Los judíos kurdos que nunca dejaron de hablar arameo

09/08/2026

13 min de lectura

El arameo, el idioma del Talmud y el Kadish, supuestamente había desaparecido hace siglos. Una comunidad en las montañas del Kurdistán nunca se enteró de esto.

Para la mayoría de los judíos de hoy, el arameo es un idioma encerrado tras las puertas del judaísmo antiguo. Es el texto denso y erudito del Talmud, el lenguaje místico del Zóhar, la formulación legal de la Ketubá (contrato matrimonial), la solemne declaración de Kol Nidre y las reconfortantes cadencias del Kadish. Es como una instantánea lingüística de una época en la que el Sanedrín se reunía en Jerusalem y los sabios debatían la ley judía en Babilonia.

Como lengua materna viva y hablada, muchos suponen que el arameo exhaló su último aliento hace milenios. Pero la historia tiene una manera de desafiar las expectativas.

En las escarpadas montañas del Kurdistán, que se extienden por las aisladas zonas fronterizas de los actuales Irak, Irán y Turquía, una antigua comunidad judía logró lo imposible. Durante aproximadamente 2.500 años, a través del ascenso y la caída de imperios, las conquistas islámicas y brutales persecuciones, esta comunidad mantuvo vivo el idioma judeoarameo del Talmud, en el mercado, alrededor de la mesa y en las canciones de cuna que cantaban a sus bebés. Fue la única comunidad judía del mundo que preservó el idioma más antiguo de la diáspora judía hasta bien entrado el siglo XXI.

Para comprender cómo ocurrió este milagro lingüístico, debemos rastrear cómo el pueblo judío se enamoró en primer lugar del arameo, cómo el resto de la diáspora lo perdió y cómo una comunidad indomable lo llevó de regreso a casa, al moderno Estado de Israel.

La transformación: del hebreo al arameo

El idioma registrado originalmente en la Torá y hablado por los patriarcas, profetas, reyes y gente común judía en el antiguo Israel durante los tiempos bíblicos era el hebreo. Los libros de los Profetas y los Escritos (Tanaj) también están escritos en un hebreo clásico y vibrante que reflejaba la lengua cotidiana de los reinos de Israel y Judá. El predominio del hebreo durante el período del Primer Templo está confirmado por descubrimientos como la inscripción de Siloé (que conmemora el túnel de agua del rey Ezequías), los rollos de plata de Ketef Hinnom (que contienen los fragmentos más antiguos conocidos de la Bendición Sacerdotal), miles de sellos reales de almacenamiento con la inscripción "LEMELECH" (para el rey), y bulas personales, impresiones de sellos de arcilla que llevan nombres de habitantes de Judá mencionados en la Biblia, halladas por toda la tierra.

El hebreo no solo era la lengua materna de los judíos del antiguo Israel, sino que la mayoría de los judíos durante el período del Primer Templo ni siquiera entendían arameo, que rápidamente se estaba convirtiendo en un idioma regional en todo el antiguo Cercano Oriente. En el Libro de Reyes (2 Reyes 18:26), cuando el ejército del rey asirio Senaquerib sitia Jerusalem, los enviados reales se burlan de los defensores de la ciudad en hebreo. Los funcionarios del rey Ezequías entran en pánico y suplican a los enviados que cambien al arameo cuando se dirijan a ellos personalmente, para que los judíos comunes que se encontraban sobre la muralla no entendieran las aterradoras amenazas que les lanzaban. En aquel momento, el arameo solo era comprendido por los diplomáticos de élite de Judá. El judío promedio en las calles de Jerusalem hablaba hebreo, y solo hebreo.

Entonces, ¿cuándo entró el arameo en escena?

Todo cambió en el año 586 a. e. c. El Imperio babilónico destruyó el Primer Templo y exilió a grandes cantidades de judíos de la Tierra de Israel a los ríos de Babilonia. Allí, en el corazón del Imperio babilónico (el actual Irak), los judíos atravesaron un profundo cambio cultural.

La huida de los prisioneros (1896), de James Tissot, Museo Judío, Nueva York

Babilonia administraba su burocracia en arameo imperial. Durante los 70 años de exilio, los judíos desplazados incorporaron el nuevo idioma de su entorno a la vida cotidiana, la interacción social y los negocios, mientras mantenían el hebreo para la liturgia y la oración. En el sur de Irak, los arqueólogos encontraron aproximadamente 200 tablillas de arcilla con escritura cuneiforme que datan del año 572 a. e. c., más de una década después de la destrucción del Templo, que registran las actividades financieras, agrícolas y cotidianas de familias de Judá exiliadas (identificadas por nombres característicos de Judá como Ahiqam y Shelemiah) que vivían en asentamientos como Al-Yahudu, "Pueblo de Judá".

