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Los frutos de la indulgencia en los placeres

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Noaj (Génesis 6:9-11:32 )

por Rav Isajar Frand

¿Qué fue exactamente lo que hicieron las personas de la Generación del Diluvio (Dor Hamabul) para merecer semejante castigo? La Torá es bastante explícita en este sentido. "Pero la tierra se había corrompido delante de Dios, y la tierra se había llenado de violencia" (Génesis 6:11). Eran corruptos, degenerados, violentos. Llegaron a los límites extremos de la perversión, lo que afectó incluso a los animales y a la tierra misma. Podemos entender que cuando la sociedad llegó a tal grado de depravación que ya era incorregible, llegó el momento de borrar todo y comenzar de nuevo.

Pero el Midrash nos dice algo completamente diferente (Bereshit Rabá 32:2). Los hombres de la Generación del Diluvio acostumbraban a tomar dos esposas. Una estaba destinada a tener hijos y la otra a acompañar a su marido. La primera era obligada a vivir en aislamiento, en un estado virtual de viudez mientras su esposo estaba vivo. A la segunda le daban medicamentos para esterilizarla. Ella se sentaba junto a su marido, sumamente maquillada, y lo entretenía. Esto se infiere del versículo de Iov (24:21): "Anima a la mujer estéril que no da a luz, pero no beneficia a la viuda". Rashi cita este Midrash en Bereshit (4:19).

Por cierto, nadie afirmaría que esta clase de práctica refleja elevados niveles de espiritualidad. De hecho, esto claramente indica un alto nivel de autocomplacencia. ¿Pero acaso este pecado fue tan terrible como para que toda la raza humana tuviera que ser aniquilada? ¿Era un nivel de corrupción tan abismal como para que el Diluvio tuviera que arrasar y destruir al mundo?

La respuesta es que este Midrash no brinda una imagen de la sociedad previa al diluvio en su degeneración final, sino que más bien revela la causa fundamental del precipitado declive de la sociedad. ¿Cómo llega la sociedad a caer tan bajo como para ser definida por la degeneración generalizada, el robo y la violencia? Cuando convierte en el valor principal la búsqueda desenfrenada del placer personal.

Comer, beber, divertirse. Pasarla bien. Disfrutar. Vivir el hoy. Autocomplacencia. Gratificación. Cuando estos son los valores de la sociedad, cuando la brújula moral enloquece, el camino es descendente. Hoy pueden limitarse a tener esposas sólo para tener placer y esterilizarlas, pero mañana inevitablemente expandirán sus horizontes. Eventualmente sus ojos codiciosos se posarán en indulgencias ilícitas no exploradas y en toda clase de actos de perversión e inmoralidad. Es sólo una cuestión de tiempo. El sistema de las dos esposas condujo al "mundo corrupto lleno de violencia" que provocó el Diluvio.

Lamentablemente, en nuestra propia época tenemos una viva ilustración de este proceso. Observemos lo que ocurrió en las últimas décadas. Apenas la sociedad abrió la puerta a la permisividad y la autocomplacencia, entró en un brutal espiral descendente. La moralidad se volvió una cosa del pasado. La vida familiar se está desintegrando. El respeto por la autoridad y la responsabilidad cívica prácticamente no existen. Las drogas y el alcohol toman el control a una edad muy temprana. Todo lo que importa es pasarla bien. La gente mide el valor de su vida de acuerdo a la cantidad de botones de placer que logró presionar.

Esto nos permite comprender un pasaje bastante desconcertante del Midrash (Bereshit Rabá 36:3). La Torá (9:20) nos dice que después del Diluvio "Nóaj, el hombre de la tierra, se profanó y plantó un viñedo". Los Sabios señalan que Nóaj originalmente fue descripto como un "hombre justo y perfecto en sus generaciones" (6:9), pero ahora es descripto como un humilde "hombre de la tierra". En contraste, Moshé originalmente fue descripto como "un hombre egipcio" (Shemot 2:19) y finalmente como "un hombre de Dios" (Devarim 33:2). Moshé se elevó, pero Nóaj descendió. Y todo por plantar un viñedo.

¿Por qué es tan terrible plantar un viñedo? De acuerdo, hubiera sido mejor sembrar un poco de trigo o guisantes para proporcionar un poco de nutrición básica. Probablemente Nóaj se equivocó al elegir comenzar con un viñedo. ¿Pero cómo se "profanó"? ¿Plantar un viñedo es un crimen tan terrible?

En verdad sí. Al plantar un viñedo antes que cualquier otra cosa, Nóaj demostró que no había aprendido por completo la lección del Diluvio. Él vio el resultado final de muchos años de degeneración: la perversión, la inmoralidad, la violencia. Sin embargo, él no llegó a penetrar hasta sus causas básicas. Nóaj no logró ver toda la imagen. No reconoció que todo había comenzado con un poco de autocomplacencia aparentemente inofensiva. Él no comprendió que el viñedo, la autoindulgencia del vino intoxicante, era el símbolo del espiral descendente que llevó al Diluvio.

Si había una cosa que no debía hacer después de semejante Diluvio, eso era precisamente plantar un viñedo.




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