Los incendios en Argentina y el supuesto "Plan Andinia"

15/01/2026

4 min de lectura

Cómo unos incendios en Argentina desempolvaron una teoría conspirativa antisemita.

Los incendios que desde comienzos de enero avanzan sin control sobre la Patagonia argentina dejaron más que un paisaje arrasado. En pocos días, más de 15.000 hectáreas fueron consumidas por el fuego, decenas de viviendas quedaron destruidas y miles de personas debieron ser evacuadas. Pero junto con las llamas reapareció otro fenómeno, menos visible y más persistente: el resurgimiento de teorías conspirativas que, una vez más, encontraron en los judíos un culpable conveniente.

El foco más devastador comenzó el 5 de enero cerca de Epuyén, en la provincia de Chubut. En una semana, el incendio rodeó a esta pequeña localidad de poco más de dos mil habitantes, encerrada entre un lago de origen glaciar y cerros cubiertos de bosque nativo. Más de 500 personas —brigadistas, bomberos, rescatistas y fuerzas de seguridad— trabajan desde entonces para contener las llamas, apoyados por decenas de vecinos voluntarios que actuaron en primera línea cuando los recursos oficiales aún no habían llegado.

El gobernador Ignacio Torres advirtió que la situación continúa siendo “muy crítica” y subrayó que la provincia atraviesa la peor sequía desde 1965, un dato clave para entender la magnitud del desastre.

Sin embargo, mientras el fuego seguía avanzando, en redes sociales comenzó a circular otra narrativa. Videos descontextualizados, fotos de explosivos mal identificados y comentarios sin sustento apuntaron rápidamente a una supuesta responsabilidad israelí. La polémica estalló cuando una conductora radial sugirió al aire que los incendios habían sido iniciados por “dos israelíes”, lo que motivó un inmediato repudio de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) y del propio presidente Javier Milei, quien calificó esos señalamientos como peligrosos y estigmatizantes.

Las autoridades fueron claras. El fiscal general de Chubut, Carlos Díaz Mayer, confirmó que el origen del incendio sigue bajo investigación. Si bien se hallaron restos de combustible que indican intencionalidad, no existe hasta ahora ningún elemento que vincule a ciudadanos israelíes con el hecho. El gobierno nacional también negó de manera categórica cualquier relación entre Israel y los incendios.

Aun así, la desmentida oficial no logró frenar la expansión de una vieja teoría conspirativa que volvió a circular con fuerza: el llamado Plan Andinia.

Según esta narrativa, existiría un complot internacional judío —o directamente israelí— destinado a fragmentar la Patagonia argentina y chilena para fundar allí un segundo Estado judío. La teoría carece de pruebas, pero su persistencia es notable.

El Plan Andinia comenzó a tomar forma en la Argentina a comienzos de la década de 1960, en círculos nacionalistas de extrema derecha, y fue mencionado por primera vez en publicaciones vinculadas al Frente Nacional Socialista Argentino, un pequeño partido pro Nazi creado por los hijos de Adolf Eichmann tras la captura de su padre en Argentina y su posterior juicio en Israel.

En la revista de ese partido apareció la primera referencia explícita a “Andinia”, una supuesta entidad estatal que se establecería en la Patagonia mediante los mismos métodos utilizados para la creación del Estado de Israel. A partir de allí, el mito se expandió y fue retomado en panfletos anónimos durante los años siguientes.

En 1971, el economista antisemita Walter Beveraggi Allende, profesor de la Universidad de Buenos Aires, publicó un texto que sistematizaba estas ideas, retomando incluso elementos del libelo antisemita Los Protocolos de los Sabios de Sion. En ese panfleto, los judíos eran presentados como una fuerza conspirativa que buscaba desmembrar a la Argentina.

El Plan Andinia también fue aceptado como una verdad incuestionable por sectores de las Fuerzas Armadas durante la última dictadura. El periodista Jacobo Timerman relató que, durante su secuestro, fue interrogado bajo tortura sobre su supuesta participación en ese plan, una experiencia que se repitió con numerosos detenidos de origen judío. Décadas más tarde, en 2003, el entonces jefe del Ejército, Roberto Bendini, debió emitir un desmentido oficial tras quedar envuelto en una polémica por supuestos comentarios en los que aludía a Andinia como una amenaza real.

La teoría se apoya en una lectura distorsionada de hechos históricos. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, miles de judíos europeos emigraron a la Argentina y se establecieron en colonias agrícolas impulsadas por el barón Maurice de Hirsch. Aquellas colonias —ubicadas en Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, no en la Patagonia— se desarrollaron dentro del marco legal argentino y sin ninguna aspiración separatista. Los inmigrantes se integraron al país hasta ser conocidos como los “gauchos judíos”, una identidad profundamente argentina.

También se cita fuera de contexto un pasaje de El Estado Judío, de Theodor Herzl, donde menciona a la Argentina como posible destino migratorio. Herzl descartó esa opción y eligió la tierra ancestral del pueblo judío, Israel, por su valor histórico y simbólico, pero esa referencia fue utilizada durante décadas como “prueba” de una conspiración inexistente.

En el contexto actual, el Plan Andinia volvió a actualizarse. Fotos de una granada hallada en el lago Epuyén fueron atribuidas falsamente a Israel, cuando en realidad se trataba de un modelo fabricado por la empresa estatal argentina Fabricaciones Militares. Un video grabado en Santa Cruz, a más de mil kilómetros de los incendios de Chubut, fue presentado como evidencia de sabotaje israelí, pese a que no existe confirmación alguna sobre la nacionalidad de los involucrados ni vínculo con el fuego.

La facilidad con la que estas teorías se propagan revela algo más profundo: la persistencia de una lógica que busca explicar tragedias complejas señalando enemigos históricos. En ese esquema, los judíos vuelven a ocupar el lugar del sospechoso permanente.

Mientras la Patagonia sigue ardiendo, el desafío no es solo contener el fuego, sino también desmontar relatos que, una vez más, intentan convertir el desastre en una excusa para reciclar viejos prejuicios.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.