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Los judíos "cool" y la triste historia de la Yevsektsiya

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22/12/2022 | por Dara Horn

La carencia de esta cualidad de ser "cool", es más o menos la marca distintiva del judaísmo, y esa es la razón por la cual las personas que son "cool" lo encuentran tan amenazador.

Los adolescentes judíos que participaron en las competencias atléticas en el gimnasio en Jerusalem hace 2.100 años, revirtieron su circuncisión, porque de lo contrario no les permitían participar en los juegos. En el imperio helenista que conquistó Judea, los deportes eran sagrados, el punto de entrada para ser una persona importante, tener el máximo nivel. Y los deportes, por supuesto, se practicaban desnudos. Como podemos imaginar, la antigua cirugía genital de esta naturaleza era insoportablemente dolorosa y potencialmente fatal. Pero los jóvenes no querían perderse la oportunidad.

Este hecho lo aprendí cuando estaba en séptimo grado, de un maestro de la escuela hebrea que nos estaba enseñando la historia de Janucá, cómo la tiranía helenista obtuvo fuerza en la antigua Judea con ayuda de los judíos que se sumaron a la corriente. Este maestro parecía estar demasiado animado al hablar de penes con un grupo de adolescentes, y yo sospeché que lo había inventado todo. En casa saqué un viejo libro polvoriento del estante, el volumen 1 de "La historia de los judíos" de Heinrich Graetz. Allí descubrí que lo que había dicho era cierto, y que también fue mucho peor.

¡Miembro de OZET! Ayuda a transformar a los trabajadores judíos en constructores activos de la sociedad socialista", 1932. Un cartel de propaganda encargado por la asociación de la unión para el asentamiento agrícola de trabajadores judíos en la URSS, u OZE. Archivo Blavatnik.

En su prosa académica del siglo XIX, Gratz señala la "dolorosa cirugía" que pasaban los jóvenes "para disfrazar el hecho de que eran judíos". Pero entonces pasa a hablar de un "inescrupuloso" judío llamado Menelaus, cuya historia es todavía más perversa. Menelaus, un personaje de poder local que anhelaba agraciarse ante el nuevo régimen, le ofreció al tirano Antíoco 300 talentos de oro a cambio de ser nombrado como el gran sacerdote del Templo de Jerusalem. Antíoco accedió, lo que dejó a Menelaus con el pequeño problema de no tener 300 talentos de oro. Menelaus resolvió este problema robando utensilios de oro sagrados del Templo y usándolos como pago. Cuando los otros judíos furiosos se levantaron en su contra, Menelaus le dijo a Antíoco que esos judíos en verdad trabajaban para los enemigos egipcios de Antíoco.

"La religión es el enemigo de los trabajadores de todas las nacionalidades", 1929-1931. Archivo de Blavatnik.

Esto ya era suficientemente malo, pero Menelaus fue todavía más lejos. De acuerdo con Gratz, Menelaus no sólo acusó en falso a los judíos de traición para protegerse a sí mismo, sino que también "difamó al judaísmo. Él dijo que la Ley de Moshé estaba repleta de odio hacia la humanidad, porque les prohibía a los judíos participar en comidas de otras naciones, o mostrar cualquier bondad hacia los extranjeros". Antíoco respondió a la amenaza llevando su ejército a Jerusalem, tomando el Templo y masacrando a los judíos. Un tiempo más tarde, aparecieron los macabeos. Esa es la parte de la historia que solemos escuchar.

La broma tonta respecto a por qué celebramos las festividades judías ("Trataron de matarnos, fallaron, vamos a comer"), oculta una enorme diferencia entre dos de estas festividades, que ilustran dos versiones muy diferentes del antisemitismo: Purim y Janucá. La distinción no podría ser más relevante hoy en día, cuando los judíos de todo el mundo enfrentan un incremento del antisemitismo, cuya dinámica a veces es sencilla y otras veces completamente desconcertante. Al luchar para tratar de entender esta rareza, acudo nuevamente a consultar viejos libros polvorientos.

El antisemitismo de Janucá, que puede levantar la cabeza tanto desde la derecha como desde la izquierda, exige la destrucción de la civilización judía.

