Mamdani y las publicaciones de su esposa en favor de Hamás


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Los rehenes recientemente liberados están revelando historias extraordinarias de coraje, fe y del espíritu judío inquebrantable que los sostuvo durante los momentos más oscuros de su cautiverio.
Herido y torturado, Matan Angrest, un soldado tanquista israelí de 20 años, fue arrastrado a Gaza, siendo el único sobreviviente de la tripulación de su tanque tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Durante sus dos años de cautiverio, se mantuvo firme ante sus captores y se afirmó como un orgulloso judío.
Matan recuerda: “Exigí tefilín, un libro de plegarias y un Tanaj. De alguna manera, me los trajeron. Desde ese día, recé tres veces al día, mañana, tarde y noche. Eso me dio fuerza. Me protegió”.

Por ser soldado, Matan sufrió torturas especialmente severas. Su madre, Anat, dice: “Recuerda haber sido golpeado tan fuerte que perdió el conocimiento. Lo cubrieron con bolsas negras y lo arrastraron”. Además del maltrato físico, Matan fue sometido a tortura psicológica: le dijeron que Israel había renunciado a él, que Hamás iba a conquistar Israel y que sus abuelos maternos habían muerto.
Al ser liberado, sintió gran alivio al descubrir que estaban vivos. A pesar de un trato tan brutal, Matan se negó a quebrarse, dice Anat.
Durante la mayor parte de su cautiverio, Matan estuvo con Gali Berman, quien también fue liberado en el reciente alto el fuego. Gali tenía una copia de la Torá y la leían juntos repetidamente. Matan dice: “Sé de memoria cada porción de la Torá”.
En un momento, Matan estuvo junto con Keith Siegel, quien fue liberado en un acuerdo de rehenes en febrero del 2025. Keith recuerda que Matan mantenía una actitud positiva: “Matan y yo estábamos en una pequeña habitación cerrada, sin luz. Matan conservaba el buen ánimo, a pesar de lo que pasó. Nos fortalecíamos mutuamente y nos reíamos juntos”.
Durante los últimos cuatro meses de su cautiverio, Matan estuvo solo en un pequeño túnel oscuro, bajo guardia especial. Al preguntarle cómo logró mantenerse solo en el túnel, Matan respondió: “Trataba de mantenerme optimista. Cantaba para mí mismo… Rezaba tres veces al día. Mi fe me fortaleció mucho”.
Los médicos del Centro Médico Ijilov, donde Matan se recuperó durante cuatro días tras su liberación, informaron que, a pesar de las graves heridas físicas, su espíritu sigue fuerte.
Matan habla en el funeral de su comandante, Daniel Peretz
Dos días después de su regreso de Gaza, Matan le dijo al Jefe del Estado Mayor de las FDI, el teniente general Eyal Zamir, que le gustaría volver al servicio activo en las FDI. Ese mismo día, Matan salió del hospital para asistir al funeral del comandante de su tanque, Daniel Peretz, quien fue asesinado el 7 de octubre. El cuerpo de Peretz había sido secuestrado por Hamás y fue devuelto como parte del acuerdo de alto el fuego.
En el funeral de Peretz, Matan pronunció un emotivo elogio y prometió a la familia: “Dondequiera que vaya, él siempre estará conmigo”. También afirmó que está dispuesto a regresar a Gaza para recuperar el cuerpo de otro miembro de la tripulación de su tanque, Itay Chen, que aún se encuentra en poder de Hamás.
La fe de Matan lo sostuvo durante toda su difícil experiencia y continúa guiándolo mientras se recupera. Como él mismo dice: “Incluso en los túneles más profundos, el alma no puede ser tomada prisionera”.
Con solo 19 años al momento del ataque de Hamás, Rom Braslavski se negó a huir del festival Nova, donde trabajaba como guardia de seguridad. Se quedó para ayudar a otros a escapar, atender a los heridos y evitar que los terroristas secuestraran los cuerpos de los muertos. Rom luchó contra los terroristas lanzándoles piedras y animando a otros a hacer lo mismo.
La madre de Rom, Tami, dice: “No veía miedo. No veía muerte. Solo veía una cosa: cómo podía ayudar, alentar y salvar a tantas personas como fuera posible”. Desafortunadamente, los esfuerzos de rescate de Rom terminaron alrededor de las 3 p.m., cuando fue capturado por terroristas de la Yihad Islámica.

