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Los huérfanos de Ochberg: el rescate de 197 huérfanos judíos

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22/07/2022 | por Yvette Alt Miller

A cien años de la extraordinaria misión de rescate de Isaac Ochberg.

Aunque Peggy Gaby quedó huérfana cuando era muy pequeña, siempre se mantuvo en contacto con el hombre a quien llamó "papá".

“Es difícil leer la carta”, explicó en una entrevista con Aishlatino.com la nieta de Peggy, Yael Pritzker. Ella iba descifrando lentamente las palabras borrosas de una de las más preciadas reliquias de su familia, una carta que su abuela escribió al hombre que le salvó la vida. “Querido papá Ochberg, antes que nada, unas breves palabras para que sepas que todos estamos bien. Recibimos tu carta. Me alegró mucho saber que tú y tu familia llegaron a salvo…”

Peggy Gaby nació en 1910 en Kovel, un pueblo en Ucrania. En ese entonces era conocida como Pesha, hablaba sólo en idish y vivía en las circunstancias más terribles, como cientos de miles de judíos de Europa Oriental en la época. Su padre, su hermano y su hermana murieron de tifus e inanición; su madre murió de un accidente cerebrovascular. Sólo quedaban ella y sus dos hermanas. Eran tan pobres que lo único que poseía una de sus hermanas era un vestido hecho de una bolsa de arpillera, y eso era lo que vestía cada día.

El comienzo de la década de 1920 fue una época terrible para los huérfanos judíos en Europa Oriental. Y eran muchos. Se estima que en 1921 había más de 350.000 niños judíos huérfanos en la región. Asolados por el hambre, el tifus y otras enfermedades, también se vieron afectados por la brutal guerra civil que se propagó rápidamente en Rusia entre los bolcheviques y el ejército blanco. Ambos bandos veían a los judíos como una presa fácil y todos los días se escuchaban informes de otros violentos pogromos. Los judíos eran masacrados en Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia.

Los judíos desesperados enviaron cartas a comunidades judías de otros países, rogando ayuda. Una de esas cartas llegó a la comunidad judía de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, motivando una respuesta de la comunidad. En ese entonces, muchos judíos sudafricanos eran inmigrantes de Europa Oriental. Ellos conocían de primera mano el odio intenso contra los judíos que dominaba los lugares de los que habían partido y temían por sus correligionarios que habían quedado atrás, especialmente por los indefensos huérfanos judíos.

Uno de los judíos de Ciudad del Cabo que se interesó por la desesperada situación de los judíos de Rusia fue Isaac Ochberg. Nacido en Ucrania, él había llegado a Sudáfrica en 1894 a los 15 años de edad. Para 1920 se había convertido en un exitoso hombre de negocios y quería ayudar. En vez de simplemente prometer donaciones o declarar su preocupación, Ochberg decidió actuar de forma concreta. No delegó la responsabilidad a otros, sino que comenzó a hacer planes para viajar a Europa Oriental él mismo y ver qué podía hacer para rescatar huérfanos judíos. Otros judíos sudafricanos prometieron fondos para ayudarlo a realizar ese viaje que salvaría vidas.

Antes de zarpar, Ochberg arregló una reunión con el Primer Ministro de Sudáfrica, Jan Smuts, y le pidió permiso para llevar de regreso a Sudáfrica huérfanos judíos. La respuesta del Sr. Smut fue decepcionante: sólo permitiría que entraran al país 200 huérfanos judíos. Además, esos huérfanos tenían que ser menores de dieciséis años, no tener parientes vivos y que nos les faltara ninguna extremidad. Ochberg aceptó, aunque con el tiempo transgrediría las tres condiciones.

Isaac Ochberg con su esposa Polly y sus hijas Ruth (izquierda) y Bertha (derecha)

En 1920, Ochberg partió hacia Europa Oriental acompañado por Alexander Bobrow, un químico judío de 26 años, quien previamente había ayudado a refugiados judíos de la ciudad de Pinsk en Bielorrusia y conocía el área. (El yerno de Alexander Bobrow, Sir Aaron Klug posteriormente fue ampliamente conocido por ganar el Premio Nobel de química en 1982). Los dos viajaron por toda Europa Oriental reuniendo huérfanos para llevarlos con ellos de regreso a Sudáfrica, y haciendo todo lo que podían para ayudar a aquellos que estaban obligados a quedarse.