Este tipo de rápido cambio lingüístico en el transcurso de una generación es algo con lo que todos podemos identificarnos. En el siglo XX, los judíos de Europa que hablaban ídish llegaron a dominar el inglés en una generación después de establecerse en Norteamérica, mientras que los judíos de Medio Oriente y el norte de África que hablaban árabe llegaron a dominar el hebreo después de mudarse a Israel.

Dondequiera que se establecieran los judíos, normalmente adoptaban el idioma local e incorporaban elementos del hebreo, lo que dio origen al ídish (judeoalemán), ladino (judeoespañol), judeoárabe y otros. En Babilonia, los judíos desarrollaron una variedad hebraizada del arameo conocida como judeoarameo, que rápidamente se convirtió en la lengua materna de la generación nacida en el exilio.

La voz del Segundo Templo

Cuando Ciro el Grande, rey de Persia, permitió que los judíos regresaran a la Tierra de Israel y reconstruyeran el Templo, solo una pequeña oleada de judíos regresó realmente. La mayoría de los judíos permanecieron en Babilonia. Pero los aproximadamente 50.000 que regresaron llevaron consigo el arameo, y este continuó siendo su idioma principal en la Tierra de Israel durante siglos.

Los libros posteriores del canon bíblico escritos durante los primeros tiempos del período del Segundo Templo, como Esdras y Daniel, contienen grandes secciones en arameo en lugar de hebreo, registrando decretos reales y visiones proféticas en el idioma de las masas. Cuando Esdras el Escriba leyó la Torá en voz alta a los exiliados que habían regresado, Nehemías 8:8 señala que los levitas traducían la lectura (del hebreo al arameo) para que el pueblo pudiera comprenderla realmente.

Durante todo el período del Segundo Templo, el arameo fue el idioma más hablado entre los judíos de Judea, y muchas costumbres, plegarias y elementos litúrgicos que todavía se utilizan hoy fueron compuestos durante esa época. La Ketubá, cuyas primeras versiones han sido encontradas en cuevas del desierto de Judea, fue escrita en arameo en lugar de hebreo para que la gente común pudiera comprender plenamente sus obligaciones legales y financieras vinculantes.

Ketubá decorada, Livorno, 1698.

El sabio del siglo I Yonatán ben Uziel, el discípulo más destacado de Hilel el Anciano, compuso durante ese período su Tárgum (traducción al arameo) de los Profetas. Aproximadamente un siglo más tarde, el sabio Onkelos tradujo la Torá al arameo. La plegaria del Kadish, entretejida a lo largo del servicio de rezos, también surgió durante esta época.

El arameo no era el único idioma que hablaban los antiguos judíos, aunque predominaba tanto en Babilonia como en la Tierra de Israel. En algunas zonas rurales de Judea que habían escapado del exilio babilónico se continuó hablando una forma tardía de hebreo bíblico, que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en el hebreo de la Mishná. Y la mayor población judía de esta época en realidad vivía fuera tanto de Judea como de Babilonia, prosperando en ciudades mediterráneas bajo dominio romano como Alejandría, Damasco, Antioquía, Cirene y Roma, donde la vida cotidiana se desarrollaba en griego. De los entre 5 y 8 millones de judíos que vivían a finales del período del Segundo Templo, aproximadamente la mitad hablaba arameo (en el Cercano Oriente) y la otra mitad hablaba griego (en la diáspora occidental).

Cómo se convirtió en el idioma dominante del judaísmo mundial

Esas grandes poblaciones judías de habla griega del Mediterráneo romano fueron diezmadas por violentas masacres durante la Guerra de Kitos (115-117 e. c.). Los centros judeogriegos de Egipto, Cirenaica y Chipre fueron destruidos no solo mediante limpieza étnica, sino también por epidemias que redujeron las comunidades judías mediterráneas durante los siglos siguientes. Más tarde, las leyes cristianas bizantinas restringieron aún más la vida judía e impulsaron la conversión y la asimilación, reduciendo todavía más lo que quedaba del mundo judeogriego.

En la Tierra de Israel, los romanos aplastaron la rebelión de Bar Kojva (132-135 e. c.), destruyendo 985 aldeas de la Judea rural donde todavía se hablaba hebreo y matando a cientos de miles de judíos en el proceso. Los últimos hablantes nativos de hebreo emigraron a la Galilea de habla aramea, donde la Mishná (la Torá Oral compilada) estaba siendo redactada a finales del siglo II. Rabí Yehudá HaNasí, quien escribió la Mishná en hebreo, tenía empleados domésticos de Judea que posiblemente estuvieron entre los últimos hablantes nativos de hebreo que quedaban con vida. El Talmud registra que sus alumnos, que eran ellos mismos hablantes nativos de arameo, preguntaban a sus sirvientas qué significaban ciertas palabras hebreas.