La historia de Purim en la antigua Persia encaja perfectamente con las nociones de "prejuicio" de un séptimo grado: el chico malo se da cuenta que los judíos son diferentes y, en consecuencia, contaminan la sangre y el suelo, por lo que decide deshacerse de ellos. Esto se parece a lo que ahora es considerado antisemitismo de derecha, y es la clase de antisemitismo que les enseñaron a reconocer a los judíos occidentales, muchos de ellos descendientes de sobrevivientes de los pogromos del imperio ruso y del Holocausto.

El antisemitismo de Janucá, que puede levantar la cabeza desde la derecha o desde la izquierda, es bastante diferente. No exige que los judíos sean asesinados o expulsados, por lo menos no en un primer momento. En cambio, demanda la destrucción de la civilización judía. Este proceso no requiere judíos muertos, sino judíos que estén dispuestos a ceder a cualquier aspecto de la civilización judía que no sea considerado "cool".

Por supuesto, el judaísmo siempre fue poco "cool", desde sus orígenes como el único monoteísmo del planeta, al presentar a un Dios mandón, invisible y poco sexy. La carencia de esta cualidad de ser "cool", es más o menos la marca distintiva del judaísmo, y esa es la razón por la cual las personas que son "cool" lo encuentran tan amenazador. También es la razón por la cual los judíos que están dispuestos a volverse "cool" son absolutamente necesarios para el éxito del antisemitismo al estilo Janucá. En los días de Antíoco, esta clase de antisemitismo necesitaba a esos jóvenes que voluntariamente se sometían a una dolorosa cirugía genital para demostrar que los judíos no eran el problema, sino que el problema era sólo la barbarie de la ley judía. Durante la era soviética, eran necesarios los internacionalistas orgullosos para demostrar que el problema no eran los judíos, sino sólo el repulsivo chauvinismo de la identidad nacional judía, incluyendo lo que ahora llamamos sionismo.

La carencia de esta cualidad de ser "cool", es más o menos la marca distintiva del judaísmo, y esa es la razón por la cual las personas que son "cool" lo encuentran tan amenazador. También es la razón por la cual los judíos que están dispuestos a volverse "cool" son absolutamente necesarios para el éxito del antisemitismo al estilo Janucá.

De hecho, los soviéticos fueron todavía más lejos. En 1918, crearon un departamento entero de su gobierno exclusivamente para los judíos "cool", a quienes les pagaban para perseguir a los judíos que no eran "cool". Esto fue llamado la Yevsektsiya, o la sección judía del partido comunista, y durante su breve y sangrienta existencia podemos encontrar los orígenes de lo que hoy en un concepto supuestamente novedoso: los judíos que, por supuesto, no son antisemitas (¿Cómo podrían serlo? ¡Ellos son judíos!), sino simplemente antisionistas. En el curso de no ser antisemitas sino simplemente antisionistas, la Yevsektsiya logró perseguir, encarcelar, torturar y asesinar a miles de judíos, hasta que sus mismos líderes sufrieron la purga.

El antisemitismo al estilo de la Yevsektsiya, o el antisemitismo al estilo de Janucá, siempre les promete a los judíos una cierta nobleza, ofreciéndoles la oportunidad de liberarse de cualquier persona entre ellos que les resulte repugnante. Las cualidades judías designadas como repugnantes varían de acuerdo con el país y la época, pero inevitablemente contradicen los valores específicos que la cultura general ha aceptado como "universales".

La razón de esto es clara: en verdad no hay nada "universal" respecto a estos valores particulares, excepto la inseguridad de las sociedades que esperan darle fuerza. No todos sienten que es fundamental para una vida bien vivida practicar deportes desnudos; no todos creen que Jesús es el hijo de Dios; no todos están de acuerdo respecto a que la planificación autoritaria central es la solución para todos los males del mundo; no todos piensan que denunciar los propios lazos con una patria ancestral es un signo de virtud. La particularidad judía expone la arrogancia de los líderes santurrones de la sociedad, junto con su profunda inseguridad, su enorme miedo a cualquier sugerencia de que existen otras formas de ser. Esos líderes inseguros solicitan la ayuda de los judíos prometiéndoles una insignia en mérito a la rectitud universal. Gracias a que inherentemente el judío no es "cool", nunca habrá escases de judíos dispuestos a complacerlos.

