La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina
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¿Cuál fue el primer mandamiento de Dios a la humanidad? Contrario a lo que muchos creen, no fue “No comas del Árbol del Conocimiento”. En la frase anterior, Dios primero ordenó a Adam: “De todo árbol del jardín podrás comer libremente”.(1)
Este detalle, a menudo pasado por alto, transforma nuestra comprensión del judaísmo. ¡La Torá no comienza con una limitación, sino con un mandato divino de disfrutar la riqueza de la creación!(2)
En la porción de esta semana, la Torá lo deja explícito: “Guardán Mis estatutos y Mis leyes, los cuales el hombre hará y vivirá por ellos: Yo soy Dios”.(3) La expresión hebrea וחי בהם (vejai bahem)significa literalmente “y vivir por ellos”, indicando que los mandamientos no son solo reglas, sino caminos hacia una existencia más plena. La Torá no solo sugiere que las mitzvot mejoran la vida, sino que declara que su propósito es crear vida.
Como explica elocuentemente Rav Hirsch, el líder de la ortodoxia alemana del siglo XIX: "mediante el cumplimiento de las mitzvot, alcanzamos la vida en su forma más positiva". En pocas palabras, Dios nos dio las mitzvot para hacer nuestra vida extraordinaria.
Tras haber vivido en comunidades judías observantes de las mitzvot durante casi una década, he visto los increíbles frutos de vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. Las mitzvot enriquecen cada dimensión de la experiencia humana: desde nuestras relaciones hasta nuestras rutinas diarias y las transiciones de la vida. Permíteme ilustrarlo.
En el matrimonio, los resultados son especialmente notables. Mientras que en muchas sociedades la tasa de divorcio ronda el 50%, en el mundo ortodoxo es inferior al 10%, con altos niveles de satisfacción.
¿Por qué esta diferencia? Porque la Torá establece varios mandamientos claves que parecen restrictivos pero que, de hecho, fortalecen el matrimonio. En primer lugar, la Torá ordena que durante el primer año de casados, el esposo debe dejar el resto de su vida en segundo plano y dedicarse a hacer feliz a su esposa. Esta correcta alineación de prioridades (poner a la pareja en primer lugar) establece la base de toda la relación.
Además, la Torá prohíbe tocar a alguien del sexo opuesto que no sea un miembro cercano de la familia. Esto crea límites claros que evitan la intimidad física casual que a menudo lleva a confusión emocional y relaciones complicadas. Asimismo, esto hace que la experiencia de tocar al cónyuge sea mucho más especial e íntima.
Quizás lo más poderoso son las leyes de pureza familiar. Después del ciclo mensual de la mujer, las parejas se separan físicamente durante aproximadamente 12 días, durante los cuales se enfocan en la conexión emocional e intelectual. Este ritmo mensual crea un ciclo natural de reencuentro y renovación. Lo que inicialmente parece una restricción, en realidad aumenta el placer. Cuando la pareja se reúne nuevamente, experimenta la alegría de la cercanía como si fuera otra vez su noche de bodas.
El contraste es igualmente poderoso cuando se trata del envejecimiento. A las siete de la mañana, con frecuencia me cruzo con hombres de 80 y 90 años que regresan del rezo matutino, llenos de energía y con ansias de pasar el día estudiando Torá. Mientras muchas sociedades enfrentan una epidemia de soledad entre los adultos mayores, las mitzvot crean comunidades donde los ancianos permanecen activos, respetados y comprometidos.
El mandamiento de “levantarse ante el anciano y honrar el rostro de una persona mayor”(4) establece una cultura en la que envejecer trae consigo mayor sabiduría y estatus, no irrelevancia. Las familias, guiadas por la mitzvá de “honra a tu padre y a tu madre”,(5) visitan y cuidan a sus padres con diligencia y respeto, asegurando que ningún anciano sea abandonado a enfrentar sus últimos años en soledad.
Las mitzvot económicas de la Torá van completamente en contra de la cultura occidental. En un mundo donde la acumulación define el éxito, el judaísmo exige dar al menos el 10% de los ingresos para caridad,(6) otorgar préstamos sin interés a otros judíos(7) y prohíbe retener el salario de los trabajadores, incluso por un solo día.(8) Estas prácticas crean comunidades de generosidad radical, donde la ética financiera y el apoyo mutuo constituyen la base de la vida económica.
Pero no termina ahí. Mi primera experiencia con el Shabat permanece grabada en mi memoria: completos desconocidos me recibieron en sus hogares como si fuera parte de la familia, ofreciéndome comidas deliciosas y entablando conversaciones significativas. Esta notable hospitalidad surge directamente de la mitzvá de hajnasat orjim (recibir invitados), tan central en los valores judíos que el propio Abraham interrumpió una conversación con Dios para recibir a viajeros.(9)
El impacto de esta mitzvá transforma los hogares judíos en santuarios de generosidad, donde los anfitriones no solo brindan comida y alojamiento a extraños, sino que además agradecen profundamente a sus invitados por la oportunidad de cumplir con esta obligación sagrada. Esta cultura de generosidad impregna cada comunidad observante que he visitado.
Literalmente podría dar innumerables ejemplos para ilustrar que la observancia de las mitzvot conduce a la vida más maravillosa imaginable. Pero la promesa de la Torá de “y vivir por ellas” va aún más allá.
El Rambán, al comentar nuestro versículo, ofrece un marco profundo que amplía nuestra comprensión de cómo los mandamientos crean vida. Él explica que la “vida” que recibimos depende de por qué los cumplimos:
Este marco refleja algo que todos sabemos de manera intuitiva: nuestra intención transforma nuestra experiencia. La misma acción, realizada con diferentes motivaciones, produce resultados completamente distintos, no solo en lo espiritual, sino también en nuestra experiencia cotidiana.
La enseñanza del Rambán nos invita a examinar no solo qué mandamientos cumplimos, sino por qué los cumplimos. A medida que elevamos nuestras intenciones desde el interés propio hacia el amor a Dios y el reconocimiento del valor intrínseco de Sus mandamientos, desbloqueamos dimensiones cada vez más profundas de la vida prometida en “וחי בהם” — vivir por ellos.
Obtén más vida de tu vida
Con estos conceptos en mente, te invito a utilizar la promesa de la Torá de que debemos “vivir por ellos” como motivación para fortalecer tu práctica de las mitzvot.
Considera cuál de los cuatro niveles del Rambán te inspira más. ¿Te atraen los beneficios prácticos de una vida más estructurada? ¿La seguridad espiritual de seguir la instrucción divina? ¿La alegría de conectarte con la tradición y la comunidad? ¿O la experiencia trascendente de la conexión con Dios?
Si eres nuevo en la práctica judía, elige una mitzvá pequeña que conecte con tu motivación principal, quizás encender las velas de Shabat o decir Modé Aní (agradezco) cada mañana. Incluso estos actos simples comienzan a reorganizar tu vida en torno al sentido y el propósito.
Si ya eres observante, identifica un área en la que tu práctica se haya debilitado. ¿La estás viendo solo como un hábito automático o una carga? En su lugar, cambia conscientemente tu enfoque aplicando una de las perspectivas del Rambán para reavivar tu compromiso.
La vida prometida a través de las mitzvot no es una recompensa lejana: comienza en el momento en que nos alineamos con la sabiduría infinita de la Torá.
¡Que tengas una semana llena de vida!
Bereshit 2:16
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