Las necesidades eran interminables. Aunque muchos relatos sobre la misión de Ochberg describen que los niños judíos vivían en orfanatos, “esos no eran realmente orfanatos”, explica Yael Pritzker. “A menudo no había comida. Los huérfanos buscaban hongos salvajes”.

Peggy, la abuela de Yael, tenía once años en 1920 cuando Isaac Ochberg la rescató. Estaba tan desnutrida que su crecimiento se vio para siempre afectado. “Como estaba desnutrida tenía pies diminutos”, recuerda Yael. Durante toda su vida Peggy tuvo que encargar que le hicieran especialmente sus zapatos y su ropa.

Un huérfano judío rescatado por Ochberg y Bobrow fue Harry Stillerman de cinco años. Harry tenía un bello hogar judío hasta que los cosacos llegaron al shtetl de su familia, buscando matar judíos. Los cosacos les dispararon a los padres de Harry frente a sus ojos. Luego un cosaco apuntó a Harry con su sable desenvainado, dispuesto a asesinar al pequeño niño. Harry levantó su brazo para protegerse del cosaco, quien lo atacó y cortó el brazo de Harry a la altura del codo. Milagrosamente Harry sobrevivió y se convirtió en uno de los afortunados “Huérfanos Ochberg” que fueron llevados a Sudáfrica.

Ochberg tuvo una desgarradora tarea decidiendo qué huérfanos rescatar. Él tomó la difícil decisión de llevarse ocho huérfanos de cada orfanato que visitaba.

Ochberg registró detalladas notas en idish sobre cada uno de los niños que rescataba. Peggy Gaby fue rescatada juntos con dos de sus hermanas, su hermana menor, Guitel y su hermana mayor, Jaia (conocida después como Clara). Las notas de Ochberg sobre estas tres niñas dicen que “su padre, hermano y hermana fallecieron de hambre y tifus… Su madre falleció de un accidente cerebrovascular… Ellas experimentaron muchos pogromos y sufrimientos… Las niñas viven sin ningún apoyo”.

Años más tarde, Alexander Bobrow recordó las terribles condiciones que él y Ochberg presenciaron y los pasos que dieron para ayudar a los innumerables huérfanos que tuvieron que dejar atrás. En la ciudad de Pinsk, “encontramos tantos niños que establecimos tres orfanatos. Al principio, Pinsk estaba tan aislada por las batallas (de la guerra civil rusa) que dependían sólo de nuestros propios recursos. No teníamos camas, sabanas ni ropa. Recuerdo que usábamos sacos de harina para hacer ropa para los niños”.

Muy pronto el tifus arrasó en uno de los orfanatos y la ciudad cayó bajo ataque directo, con pogromos que se propagaron por toda la ciudad.

Eventualmente la situación en Pinsk mejoró un poco, particularmente cuando llegaron suministros donados por la oficina de Nueva York del comité de distribución del Joint. Bobrow recordó que uno de los voluntarios estadounidenses que ayudó a repartir la tan necesitada ayuda humanitaria a los judíos de Pinsk fue Henry Morgenthau, quien serviría más adelante como secretario del tesoro de los Estados Unidos, durante la presidencia de Franklin Roosevelt.

Ochberg y Bobrow pasaron tres meses viajando por la región, reuniendo a cientos de huérfanos judíos. Hacia el final de ese período, Ochberg escribió en una carta: “Estuve prácticamente en cada una de las aldeas de la Ucrania polaca y Galicia y ahora estoy bien familiarizado con los lugares en donde existe un sufrimiento extremo. Tuve éxito en recolectar el número necesario de niños y puedo decir con seguridad que la generosidad demostrada por los judíos de Sudáfrica al hacer posible esta misión significa nada menos que salvar sus vidas. Ellos con certeza hubieran muerto de inanición, enfermedades o nuestro pueblo los hubiera perdido por otras razones”.

Los “Huérfanos de Ochberg”, niños judíos huérfanos por los pogromos de Europa oriental, quienes fueron llevados a Sudáfrica a comenzar nuevas vidas.