Como estudioso de la literatura ídish, encontré a la Yevsektsiya como una sombría nota al pie de página en mis estudios. Pero descubrí sus detalles sólo recientemente, de una forma similar a mi descubrimiento de Menelaus cuando estaba en séptimo grado, a través de un libro viejo y polvoriento: un volumen de 1972 del historiador Zvi Gitelman, con el título ostentosamente aburrido de "La nacionalidad judía y la política soviética: las secciones judías del PCUS, 1917-1930". Era una historia de la Yevsektzsiya, y la historia allí relatada en árida prosa académica no podía haber sido más extraña.

El supuesto propósito de la Yevsektsiya era difundir la ideología comunista entre las masas judías de Rusia.

El supuesto propósito de la Yevsektsiya era difundir la ideología comunista entre las masas judías de Rusia, entre quienes había pocos bolcheviques en 1917. Los judíos revolucionarios de Rusia principalmente eran bundistas (socialistas), mencheviques o trotskistas, que fracasaron al no apoyar al ganador: Lenin. En cuanto a las "masas" judías de las que tanto se jactaban, la mayoría hablaban en ídish, vivían en pequeños pueblos, muchos de ellos devastados durante la Primera Guerra Mundial. Esas personas eran un adecuado proletariado desesperado, pero el partido comunista necesitaba expertos que hablaran ídish para ayudarlos a ver la luz.

"¡No dejaremos que nadie destruya el plan de cinco años!", 1931, Archivo Blavatnik

En un primer momento, había tan pocos judíos entre los bolcheviques, que el partido tuvo que confiar en dos judíos noruegos con diccionarios para que crearan propaganda en idioma ídish. Pero después de que la Guerra Civil rusa entre 1918-1920 dejara más del 70% de los judíos sin un ingreso regular, y tras los pogromos de ese período con un saldo de más de 50.000 judíos muertos, los bolcheviques por lo menos les ofrecían empleos gubernamentales fijos.

Algunos de los judíos que se unieron a los bolcheviques eran genuinos idealistas. Otros, después de la extrema violencia antisemita de la Guerra Civil, pueden haber seguido inconscientemente la estrategia clásica de los "judíos de la corte", cultivando lazos con el régimen como una forma de proteger a la comunidad y a ellos mismos. Otros, conscientes de la llegada tardía de la comunidad al bolchevismo, pueden haber deseado demostrar que eran incluso mejores comunistas que los demás. En todo caso, como dice el libro de Gitelman, "La sección judía (Yevsektziya) se dedicó a la tarea de destruir el viejo orden con un entusiasmo que no puede explicarse sólo como el entusiasmo por el bolchevismo".

Ellos se dedicaron a destruir. La Yevsektsiya eliminó las kehilot, o las organizaciones judías comunitarias tradicionales en los pueblos y ciudades de Rusia, aboliéndolas legalmente. Cuando eso no funcionó, quemaron las oficinas de la kehilá. Los judíos rusos de ese momento pueden ser perdonados por pensar que este celo era simplemente parte de la intolerancia a la religión por parte de este nuevo orden, a fin de cuentas también atacaban iglesias y mezquitas.

Para 1919, la Yevsektsiya decidió que cerrar las instituciones judías tradicionales no era suficiente. Su misión ahora era destruir toda actividad sionista y el idioma hebreo.

Para 1919, la Yevsektsiya decidió que cerrar las instituciones judías tradicionales no era suficiente. Su misión ahora era destruir toda actividad sionista, una categoría que abarcaba desde las organizaciones políticas hasta los clubes deportivos, y el idioma hebreo. La Yevsektsiya no perdió el tiempo. A pocas semanas de la conferencia, allanaron las oficinas de todas las asociaciones sionistas de Ucrania y arrestaron a todos sus líderes. En otras partes de la URSS arrestaron a otros miles de personas.

El siguiente movimiento de la Yevsektsiya fue destruir el idioma hebreo en la Unión Soviética, lo cual lograron al clausurar todas las escuelas que enseñaban hebreo, sin importar su afiliación, y acosando a artistas de idioma hebreo como el famoso poeta Jaim Najman Bialik y los celebrados actores del Teatro Habimá, quienes escaparon a Palestina. Los actores de Habimá huyeron durante un tour por el extranjero. Bialik, y otros importantes escritores hebreos, obtuvieron visas de salida como un favor de un amigo de Bialik, el autor ruso Maxim Gorky.