Cuando más tarde los sabios compilaron los debates legales, relatos y dictámenes que se convirtieron en el Talmud (siglos IV-VI), los escribieron en arameo, su lengua materna, para que siguieran siendo accesibles a la mayoría de los judíos del mundo, quienes para entonces vivían principalmente en regiones de habla aramea.

A medida que el mundo judío grecorromano se reducía y el hebreo hablado desaparecía, el centro de gravedad del judaísmo mundial se desplazó hacia el este, a Babilonia, un entorno estable y próspero donde el arameo era la lengua materna tanto de judíos como de no judíos. Esto consolidó al arameo como la principal lengua hablada y literaria de la mayoría de los judíos del mundo durante siglos.

¿Por qué la mayoría de los judíos dejaron de hablar arameo?

Dado lo profundamente arraigado que estaba el arameo en la vida judía, resulta sorprendente que desapareciera como lengua materna de casi todas las comunidades judías en un período relativamente breve.

Los judíos que emigraron o fueron desplazados por la fuerza a través del Imperio romano adoptaron el griego, el latín o el púnico y abandonaron el arameo en el transcurso de una generación. Pero los judíos que permanecieron en Oriente —la Tierra de Israel, partes de Siria, Babilonia, el oeste de Persia (Irán) y el este de Turquía— continuaron hablando arameo durante muchos siglos más.

Eso cambió con las conquistas islámicas del siglo VII. En pocas décadas, los ejércitos árabes salieron de la península arábiga y conquistaron el Levante, el norte de África y Mesopotamia, los territorios históricos centrales de la vida judía. Los nuevos gobernantes llevaron consigo un nuevo idioma: el árabe. Durante los siguientes dos o tres siglos, los judíos de Medio Oriente y el norte de África abandonaron gradualmente el arameo y adoptaron el árabe, el nuevo idioma del comercio y del gobierno en un vasto imperio. La mayoría de las comunidades de la región desarrollaron el judeoárabe, una variedad del árabe con elementos hebreos y arameos, entre los siglos VIII y X, el idioma en el que gigantes como Rabenu Saadia Gaón y el Rambam (Maimónides) escribieron sus obras más influyentes de filosofía judía y halajá (ley judía).

A finales de la Edad Media, el arameo hablado había desaparecido en todo Medio Oriente, reemplazado casi por completo por el árabe, el persa y los idiomas europeos. Excepto en una fortaleza geográfica aparentemente imposible.

Una isla de arameo en el corazón de Medio Oriente

Mientras el resto del mundo judío siguió adelante, una comunidad en un rincón de Medio Oriente continuó hablando arameo hasta bien entrado el siglo XX. ¿Qué permitió que los judíos del Kurdistán conservaran contra toda probabilidad el antiguo idioma judío del Talmud?

Por el fotógrafo británico Anthony Kersting, Instituto de Arte Courtauld, Londres.

La respuesta comienza con la geografía. El Kurdistán está definido por las cadenas montañosas de los Zagros y los Tauro, un laberinto de crestas escarpadas, profundos desfiladeros y valles aislados. La presencia judía allí es anterior incluso a la destrucción del Primer Templo y se remonta a los primeros exilios israelitas.

Según la tradición local, las raíces del judaísmo kurdo se encuentran en las Diez Tribus del Norte deportadas por el Imperio asirio en el año 722 a. e. c. El Libro de Reyes señala que los asirios las asentaron en las ciudades de los medos, lo que coincide con la geografía del Kurdistán histórico.

Mientras el resto del mundo judío pasó al árabe después de las conquistas islámicas, el terreno del Kurdistán actuó como una cápsula del tiempo. Los ejércitos árabes conquistadores construyeron sus centros administrativos en llanuras y valles fluviales —Bagdad, Basora, Mosul—, con poco interés en adentrarse en los escarpados picos montañosos donde las aguerridas tribus kurdas y las minorías aisladas vivían según sus propias reglas.

Aislado de las principales corrientes del comercio global y de los imperios, el idioma de la región simplemente permaneció en su lugar. Los judíos locales continuaron hablando lo que siempre habían hablado. Mientras la mayoría musulmana de los alrededores hablaba kurdo, árabe, persa y turco, los judíos conservaron su lengua materna aramea.

