentes para Dios, así como diversas permutaciones y combinaciones de esos nombres. ¿Qué significan esos nombres y por qué la Torá no dice simplemente “Dios”?
En este artículo:
Según el pensamiento judío, Dios es la fuente omnipotente, infinita y todopoderosa de la existencia. Él creó el mundo, lo sostiene y supervisa todo lo que sucede en toda la existencia.(1)
Esa idea, llevada a su extremo lógico, significa que Dios es el único poder. En última instancia, todo lo que sucede, en cualquier lugar y en todo momento, sólo ocurre gracias a Su participación directa, íntima y constante. Incluso algo tan minúsculo como mantener la relación entre un electrón y el núcleo de un átomo (y eso en cada átomo del universo) sucede únicamente por Su participación directa.
Nada existe ni sucede independientemente de la voluntad de Dios.
Dios también está íntimamente involucrado en tu vida. Él es el único poder, la única realidad, y creó todo, es decir, toda la existencia, para ti.(2)
La gran paradoja de la creencia judía es que a pesar de la ubicuidad de Dios en la vida y el pensamiento judío, Su esencia es totalmente incognoscible. Como un ser físico y finito, confinado a una realidad tridimensional limitada por el tiempo, puedes hablar, en términos conceptuales, de algo más allá de eso, algo multidimensional o incluso infinito, pero no puedes comprenderlo ni experimentarlo de forma real o significativa.
Por ejemplo, ni siquiera puedes formular la pregunta: “¿Qué había antes de que Dios creara el mundo?”, porque “antes” implica tiempo, y en el principio, Dios creó el tiempo. Un concepto como “antes” es una función del tiempo, y no puede existir si el tiempo no existe. No puede haber un “antes” del tiempo. Eso es imposible. En otras palabras, puedes plantear el tema, e incluso teorizar sobre la idea en abstracto, pero no puedes entender la respuesta.
En un nivel más profundo, el hombre no sabe qué es Dios, ni siquiera qué hace Dios, porque Sus acciones infinitas también son imposibles de comprender. Pero, obviamente, puedes entender los resultados de Sus acciones, porque ese es el mundo en el que vives.
Ver la mano de Dios en tu vida, lo que se conoce como Providencia, descifrar los diferentes mensajes, comprender Su participación y relacionarte con ella según tu perspectiva, es la razón por la que la Torá utiliza diferentes nombres para Dios: estos nombres no explican qué es Dios ni lo que hace, sino las diferentes formas en que te relacionas con Él.
En tu vida diaria, las diferentes personas con las que interactúas usan distintos nombres al hablar contigo o sobre ti, y eso refleja las diferentes clases de relación que tienes con cada una.
Por ejemplo, mi nombre es Tzvi, pero mis hijos no me llaman así. Me llaman “Aba”. Mis compañeros de trabajo me llaman Tzvi, aunque algunos, ya sea por diferencia de edad o por formalidad, se refieren a mí como “Rabino Tzvi” o incluso “Rabino Gluckin”. En el banco, o cuando alguien intenta venderme algo, me llaman “Sr. Gluckin”, aunque en el mundo extremadamente informal de hoy, a veces los desconocidos me llaman “Tzvi” (o me preguntan: “¿Cómo se pronuncia eso, y te molesta si uso tu primer nombre?”). Mi esposa me llama Tzvi, aunque a veces usa el diminutivo “Tzviki”, a menos que yo haya hecho algo mal, en cuyo caso mi nombre cambia a algo más colorido.
Eso es normal. A lo largo del día, diferentes personas, dependiendo de la relación, también usan distintos nombres para referirse a ti.
Ese concepto se aplica también a tu relación con Dios, por lo que la Torá utiliza distintos nombres al referirse a Él.
La Torá, así como otros libros de la Biblia, utilizan ocho nombres diferentes al referirse a Dios. Estos incluyen:
A veces llamado el Tetragrámaton, el Nombre de Cuatro Letras es una contracción de las palabras hebreas para “fue” (היה), “es” (הוה) y “será” (יהיה),(3) y representa la idea de que Dios trasciende el tiempo (Él creó el tiempo) así como todos los demás aspectos del mundo físico y corporal. Este nombre también representa tu relación personal con Él, ya que trasciende las leyes fijas de la naturaleza, y es el nombre que siempre se utiliza en asociación con los sentimientos, atributos y motivaciones de Dios.
Elohim es el nombre que se refiere a la omnipotencia de Dios y como la constante que mantiene la existencia. Cada letra hebrea también tiene un valor numérico, y las letras que componen el nombre Elohim suman 86, que es el mismo valor que Hateva (הטבע), o naturaleza, lo que indica que Dios es la fuerza que anima la naturaleza.
Shadai representa la idea de que el mundo físico tridimensional es una manifestación de la voluntad de Dios, no de Sus habilidades. Las habilidades de Dios son infinitas e incognoscibles, pero Él no creó un mundo de esa magnitud, sino el mundo que Él quiso, que es finito y cognoscible. Es un mundo de limitaciones y fronteras. Eso es intencional, ya que le da al hombre la libertad de construirse a sí mismo. El nombre Shadai enseña eso, ya que proviene de las palabras hebreas sh (ש), “que [Él dijo al mundo]”, dai (די), “suficiente”,(4) indicando que cuando Dios creó el mundo, dijo: “basta” o “detente en este punto exacto”.
El nombre Adonai (אדני) proviene de la palabra hebrea Adon (אדון), y significa “mi Señor”. Se usa en la plegaria y al leer la Torá en lugar de pronunciar el Nombre de Cuatro Letras, el cual nunca se pronuncia.
Hashem (השם) es hebreo para “el Nombre” y se usa siempre que se diría Adonai en la oración o al leer la Torá, pero en momentos en que no se está rezando o leyendo en público. También es una forma de referirse a Dios en otros contextos, ya sea estudiando o conversando informalmente.
En la creencia judía, Dios no tiene cuerpo. No ocupa espacio físico ni tiene género. Sin embargo, en el uso común, casi siempre se lo menciona en masculino, como “Él”. Esto se debe a que los dos géneros, masculino y femenino, se utilizan en el pensamiento místico judío como formas de entender diferentes aspectos de la relación con Dios.
El concepto de lo masculino, similar a los órganos reproductivos del hombre, es externo. Representa las interacciones de Dios con el mundo, ya sea a través de la intervención divina, los milagros o la comunicación.
El concepto de lo femenino, similar a los órganos reproductivos de la mujer, es interno. Representa la presencia de Dios, que es oculta, interna y a veces silenciosa; pero que puede sentirse en momentos de inspiración espiritual y conciencia.
Cuando se habla de Dios, rara vez se habla de Su presencia oculta, sino más bien de Sus acciones, es decir, lo que Él está haciendo en el mundo, o como el Dios al que rezas, y esas son las cosas externas, aquellasa las que nos referimos como “Él”.
Ocho nombres diferentes de Dios se usan a lo largo de la Torá y en los libros posteriores de la Biblia. Estos nombres a veces se combinan, y a veces se vocalizan de maneras diferentes o alternativas. Los escritos rabínicos y místicos posteriores también utilizan nombres adicionales para referirse a Dios.
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