Los judíos y la isla griega de Creta

06/01/2026

5 min de lectura

Descubre el misterioso legado judío de Creta.

Adéntrate en el mundo antiguo de Caftor, una tierra mencionada en la Biblia y que muchos estudiosos creen que es la legendaria isla de Creta, la más grande del mar Egeo. Caftor suele asociarse en la Biblia con los filisteos, antiguos adversarios de Israel, quienes se dice que se originaron en esta isla, trayendo consigo una cultura influenciada por las civilizaciones minoica y micénica.

Pero la historia de Caftor —o, como se la conoce ahora, Creta— no termina allí. Esta isla estratégicamente vital, disputada durante siglos por imperios, también fue hogar de una vibrante comunidad judía desde la época de Alejandro Magno. Historiadores antiguos como Josefo, quien se casó con una mujer cretense, reconocieron esta conexión, identificando a Caftor con Creta e invitándonos a explorar el legado perdurable de la presencia judía en esta isla extraordinaria.

Durante siglos, los judíos romaniotas de Creta prosperaron como una de las comunidades judías más antiguas y singulares del mundo. Ellos fusionaron sus ricas tradiciones con la vibrante cultura griega que los rodeaba, hablaban ievánico (una fascinante mezcla de hebreo y griego) y manteniendo prácticas religiosas distintivas que los diferenciaban. Esta comunidad resiliente jugó un papel vital en la historia de Creta, dejando una huella imborrable en la isla hasta ser casi destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

Los descubrimientos arqueológicos en Creta revelan una presencia judía activa ya en los siglos II y III de nuestra era, con inscripciones de Kisamos que confirman la existencia de una sinagoga activa durante el período romano. En Gortyna, las ruinas de antiguas sinagogas y relieves de menorás narran la vida judía en los primeros siglos de la era común. Estos hallazgos notables, incluidos restos bien conservados de sinagogas cerca de Chersonisos, demuestran el legado duradero de la cultura judía en esta isla histórica.

Piso de mosaico de una sinagoga romaniota en Egina, ca. 300 EC. (Dominio público).

Durante la era veneciana (siglos XIII–XVII), la comunidad judía floreció, convirtiéndose en parte integral del tejido social y económico de Creta. Los judíos disfrutaron de relativa estabilidad bajo el dominio veneciano, contribuyendo al comercio, la artesanía y diversas profesiones. La comunidad se concentró en ciudades como La Canea (Chania), donde la histórica Sinagoga Etz Jaim, construida a fines del siglo XV, se convirtió en el centro de la vida religiosa y comunitaria. A pesar de las restricciones y tensiones ocasionales, los judíos de Creta conservaron sus tradiciones romaniotas mientras interactuaban con la cultura veneciana en general.

En un irónico giro del destino, los judíos sefaradíes que huían del Reino Católico de Isabel en 1492 encontraron refugio en la isla, entonces también católica y gobernada por Venecia. Llevaron consigo su vibrante cultura y sus tradiciones, y construyeron una segunda sinagoga, Beit Shalom, junto a la sinagoga romaniota existente, Etz Jaim, enriqueciendo la vida judía en la isla. Su llegada marcó un momento único de fusión cultural, al buscar nuevos comienzos en una isla gobernada por la misma fe que los había expulsado de su tierra natal.

La resiliencia de la comunidad judía se destacó en 1541, durante el “Purim de Candia”, que conmemora su milagrosa liberación de un ataque violento planeado por la población local en Heraclión (conocida bajo dominio veneciano como Candia). El ataque fue evitado cuando las autoridades venecianas, que habían segregado a los judíos, pero también buscaban protegerlos, advirtieron a la comunidad judía que abandonara temporalmente su barrio. Este Purim local, celebrado anualmente el 10 de Adar, se convirtió en una tradición muy apreciada, marcando un momento significativo de salvación en la historia de la comunidad bajo el gobierno veneciano.

Este período de intercambio cultural y diversidad continuó hasta la conquista otomana en el siglo XVII, que trajo cambios significativos en la situación y modo de vida de la comunidad judía.

El gueto judío de Hania tal como aparece en un mapa veneciano del siglo XVII (Dominio público).

La otrora próspera comunidad judía de Creta enfrentó una caída trágica durante el Holocausto. En 1944, casi toda la población judía fue deportada por los nazis. En un giro devastador de los acontecimientos, los británicos hundieron accidentalmente el barco Tanais el 9 de junio de 1944. El barco transportaba a 260 judíos, prisioneros políticos y otros. Casi todos a bordo murieron, terminando efectivamente con siglos de presencia judía en la isla.

La historia del Tanais se ha convertido desde entonces en un poderoso símbolo en Creta, con una exposición de arte titulada "La historia como enfrentamiento con el trauma" en el Museo Arqueológico, que conmemora la tragedia y honra a los fallecidos. Uno de los pocos sobrevivientes judíos, Iosef Ventura, escribió un emotivo libro de poemas sobre el Tanais.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis devastaron aún más a la comunidad, bombardeando la Sinagoga Beit Shalom, profanando el cementerio judío y destruyendo en gran parte el barrio judío de Chania, aunque algunas de las antiguas casas todavía permanecen en pie, como testigos silenciosos de esta historia dolorosa.

Jason Francisco, memorial del Tanais, playa Koum Kapi, Chania, Creta, 2023.

En un poderoso testimonio de la resiliencia judía, la Sinagoga Etz Jaim en Chania fue bellamente restaurada en la década de 1990, después de que un terremoto prácticamente destruyera el edificio en 1995. Con el apoyo de donantes internacionales, el sitio histórico fue completamente reconstruido y una nueva era de vida judía en la isla renació tras la trágica pérdida del Holocausto. Hoy, Etz Jaim sigue siendo la única sinagoga activa en Creta, un símbolo de esperanza a pesar de desafíos continuos, incluido un ataque incendiario en 2010, alimentado por el antisemitismo persistente en Grecia. Esta sinagoga romaniota, distintiva en su estructura con la bimá en la pared occidental, refleja antiguas tradiciones mientras fomenta un espíritu de esperanza vital y continuidad para el futuro.

Bimá en la pared oriental (foto del autor)

Detalle del Arón de la sinagoga con notas incrustadas.

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