La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


4 min de lectura
Los iraníes bailan en las calles. Algunos periodistas occidentales lamentaron la pérdida de su “sonrisa”. ¿Quién conocía mejor a Khamenei?
“Con sus gafas, la kefiá palestina, largas túnicas y barba plateada, el ayatolá Khamenei se presentaba como un erudito religioso, además de escritor y traductor de obras sobre el islam. Adoptaba una distancia afable y magnánima, gobernando el país desde una posición elevada por encima de las disputas de la política diaria”.
Este pasaje casi poético proviene del obituario que The New York Times publicó sobre el líder supremo de Irán, que fue asesinado el sábado cuando fuerzas estadounidenses e israelíes redujeron a escombros su complejo en Teherán. The Washington Post también se esforzó por suavizar y humanizar al dictador muerto, recordando su “espesa barba blanca y su sonrisa fácil”, y señalando que era “aficionado a la poesía persa y a las novelas clásicas occidentales”. La vida literaria de Khamenei también fue destacada por The Guardian, que señaló que el ayatolá era un lector “ávido” que adoraba Los Miserables, obra que describía como “milagrosa” y “un libro de sabiduría”.
A juzgar por esos pasajes, como observó Maya Sulkin en The Free Press, uno podría imaginar que la verdadera esencia de Khamenei era la de un estudioso amante de los libros, en lugar de la de un tirano teocrático que pasó casi cuatro décadas encarcelando, torturando y ejecutando víctimas inocentes.
Pero los iraníes que realmente vivieron bajo el gobierno de Khamenei no estaban leyendo obituarios. Estaban celebrando.
En Teherán, los residentes se asomaron por las ventanas y se reunieron en las azoteas, gritando de alegría y emoción. Videos de todo Irán mostraban a personas bailando en las calles al conocerse la noticia de la muerte del ayatolá. En Los Ángeles, Londres y Toronto, miembros de la diáspora iraní salieron a celebrar. La representante demócrata por Arizona Yassamin Ansari, la primera iraní-estadounidense elegida al Congreso, habló por millones cuando simplemente dijo: “Khamenei era la personificación del mal. Nadie debería lamentar su muerte”.
View this post on Instagram
¿Por qué celebraban los iraníes? Porque durante casi cuatro décadas Khamenei convirtió sus vidas en una pesadilla despierta. Encarceló a mujeres por mostrar su cabello, ahorcó a hombres homosexuales en plazas públicas, ejecutó a miles de disidentes y administró la prisión de Evin (donde la violación y la tortura psicológica eran prácticas habituales) como instrumento de terror estatal.
Cuando Mahsa Amini, de 22 años, murió bajo custodia en el 2022 tras ser arrestada por llevar mal puesto el hiyab, y millones salieron a las calles a protestar, respondió matando a más de 500 de ellos y encarcelando a otros 22.000. Cuando un nuevo levantamiento estalló en enero pasado, masacró a decenas de miles de personas.
¿Por qué celebraban los iraníes? Porque durante casi cuatro décadas Khamenei convirtió sus vidas en una pesadilla despierta.
Eso fue lo que hizo dentro de Irán. Más allá de sus fronteras, Khamenei patrocinó la red terrorista (Hamás, Hezbolá y los hutíes) que ha mantenido a Oriente Medio bañado en sangre durante décadas. Facilitó la matanza de unos 500.000 sirios por parte del presidente Bashar al-Assad, la mayoría de ellos musulmanes sunitas. Dirigió la muerte de cientos de estadounidenses, desde el atentado contra las Torres Khobar en Arabia Saudita en 1996 hasta las bombas en carreteras que destrozaron a tropas estadounidenses en Irak.
Durante 37 años financió y armó a los apoderados yihadistas cuya misión explícita era la aniquilación de Israel, una campaña que envió a miles de hombres, mujeres y niños inocentes a una muerte prematura. Y todo el tiempo proclamó “Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel”, no como hipérbole, sino como doctrina oficial del estado.
Sin embargo, hay quienes creen que nada de eso es razón suficiente para sentir satisfacción ante la muerte de Khamenei. Hasan Piker, un streamer (creador de contenido) de izquierda con millones de seguidores, reprendió a los iraníes por celebrar los ataques estadounidense-israelíes que mataron al ayatolá, preguntando cómo “las muertes de civiles pueden justificarse alguna vez como progreso”. Rajdeep Sardesai, uno de los periodistas más conocidos de la India, calificó esas celebraciones como “complicadas —moral, diplomática y estratégicamente”, y expresó su desconcierto de que alguien pudiera aplaudir la muerte de un líder político. Y el pastor Pete Pawelek, ministro evangélico, fundamentó su objeción en la religión. Él escribió que como cristiano: “No celebro la muerte de un hombre, ni siquiera de uno asociado con un gran mal”. Nunca es correcto, insisten ellos y otros, alegrarse por la muerte de alguien.
Están equivocados. Quienes objetan de ese modo siempre lo están.
Cuando Saddam Hussein fue ahorcado en el 2006, gobiernos europeos deploraron su muerte como “bárbara”. Cuando Osama bin Laden fue abatido en el 2011 por un equipo especial estadounidense, algunos comentaristas se escandalizaron por el júbilo espontáneo que siguió. Cada vez que un tirano monstruoso es llevado ante la justicia surge el mismo coro, invocando el principio que tengan más a mano —humildad cristiana, decoro diplomático o solidaridad progresista.
“Esto es algo que llevamos 47 años pidiendo, suplicando y llorando, y por fin se ha hecho”.
Pero la eliminación de déspotas homicidas y malvados hace del mundo un lugar mejor. Cuando un hombre que pasó décadas infligiendo horror a inocentes encuentra su final, la gente decente se alegra.
Puede que los redactores de obituarios occidentales se hayan sentido cautivados por la “distancia afable y magnánima” del difunto ayatolá, pero los iraníes liberados que bailaban en las calles lo conocían mucho mejor. Un expatriado habló por millones: “Esto es algo que llevamos 47 años pidiendo, suplicando y llorando, y por fin se ha hecho”. Esa explosión de alegría es el obituario más honesto que Khamenei recibirá jamás.
Este artículo de opinión apareció originalmente en The Boston Globe.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
No me parece extraño que existan periodistas occidentales que lloren por Khamenei. El adoctrinamiento de moda les impide ver la realidad y ahora la moda es estar en contra de Israel sin importar de que se trate. Lo que sí me parece extraño es que personas cultas y con gran acceso a la información real puedan caer en cualquier adoctrinamiento mientras se trate de estar en contra de Israel, me parece que no les preocupa cuan letal pueda ser una persona, lo que les importa es que sea enemigo de Israel y entonces todo está permitido.
Los periodistas que critican, lloran porque se les terminó su fuente de financiamiento. Irán pagaba muy bien a ciertos periodistas y políticos