Estados Unidos cumple 250 años


5 min de lectura
¿Es verdad que Israel es un estado apartheid? La historia de los ciudadanos árabes muestra algo completamente distinto: una realidad de oportunidades, progreso y sorprendente solidaridad.
En campus universitarios y calles de ciudades, durante los últimos dos años y medio, muchas personas han estado proclamando que Israel es una “empresa colonial de asentamiento”. Los manifestantes antiisraelíes declaran con audacia que el único país judío del mundo es un estado de apartheid y que los árabes son tratados como ciudadanos de segunda clase.
Esta es una narrativa falsa y maliciosa. La verdad es que la acción afirmativa, el aumento de inversiones y la expansión de oportunidades han permitido que los ciudadanos árabes prosperen como profesionales, innovadores y líderes.
Examinemos la historia de judíos y árabes en la región
Después de las Cruzadas, iniciadas en 1095, que expulsaron a los judíos de Palestina, estos regresaron rápidamente, creando cuatro comunidades duraderas. Aunque el siglo XIX trajo una importante inmigración judía, también vio una considerable migración árabe desde Egipto, el Imperio Otomano y la Rusia zarista hacia las áreas que luego serían Palestina. Además, durante el período del Mandato Británico, muchos árabes de Cisjordania se trasladaron a las zonas costeras buscando oportunidades económicas. Se casaban con mujeres de sus aldeas de origen y frecuentemente regresaban allí para ayudar durante las cosechas. Por lo tanto, una gran proporción de los árabes que huyeron en 1948 no tenían vínculos históricos prolongados con las áreas que se convirtieron en Israel.
El Gran Mufti nombrado por los británicos dirigió pogromos en 1921 y 1929. La revuelta de 1936 que él encabezó estaba enfocada en poner fin a la inmigración judía. Durante una pausa de un año en los combates, los británicos acordaron crear la Comisión Peel. Esta recomendó un estado judío en el 12% del territorio, un estado palestino en el 80%, y Jerusalem bajo control británico. Sin embargo, mientras existiera aunque fuera un minúsculo estado judío, el Gran Mufti lo rechazaba.
Cuando la Comisión Woodward recorrió extensamente Palestina buscando respuestas a la propuesta, los aliados del Gran Mufti comenzaron a asesinar líderes árabes que estaban abiertos a aceptarla. Ellos anunciaron: “Quienes vayan a reunirse con la comisión deben llevar su mortaja”. El historiador Hillel Cohen estima que los aliados del Mufti mataron a 1.000 árabes disidentes. Cuando la revuelta se reanudó, ya no reflejaba unidad árabe.
Después de huir de Palestina, el Gran Mufti colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Al regresar a Egipto en 1947, fue nombrado por la Liga Árabe como líder político del pueblo palestino. La Liga creó el Ejército Árabe de Liberación (ALA) después de que la ONU aprobara su plan de partición. Los primeros seis meses del conflicto de 1948 fueron una guerra civil, mientras los ejércitos árabes extranjeros esperaban a que los británicos abandonaran el territorio el 15 de mayo.
Debido a cómo el Gran Mufti había alienado a muchos con sus intentos de silenciar la oposición, un número considerable de comunidades árabes locales buscó llegar a acuerdos con los sionistas. Como resultado, el historiador Ilan Pappe estimó que los árabes locales constituían apenas el 10% de los voluntarios del ALA. Sin una población local de apoyo que suministrara mano de obra y materiales, el ALA sufrió de líneas de suministro inadecuadas, haciendo imposibles campañas sostenidas en la mayoría de los casos. Estas deficiencias fueron la razón principal de los éxitos sionistas durante el período de guerra civil, ya que todavía no habían recibido armamento del extranjero.
Casi inmediatamente después de que partieran los británicos, Líbano se negó a enviar combatientes, ya que tanto las comunidades cristianas como chiitas del sur del Líbano mantenían relaciones favorables con las comunidades sionistas vecinas. Debido a su actitud hostil hacia el Gran Mufti y a sus ambiciones sobre Cisjordania, la legión del rey Abdullah de Jordania decidió no entrar en áreas que la ONU había asignado al estado judío. La legión permaneció durante toda la guerra en Cisjordania y Jerusalem.
Las tropas iraquíes, después de ser inicialmente rechazadas cerca del Mar de Galilea, también optaron por permanecer en Cisjordania. Y las fuerzas sirias se debilitaron cuando su contingente druso, tras algunas derrotas, se disolvió y muchos se unieron a los drusos israelíes dentro del ejército sionista. De esta manera, solo los egipcios y una fuerza siria debilitada enfrentaron a los sionistas en las áreas que se convirtieron en el estado de Israel.
