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Los hijos son un regalo

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Devarim (Deuteronomio 1:1-3:22 )

por Rav Isajar Frand

Rashi nos cuenta que el pueblo judío no estaba demasiado contento con la bendición que le dio Moshé: "Que Hashem, el Dios de sus ancestros, les añada tanto como son mil veces más, y los bendiga tal como Él les ha hablado".

El pueblo respondió: "¿Sólo eso y no más? ¿Ese es todo el alcance de tu bendición? Hashem nos bendijo (Bereshit 32:13) para que seamos 'como el polvo de la tierra que es demasiado numeroso para contarlo'".

Moshé les respondió: "Por cierto recibirán también aquello con lo que los bendijo Hashem. Esta es sólo mi bendición personal para ustedes".

¿Cuál fue exactamente la respuesta de Moshé? ¿Qué beneficio adicional tendría el pueblo judío de su bendición para que recibieran mil veces más si ellos ya habían recibido la bendición de Hashem de incrementarse de forma virtualmente ilimitada?

El Jatam Sofer explica que Moshé los estaba poniendo a prueba. ¿Por qué querían tener hijos? ¿Se debía a que tener hijos era útil, porque podían ayudarlos a ocuparse de las tareas hogareñas, proveían compañía y eran una fuente de seguridad cuando fueran ancianos? ¿O se debía a que cada niño era una chispa Divina, un regalo sumamente valioso del Cielo, una porción del Mundo Venidero?

Por eso Moshé puso esta prueba ante el pueblo judío. Él los bendijo para que su población se incrementara "mil" veces. Si ellos querían tener hijos sólo porque les resultaban útiles, hubieran dicho: "Gracias, eso ya es suficiente. Incrementarnos mil veces es adecuado a nuestro propósito. En este momento no precisamos más que eso". Pero no fue eso lo que dijo el pueblo. Ellos querían más hijos. Querían hijos "demasiado numerosos para contarlos". Obviamente, no estaban pensando en sus propias necesidades materiales y emocionales, sino en la bendición de trascendencia que representa cada niño. De esta manera probaron que eran meritorios de la bendición de Hashem.

Cientos de años antes ya habían aparecido estas dos actitudes conflictivas respecto a los hijos. Iaakov y Esav hicieron una división. Esav recibiría este mundo y Iaakov el Mundo Venidero. Cuando Iaakov regresó de Aram, Esav lo recibió a la cabeza de un ejército de cuatrocientos hombres fuertes. En los primeros y tensos minutos de la confrontación, Esav notó que Iaakov tenía muchos hijos.

"¿Quiénes son estos niños?", preguntó Esav.

"Estos son los hijos que Hashem le dio bondadosamente a tu siervo", respondió Iaakov.

El Pirkei deRabi Eliezer expande el diálogo entre Iaakov y ESav y revela la discusión subyacente.

"¿Qué haces con todos estos niños?", preguntó Esav. "Pensé que hicimos una división, que yo tomaría este mundo y tú te quedarías con el Mundo Venidero. Entonces, ¿por qué tuviste tantos hijos? ¿Qué tienen que ver los hijos con el Mundo Venidero? ¡Los hijos son una bendición en este mundo!".

"No es así", respondió Iaakov. "Los hijos son chispas de la Divinidad. La oportunidad de criar un hijo, de desarrollar un alma Divina permitiéndole entrar al Mundo Venidero, es un privilegio del máximo valor espiritual. Por eso tuve hijos".

Iaakov quería hijos por el bien de ellos, pero Esav los consideraba como un bien en este mundo. Los hijos son un par extra de manos en la granja. Ellos pueden ordeñar las vacas y ayudar con muchas otras tareas que deben cumplirse en las sociedades agrarias.

El hombre moderno ha progresado más allá de la vida agraria. Salió de la granja y ya no necesita a los hijos. De hecho, el hombre llegó a un sorprendente descubrimiento: los hijos son una carga terrible. Cuestan dinero, consumen tiempo y son exasperantes. ¿Quién necesita hijos?

¿Pero qué ocurre con la compañía? ¿Con la soledad? No hay problema. El hombre moderno puede tener un perro. Los perros son maravillosos. En vez de regresar a una casa repleta de reclamos, demandas y niños frustrados, puede volver a casa y encontrar un perro que se alegra al verlo; que puede buscarle las pantuflas y traerle el periódico. ¿Para qué necesita hijos? Esa es la actitud de Esav adaptada a los tiempos modernos.

Iaakov, por otro lado, entiende que el propósito de los hijos no es para disfrutar de este mundo ni para que nuestra vida sea más sencilla. Cada hijo representa una misión espiritual, una chispa de Divinidad que se confía a nuestro cuidado y guía, una oportunidad de cumplir el deseo de Hashem de que esa alma llegue al Mundo Venidero.





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