Oficialmente, Isaac Ochberg rescató a 197 huérfanos judíos (algunos reportes mencionan un número menor, 171). Yael Pritzker, cuya abuela y tías abuelas fueron salvadas, comenta que en realidad salvó muchos más. Su tía abuela Clara tenía alrededor de dieciséis años cuando llegó a Sudáfrica, ya era demasiado grande para ser incluida en la definición de huérfanos que Jan Smut dio permiso de llevar al país. Entonces Isaac Ochberg la registró como una asistente de enfermera y la llevó como parte del equipo de trabajo, acompañando a sus hermanas.

Yael también señala que algunos de los “huérfanos” que Ochberg rescató tampoco eran verdaderamente huérfanos de acuerdo con la definición de Smut. “Algunos no eran huérfanos, pero sus padres no podían mantenerlos. Al enfrentar el hambre y una violencia espantosa, algunos padres desesperados enviaban a los niños al bosque para que escaparan de los pogromos”. Muchos de los huérfanos que Ochberg rescató eran niños judíos aterrorizados que él encontró muertos de hambre y traumatizados, vagando por los bosques de Europa Oriental.

Una huérfana, Fanny Frier, recordó que a ella y a los otros les dijeron que Ochberg los iba a rescatar. “Él se iba a llevar a algunos niños y les daría un nuevo hogar en el otro lado del mundo… Cuando llegó con su cabello rojizo y su alegre sonrisa, todos nos encariñamos con él y lo llamamos "Papi". Él pasaba horas hablando con nosotros, haciendo bromas y alegrándonos”.

El barco que llevó a los “Huérfanos Ochberg” viajó a Londres y de allí a Ciudad del Cabo. Fanny Frier contó: “Hasta el día de mi muerte no voy a olvidar cuando vimos por primera vez las luces de Ciudad del cabo y luego la enorme recepción cuando llegamos a la costa, donde parecía que la mitad de la ciudad nos esperaba en el muelle”.

Lamentablemente, el grupo de huérfanos era tan grande que el orfanato judío en Ciudad del Cabo se quedó sin espacio y algunos huérfanos fueron enviados a un orfanato judío en la lejana Johannesburgo. Algunos de los huérfanos fueron adoptados por familias judías sudafricanas, pero muchos crecieron en los orfanatos. Con respecto a las hermanas Gaby, Yael Pritzker recuerda que todas ellas “se casaron desde el orfanato”, mudándose directamente del orfanato a sus nuevos hogares con sus esposos.

Isaac Ochsberg (al centro) con los huérfanos que rescató en 1921 en Europa Oriental, antes de partir a Sudáfrica.

Al mismo tiempo que estaba rescatando judíos europeos, Isaac Ochberg también trabajó para construir el naciente estado judío. Su regalo al Fondo Nacional Judío en 1937 es la donación más grande que la organización recibió en la historia, incluso ahora, 84 años después. Su donación fue utilizada para comprar tierra para el Kibutz Dalia y el Kibutz Galed en el norte de Israel. Gran parte de la región solía ser llamada informalmente Even Itzjak, la piedra de Isaac, por Isaac Ochberg.

Isaac Ochberg falleció en 1938, pero su legado continúa.

Yael Pritzker recuerda que su padre creció en Sudáfrica con intensa consciencia respecto a quiénes habían sido rescatados de una muerte segura en 1921. No sólo su madre Peggy le debe su vida a la misión salvadora de Ochberg, sino también su vecino del piso de abajo y muchos otros judíos en la zona. “Sus padres siempre comentaban, 'él es un huérfano Ochberg', 'ella es una huérfana Ochberg'”, recuerda Yael.

Muchos de estos sobrevivientes estaban traumatizados. Algunos lucharon contra la depresión. Otros se negaban a usar el color rojo, porque ese color estaba asociado en sus mentes con la sangre de sus padres y otros parientes que vieron derramar durante los pogromos. Su propia abuela rara vez hablaba de su vida anterior en Kovno, pero siempre estuvo increíblemente agradecida con “Papá Ochberg” quien le había dado a ella, a sus hermanas y a cientos de niños judíos una segunda oportunidad de vida. Hoy en día, miles de judíos de todo el mundo hoy en día están vivos gracias a los niños judíos que salvó Isaac Ochberg.

“Lo que hizo Ochberg fue increíble”, comenta Yael. “Él asumió la responsabilidad. Podría habérselo dejado a otras personas, pero fue personalmente a esos shtetls y orfanatos”.




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