Los gemelos de Tamar

07/12/2025

3 min de lectura

Vaieshev (Génesis 37-40 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

Entre los muchos acontecimientos de la parashá de esta semana se encuentra la historia de Tamar, la nuera de Iehudá, que da a luz a gemelos. La Torá entra en considerables detalles sobre este suceso (Génesis 38:27–30):

Mientras Tamar está dando a luz, sale la mano de uno de los gemelos y la partera ata un hilo alrededor de ella para saber cuál niño nació primero. Luego este bebé retira su mano y nace su hermano, Peretz. Solo entonces Tamar da a luz al bebé que tiene el hilo en la mano, y a este lo llaman Zeraj.

Todos los detalles sobre este nacimiento parecen innecesarios, sobre todo si se considera que la Torá casi no relata nada más acerca de Peretz y Zeraj. La Torá no describe los nacimientos de Abraham ni de muchas otras grandes personalidades. ¿Cuál es la relevancia de la descripción paso a paso del nacimiento de estos gemelos?

El Kedushat Levi ofrece una comprensión metafórica de este pasaje que nos ayudará a obtener una visión más profunda. El Talmud (Nidá 30b) enseña que cada bebé no nacido tiene una vela encendida junto a su cabeza, y que el alma del bebé puede ver de un extremo al otro del mundo. Cuando el bebé sale del vientre de su madre, un ángel le da un golpecito en los labios, y el bebé olvida toda la Torá que aprendió en el vientre.

Según el Kedushat Levi, este golpe en los labios no debe entenderse como un castigo, sino más bien como un regalo Divino. Este mundo está lleno de tentaciones, y el conocimiento a veces se usa de manera incorrecta para perseguir metas corruptas. En el momento del nacimiento, Dios nos quita todo nuestro conocimiento para que entremos en este mundo en un estado de pureza. La inocencia de la infancia nos permite comenzar la vida con una conexión pura e íntegra con Dios.

A medida que crecemos y maduramos, Dios crea una barrera (mejitzá), lo que nos hace más difícil alcanzar la conexión Divina completa que nos era tan natural cuando éramos niños. No obstante, podemos usar nuestra inteligencia madura para reconectarnos con Dios, si comprendemos que este mundo no tiene un propósito en sí mismo. Nuestros Sabios expresan esta idea de forma sucinta: "Cuanta más carne, más gusanos" (Avot 2:7). La pura materialidad, desprovista de propósito, carece de sentido.

Esto está insinuado en los nombres Peretz y Zeraj: Podemos elegir usar nuestra inteligencia para reconocer esto y conectarnos con Dios rompiendo (paratz) la barrera que crea nuestro conocimiento. Una vez que esta barrera se rompe, Dios hará brillar (zaraj) sobre nosotros una luz santa.

LUZ RESPLANDECIENTE

En un nivel más profundo, esta es la lección que la Torá nos transmite a través de la historia del nacimiento de los gemelos de Tamar. El paradigma del nacimiento se aplica a todos nosotros, aludiendo a nuestro deseo de recrearnos y crecer en direcciones positivas. Al comienzo del pasaje que describe el nacimiento, la Torá nos dice: "y él sacó su mano" (Génesis 38:28). Esto puede entenderse como que Dios extiende Su mano: una interpretación metafórica de la ayuda Divina que recibimos al nacer, cuando nuestro conocimiento es removido, permitiéndonos comenzar la vida en un estado de pureza, sin sucumbir a la tentación.

El versículo siguiente, "y él retiró su mano" (Génesis 38:29), puede entenderse como que Dios retira Su ayuda a medida que maduramos, ya que la barrera del conocimiento hace más difícil conectarnos con lo Divino.

Cuando la Torá dice: "¡Y he aquí que salió su hermano!", tenemos una alusión al nacimiento de un niño, que llega al mundo con el potencial de acercarse a lo Divino y alcanzar, por así decirlo, un estado de "hermandad" con Dios.

A medida que crecemos y nuestro conocimiento madura, podemos tomar la decisión de romper (paratz) las barreras intelectuales que nos separan de Dios. Esto nos hace dignos del nombre Peretz (literalmente, "romper"). Cuando tomamos esta decisión, Dios hace brillar (zoreaj) sobre nosotros una luz santa, como lo indica el nombre Zeraj (literalmente, "brillar").

La historia de este nacimiento aparece con tanto detalle porque no se refiere solo a Peretz y Zeraj, sino que alude a las posibilidades inherentes en cada nacimiento. La Torá nos enseña que todos tenemos el potencial de reconectarnos con Dios a medida que crecemos y maduramos.

Que seamos bendecidos para usar nuestras capacidades intelectuales para derribar todas las barreras y recuperar nuestra inocencia y pureza innatas, para que Dios haga brillar sobre nosotros la luz santa.

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