Más allá del aislamiento, tener un idioma que solo los judíos entendían suponía una importante ventaja práctica. Servía como un canal interno seguro para los negocios, el cortejo, las decisiones comunitarias y los viajes a través de fronteras sin que personas externas pudieran seguir sus conversaciones. También trazaba una clara línea en torno a la identidad judía, actuando como una barrera natural contra la asimilación en la cultura musulmana circundante.

Judíos kurdos en Rawanduz, norte de Irak, 1905

Como estudiaban el Talmud, recitaban el Kadish y cada semana leían el Tárgum junto con el texto hebreo en la sinagoga, hablar arameo en la vida cotidiana se sentía como mantener una cadena viva que se remontaba al Templo de Jerusalem.

Cultura y tradiciones del "Lishan Didan"

El judeoarameo hablado por los judíos kurdos no era idéntico al texto del Talmud. A lo largo de 1.500 años, el idioma evolucionó, como lo hacen todos los idiomas, hasta convertirse en un dialecto propio conocido por sus hablantes como Lishan Didan, "Nuestro idioma". El judeoarameo pasó de una antigua estructura sintética al neoarameo judío moderno, sustituyendo antiguas conjugaciones verbales por tiempos basados en participios e incorporando grandes cantidades de vocabulario kurdo, persa y árabe.

Debido a que la comunidad vivía en aislamiento rural, la alfabetización en hebreo solía estar limitada a los rabinos locales. Para superar esta brecha, la comunidad construyó una rica cultura oral en torno al Tafsir, una traducción oral de la Torá al arameo. En Shabat, el rabino leía el texto hebreo y la comunidad recitaba en voz alta el Tafsir en arameo, reproduciendo la misma práctica de traducción utilizada durante el período del Segundo Templo.

Por el fotógrafo británico Anthony Kersting, Instituto de Arte Courtauld, Londres.

Los judíos kurdos de habla aramea eran inusuales porque muchos trabajaban como agricultores, pastores y tejedores, manteniéndose estrechamente vinculados a la tierra, a diferencia de sus homólogos europeos, a quienes a menudo se les prohibía dedicarse a la agricultura. Eran profundamente espirituales y conocidos por realizar largas peregrinaciones a las tumbas de figuras bíblicas como Jonás, Nahum, Daniel, Mordejai y Ester en el Kurdistán y sus alrededores.

Las poblaciones circundantes consideraban que el propio idioma poseía poder espiritual. Los jajamim (sabios) judíos kurdos eran respetados tanto por los musulmanes como por los cristianos locales por escribir amuletos protectores (kameot) en escritura aramea para proteger contra las enfermedades, confiando en la antigua resonancia del idioma para brindar sanación. Este podría incluso ser el origen de "abracadabra", literalmente "creo mientras hablo" en arameo.

La formación de la diáspora judeoaramea

Por el fotógrafo británico Anthony Kersting, Instituto de Arte Courtauld, Londres.

Durante siglos, los judíos del Kurdistán vivieron en un delicado equilibrio con sus vecinos musulmanes. A pesar de episodios intermitentes de violencia y fuertes impuestos bajo el dominio otomano y el de las tribus locales, por lo general eran respetados como una comunidad antigua, honorable y diferenciada. El siglo XX destruyó ese equilibrio.

El colapso del Imperio otomano, el surgimiento del nacionalismo árabe en Irak y la fundación del Estado de Israel en 1948 hicieron insostenible la vida judía en la región. Los disturbios antisemitas, los boicots económicos y la persecución política aumentaron drásticamente en todo Irak, obligando a las familias a abandonar sus hogares ancestrales en las montañas.

Entre 1950 y 1952, Israel lanzó la Operación Esdras y Nehemías, un enorme puente aéreo que rescató a más de 120.000 judíos iraquíes y kurdos. Aldeas montañosas enteras empacaron lo que podían cargar, descendieron a pie hasta los puntos de tránsito y volaron a casa, al recién nacido Estado judío. Israelíes destacados nacidos en el Kurdistán —como el exministro de Defensa y jefe del Estado Mayor Itzjak Mordejai— crecieron en hogares cuya lengua materna era el arameo antes de emigrar a Israel durante la operación.

Una inmigrante del Kurdistán llega a Israel con su hijo, 1951. (Foto: Oficina de Prensa del Gobierno de Israel)

Los judíos de habla aramea al otro lado de la frontera, en Irán, permanecieron allí algunas décadas más. Sanandaj fue el principal centro de la Persia histórica para los judíos de habla aramea y, desde mediados hasta finales del siglo XX, destacadas familias de las comunidades judías de Sanandaj y Kermanshah dirigieron importantes centros comerciales, escuelas e instalaciones médicas en todo el oeste de Irán.

