El viaje a Polonia de Aish Living Legacy Experience
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Devarim 31:12: “Reúne al pueblo, a los hombres, a las mujeres y a los niños pequeños, y a tu extranjero que está en tus ciudades, para que oigan y para que aprendan, y teman a Hashem, tu Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta Torá”.
Rashi 31:12, Dh: Vehataf: “¿Por qué los trajeron [a los niños pequeños]? Para dar recompensa a quienes los traen.”
Cada siete años, toda la nación tenía el mandamiento de ir al Templo a escuchar al rey leer toda la Torá en una ceremonia conocida como Hakel (que literalmente significa “reunión”). La Torá recalca que los niños pequeños también debían estar presentes, aun cuando eran demasiado jóvenes para comprender lo que ocurría. Rashi escribe que el propósito de llevar a los niños era otorgar recompensa. Pero si no había ningún beneficio en llevarlos, ¿por qué habría de haber recompensa por hacerlo?
Rav Ierujam Levovits afirma que sí existe un beneficio. Aunque los niños pequeños son demasiado jóvenes para aprender conscientemente de lo que ocurre, a un nivel profundo y subconsciente se ven influenciados por el simple hecho de estar presentes en un evento tan trascendental y espiritual. Rav Ierujam prueba esto con la historia de Rabí Iehoshúa ben Janania. La Mishná en Pirkei Avot relata que Rabí Iojanán ben Zakai dio diversos elogios a sus grandes alumnos. Con respecto a Rabí Iehoshúa ben Janania, el elogio fue: “Ashrei ioladto” —dichosa la que lo dio a luz.(1)
El Bartenura, en su segunda explicación de esta parte de la Mishná, enseña que Rabí Iojanán quiso alabar a la madre de Rabí Iehoshúa por cómo lo crio. Él cita al Talmud Ierushalmi(2) que relata que cuando su madre estaba embarazada de él, iba a todas las casas de estudio de su ciudad y pedía a los eruditos de la Torá que rezaran para que su hijo creciera como estudioso de la Torá. Además, desde el día en que nació, nunca retiró su cuna de la casa de estudio, de modo que los únicos sonidos que entraban en sus oídos eran palabras de Torá. La pregunta es: ¿qué efecto positivo podía tener esto en un bebé que no entendía una palabra de lo que oía? El Kedushat Tzión(3) explica que al escuchar el sonido de la Torá, la santidad de la Torá se infundía en su alma, aunque él no lo comprendiera. Eso dejó en él una impresión tan profunda que lo ayudó enormemente a convertirse en un gran erudito de la Torá cuando creció.
Este enfoque también puede explicar el beneficio de llevar a los niños pequeños a Hakel: escuchar el sonido de la Torá y estar en un ambiente de temor a Dios puede dejar una profunda huella en el alma del niño que le traerá un beneficio duradero.
La mitzvá de Hakel también enseña la importancia fundamental del rol de los padres en la crianza del niño, para darle la oportunidad de llegar a ser un gran estudioso de la Torá. Los padres debían soportar la incomodidad de llevar a sus hijos en un largo y difícil viaje hasta el Templo. Esta disposición a soportar sacrificios para asegurar que el hijo crezca de la mejor manera posible es esencial en toda su crianza. No basta con darle una educación en Torá y confiar en que la escuela lo forme. Los padres deben esforzarse mucho para brindarle a su hijo cada oportunidad de crecer en Torá.
En esta línea, cuentan la historia de una madre que vivía en gran pobreza en Europa y apenas tenía dinero para poner comida en la mesa, pero estaba decidida a que su hijo recibiera la mejor educación en Torá. En ese entonces, esto requería estudio personal con un maestro. Ella destinó gran parte de lo poco que tenían a los estudios de Torá de su hijo. Pero llegó un momento en que ya no podía pagar al maestro, hasta que decidió realizar un acto de autosacrificio difícil de comprender. En el invierno europeo, el frío era insoportable y la única protección que tenían era una estufa. La madre decidió vender la estufa y soportar el frío amargo con tal de continuar pagando la educación de su hijo. Ese niño creció y se convirtió en el célebre Ridbaz, un gran erudito de la Torá y autor de un comentario al Talmud Ierushalmi. Él solía contar su historia, destacando que fue por el mérito de su madre que pudo llegar a ser un estudioso de la Torá.
De más está decir que el sacrificio de la madre del Ridbaz está muy por encima de nuestro alcance, pero nos da una idea de lo que debemos aspirar para criar a nuestros hijos en el temor de Dios y para que nuestros hijos varones sean estudiosos de la Torá. Por ejemplo, puede resultar más caro enviar a nuestros hijos a las escuelas que mejor fomenten su crecimiento en la Torá, pero si una persona comprende que su relación con Dios es más importante que todo lo demás, entonces será mucho más fácil ver el gasto no como una carga, sino como una excelente inversión.
La mitzvá de Hakel nos enseña que la necesidad de invertir gran esfuerzo y tiempo en nuestros hijos comienza desde su nacimiento y continúa durante toda su vida.
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