Cuando el término Nakba fue acuñado hacia el final de la guerra de 1948, este aludía a “la catástrofe” de que existiera cualquier estado judío en tierras árabes. En 1958, la Nakba fue conmemorada por estaciones de radio de la República Árabe Unida, llamando a los estados árabes y musulmanes del mundo a guardar cinco minutos simbólicos de duelo por el establecimiento de Israel, sin mencionar en absoluto a los refugiados árabes. El significado cambió hacia la situación de los refugiados recién en los años 90, cuando Arafat, para impedir una solución de dos estados, convirtió el derecho al retorno en una demanda central.
Durante las primeras dos décadas posteriores a la independencia, los ciudadanos árabes, sin liderazgo y desmoralizados, experimentaron un trato severo: gobierno militar y confiscación de tierras. A medida que los movimientos políticos árabes se reconstruyeron y surgió un nuevo liderazgo sionista, hubo avances modestos. Sin embargo, después del fracaso de los Acuerdos de Oslo, una segunda intifada debilitó aún más el bienestar económico de los ciudadanos árabes. Desilusionado y frustrado, un amplio sector emitió cuatro Declaraciones de Visión exigiendo autonomía.
La respuesta sionista a estas demandas condujo a mejoras notables, reflejadas en sucesivos planes quinquenales que aumentaron dramáticamente la financiación de las ciudades árabes y promovieron avances educativos y laborales sin precedentes. Médicos árabes son directores de hospitales importantes, Nazaret árabe se ha convertido en un centro tecnológico, y muchas agencias gubernamentales (incluida la policía) tienen ciudadanos árabes en puestos de alto nivel.
Durante la última década, el sistema educativo de Jerusalem Oriental fue modernizado, permitiendo que miles de palestinos de esa zona asistan a universidades israelíes. El plan Silicon Wadi de la municipalidad estableció un distrito de innovación para empresas de alta tecnología. Laura Wharton, miembro del concejo municipal de Jerusalem por el partido izquierdista Meretz, declaró: “La idea ahora es desarrollar industrias de alta tecnología y otras áreas que permitan a las personas de Jerusalem Oriental encontrar empleo en Jerusalem”. Hoy, más palestinos de Jerusalem Oriental prefieren ser ciudadanos israelíes antes que formar parte de un estado palestino.
Uno de los aspectos más notables de la guerra entre las FDI y Hamás ha sido la actitud y el comportamiento de los ciudadanos árabes de Israel. A pesar de repetidas provocaciones de la extrema derecha liderada por Ben Gvir, ellos han mantenido e incluso aumentado su lealtad al estado. Además, su relación con sus vecinos judíos no se ha deteriorado y en muchos casos, se ha fortalecido.
Inmediatamente después del ataque del 7 de octubre, el líder de Raam, Mansour Abbas, condenó inequívocamente las acciones de Hamás. Sus palabras tuvieron amplia resonancia entre los ciudadanos árabes, como demuestra el hecho de que el 86,5% apoyó los esfuerzos civiles de voluntariado. A las ocho semanas de iniciada la ofensiva de las FDI, solo una pequeña minoría de ciudadanos árabes responsabilizaba exclusivamente al ejército israelí por el daño a civiles gazatíes.
Más de un año después del inicio de la guerra, aproximadamente el 57,8% creía que el conflicto había fomentado un sentido de destino compartido entre árabes y judíos en Israel. Una gran mayoría de los encuestados (71,8%) apoyaba la inclusión de un partido árabe en el gobierno israelí después de las próximas elecciones. En una encuesta reciente, solo el 9% de los árabes israelíes afirmó que su identidad palestina era el componente dominante de su identidad.
A diferencia de lo ocurrido tras la guerra de Gaza del 2021, no hubo violencia entre judíos y musulmanes en las ciudades mixtas. Después de los disturbios del 2021, la policía local lanzó programas juveniles, coordinados con mezquitas, que mantuvieron a muchos jóvenes fuera de las calles. En Yafo, judíos y árabes iniciaron actividades conjuntas. Durante el Ramadán del 2023, mezquitas locales organizaron un iftar comunitario e invitaron a hablar a un rabino ortodoxo. Dinámicas similares ocurrieron en otras ciudades mixtas.
Todavía existen prejuicios importantes y algunos obstáculos estructurales para lograr plena igualdad de oportunidades. Y existe una extrema derecha judía antiárabe políticamente influyente. Sin embargo, los avances dramáticos han creado una mayor unidad entre la mayoría de los ciudadanos judíos y árabes de Israel.
En el único estado judío del mundo no hay apartheid, ni motivos colonialistas de asentamiento, ni ciudadanos de segunda clase.
Solo esperanza de un futuro mejor.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.