Pero después de la Revolución Islámica de 1979, prácticamente toda la intelectualidad y el liderazgo empresarial judío que aún quedaba en Sanandaj y Kermanshah se marchó, en su mayoría a través de Turquía o Pakistán, y se estableció en Great Neck (Nueva York), Los Ángeles e Israel, llevando consigo sus tradiciones regionales y su herencia aramea. He conocido a varios judíos persa-estadounidenses de segunda generación y les he preguntado cuánto farsi habían aprendido de sus padres. Para mi sorpresa, varios me dijeron que sus padres no hablaban persa en absoluto mientras crecían: hablaban arameo. Esa conversación fue lo que dio origen a este artículo.

El arameo hablado en el siglo XXI

¿Todavía hay judíos que hablan arameo en la actualidad? Sí, pero el idioma enfrenta una crisis existencial. Cuando los judíos kurdos llegaron a Israel en la década de 1950, llegaron a una sociedad firmemente comprometida con el crisol de culturas. El joven Estado impulsó a todos los inmigrantes hacia el hebreo moderno como su único idioma para construir una identidad israelí unificada, y el judeoarameo quedó relegado junto con el ídish, el judeoárabe y otros idiomas de la diáspora.

Por el fotógrafo británico Anthony Kersting, Instituto de Arte Courtauld, Londres.

Hoy solo quedan unos pocos miles de hablantes fluidos de judeoarameo, la mayoría de ellos israelíes ancianos que viven en barrios de Jerusalem como Majané Yehudá, o en aldeas agrícolas como Nashia y Azaria. A pesar del pronunciado declive, algunas figuras destacadas han mantenido esta herencia en el centro de atención.

El legendario cantante israelí Itzik Kala, de ascendencia judía kurda, ha incorporado letras y melodías arameas a su música, llevando los sonidos de las montañas del Kurdistán a la cultura popular israelí. Los descendientes de la famosa dinastía rabínica Barzani, incluida Asenath Barzani, la primera mujer líder judía kurda registrada en el mundo en el siglo XVII, todavía mantienen profundos vínculos con sus tradiciones lingüísticas ancestrales.

La carrera contra el tiempo para preservar el antiguo idioma

El judeoarameo está clasificado por la UNESCO como un idioma en peligro de extinción, y un dedicado grupo de académicos, líderes comunitarios y activistas ha puesto en marcha iniciativas para evitar que desaparezca por completo. Investigadores de instituciones como la Universidad Hebrea y el Jewish Language Project están grabando a hablantes nativos de edad avanzada para preservar dialectos de las montañas como los de Zakho y Amadiya antes de que se pierdan.

La revitalización cultural también está ocurriendo sobre el terreno en Israel, donde la Organización Nacional de Judíos Kurdos organiza el festival anual Seharane, que celebra la música, la danza y el arameo hablado de los judíos kurdos para las generaciones más jóvenes. Proyectos comunitarios de archivo digital también han comenzado a subir a internet diccionarios de arameo y grabaciones orales para que las generaciones futuras puedan continuar estudiando el dialecto vivo.

La historia de los judíos de habla aramea del Kurdistán es uno de los capítulos más extraordinarios de la historia judía, un recordatorio de que el pasado de nuestro pueblo es un tapiz vivo, capaz de preservar sus hilos más antiguos en los lugares más inesperados. La próxima vez que estemos en la sinagoga recitando el Kadish o abramos una página del Talmud, vale la pena recordar: esas palabras no son solo tinta sobre un antiguo pergamino. Durante veinticinco siglos, una comunidad resiliente en las montañas del Kurdistán las mantuvo vivas como un idioma hablado y vivo, prueba de que la lengua de nuestros sabios en realidad nunca dejó de existir.

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EDSON
EDSON
24 días hace

Sensacional !! Um resumo muito claro e fascinante !

Marín Mouradian Azarie
Marín Mouradian Azarie
25 días hace

Shalom, Am Israel Chai 🙌🏻🇮🇱💎 Certifico con una gran bendición y exactitud cómo una herencia de linaje antigua, que la señora (Judío Kurdistán ) con su hijo en brazos (Año 1951) es muy parecida a mi madre de apellidos Evelin, Azarie/Ourfali, que sus padres (Abuelos maternos) llegaron de Turquía para instalarse en Siria/Aleppo, ahora estamos viviendo en Venezuela/Caracas, espero pronto volver a casa 🙌🏻🇮🇱🏠🤗

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