Esta estrategia antihebrea fue diseñada por el líder de la Yevsektsiya, Moishe Litvakov, quien era un ex escritor hebreo y sionista, y quien en un momento fue famoso por su enorme biblioteca personal de libros en hebreo. Litvakov era también el editor de Emet, una versión en ídish de Pravda, que con frecuencia publicaba historias inventadas sobre rabinos que eran predadores sexuales. Eventualmente, Litvakov se quejó de que Emet era "demasiado judío".

La Yevsektsyia estableció nuevas escuelas judías con instrucciones en un ídish sovietizado con una ortografía literalmente antisemita, en donde las muchas palabras en ídish que derivaban del hebreo recibieron nuevas ortografías que borraban el antiguo origen de esas palabras. Las escuelas, cuyo currículo incluía indoctrinación respecto a las maldades del sionismo, fueron dirigidas por una líder de la Yevsektsiya llamada Esther Frumkin. Ella era nieta y ex esposa de Rabinos e hija de un líder de Torá, y fue instrumental en la clausura de las escuelas rabínicas que quedaban en la URSS. Cuando vieron que todo eso era inadecuado para convertir a las masas judías, la Yevsektsiya incluso organizó espectáculos de juicios en los días de las Altas Fiestas, en los cuales aparecían "testigos" disfrazados para denunciar al judaísmo y al sionismo. Uno de esos juicios se llevó a cabo en la misma sala donde Mendel Beilis, víctima del último líbelo de sangre de la Rusia zarista, había sido juzgado menos de 10 años antes, acusado de asesinar a un niño cristiano y usar su sangre para hacer matzá.

Los líderes de la Yevsektsiya fueron escrupulosos en asegurarse que ese aluvión de enemistad surgiera exclusivamente de los judíos, para que nadie fuera a confundir al nuevo régimen como un régimen antisemita.

Para los judíos occidentales que han internalizado las historias de sus abuelos respecto a la persecución al estilo de Purim, esta letanía de humillación casi parece aburrida, hasta que consideramos que fue promulgada por otros judíos. Los líderes de la Yevsektsiya fueron escrupulosos en asegurarse que ese aluvión de enemistad surgiera exclusivamente de los judíos, para que nadie fuera a confundir al nuevo régimen como un régimen antisemita. Por el contrario: esta campaña implacable fue completamente bien intencionada, liberando a los judíos de sus peores cualidades. Desde su perspectiva, los judíos de la Yevsektsiya eran mucho mejores judíos que los otros, a quienes perseguían sin piedad.

El libro de Gitelman no delinea los espeluznantes finales de la mayoría de los líderes de la Yevsektsiya, porque en 1972 se sabía muy poco más allá del hecho de que fueron "purgados". Sin embargo, hace veinticinco años, la apertura de los archivos soviéticos reveló los sórdidos detalles de la suerte corrida por cada persona: quién murió por una bala, quién al trabajar en Siberia, quién por tortura, quién por falta de insulina en el hospital de la prisión. (Gitelman y otros historiadores han escrito muchos libros en los años posteriores, cubriendo esos y muchos más detalles). En ese momento, uno de mis profesores de ídish al reflexionar sobre el breve reinado de la Yevsektsiya, se preguntó en voz alta qué era lo que pensaban personas como Litvakov y Frumkin mientras languidecían en prisión o sufrían en el gulag hasta morir. ¿Alguna vez sintieron remordimiento? ¿Alguna vez entendieron la enormidad de sus crímenes?

Buenas preguntas, pero yo tengo otra. Cuando mi maestro de la escuela hebrea en séptimo grado nos contó sobre esos jóvenes en el gimnasio en Judea, yo no pude entender por qué alguien haría algo así. Pero ahora, al considerarlos junto con los líderes de la Yevsektsiya que fueron purgados, y tantos otros que tomaron decisiones similares, me pregunto: ¿Alguna vez en sus vidas llenas de dolor, encontraron la integridad que tan desesperadamente deseaban?


Este artículo apareció originalmente en la revista "Tablet".



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