Durante sus dos largos años de cautiverio, Rom se aferró a su fe. Sasha Trufanov, rehén liberado que estuvo junto con Rom por algún tiempo, reportó que Rom comenzaba cada mañana recitando las plegarias Modé Ani y Shemá, agradeciendo a Dios por mantenerlo con vida.
En Gaza, Rom fue mantenido en condiciones extremas, privado de comida y necesidades básicas. Al principio, estuvo esposado de pies y manos en una pequeña habitación y solo recibía medio trozo de pan seco y un poco de arroz cada noche.
Hambriento y desesperado, un día logró liberarse de sus esposas e intentó cocinar pasta. El gas no funcionaba, así que encendió un fuego con un libro y algunas prendas que encontró en el departamento. Desafortunadamente, los vecinos percibieron el humo y golpearon las ventanas. Temiendo por su vida, Rom se escondió bajo una cama mientras decenas de gazatíes irrumpían en el apartamento.
Su madre dice: “Él los sentía sobre el colchón. Vieron las esposas, se dieron cuenta de que había un rehén y comenzaron a buscarlo”. Rom temía ser linchado por la multitud enfurecida. Se quedó escondido, rezando. Inesperadamente, su captor llegó y la multitud se dispersó. No fue castigado.
Los captores de Rom también aplicaron tortura psicológica, diciéndole que Irán había bombardeado Israel y casi lo destruyó, y que 3.000 soldados habían muerto. Además, presionaron a Rom para que se convirtiera al Islam, prometiéndole más comida y mejores condiciones. Rom se negó rotundamente: “¡Soy un judío fuerte!” Su madre dice: “Rom insistió en preservar su identidad judía. En cuanto volvió, se puso tefilín”.
Desde el Centro Médico Sheba, donde Rom se recupera, él recuerda: “Lo único que me dio fuerza fue saber que todos a mi alrededor no eran judíos, y que la razón por la que estaba allí era simplemente porque soy judío”.
Su mensaje al pueblo judío es: “Necesitamos volver a ser un pueblo unido. La gente debería empezar a cumplir mitzvot y entender lo que significa ser judío. Miren lo que me pasó, lo que me hicieron, solo porque soy judío. Eso significa que un judío debe entender que está en un lugar superior, diferente de alguien que no es judío. Necesitamos fortalecer el judaísmo, y espero que el pueblo de Israel permanezca unido”.
Al igual que Rom, Bar Kupershtein, de 21 años, trabajaba como guardia de seguridad en el festival Nova y se negó a abandonar su puesto cuando Hamás atacó. Bar es paramédico, él atendió a los heridos y los ayudó a evacuar hasta ser secuestrado y llevado a Gaza.
En Gaza, Bar fue privado de comida, golpeado y torturado. Su madre, Julie, compartió: “Me cuenta las historias y yo me siento frente a él llorando, dándome cuenta de que mi hijo es fuerte, un héroe, y que no hay nadie como él en el mundo. Me dijo: ‘Mamá, me golpearon, pero no lo sentí — mi cuerpo estaba congelado’. Dijo que todo estaba en la mente, como si entrenara su cerebro para no pensar en el dolor — y sobrevivió”.

Durante este horrible calvario, Bar nunca perdió la esperanza. Siempre intentó ayudar a otros. Julie dice: “Bar tiene manos de oro. Arregló la electricidad, cavó la fosa de desechos, construyó un canal de agua, hizo un pequeño espacio en el túnel donde podían sentarse solos cuando las cosas estaban difíciles”.
Bar vivió muchas situaciones que pusieron en peligro su vida y sintió que fue salvado por milagros. “Se comprometió con una mitzvá de caridad, y se dijo a sí mismo que tenía 200 shekels en su billetera en casa, y cuando saliera del cautiverio los donaría… y eso lo salvaría,” dice Julie.
Bar también intentó cumplir otras mitzvot. Este último Iom Kipur, ayunó y recitó las plegarias que recordaba.
Cuando fue liberado, sorprendió a su familia pidiendo un par de tzitzit para usar. Su madre comparte que la conexión de Bar con el judaísmo se fortaleció en cautiverio. Antes, “[él] tenía fe, era algo tradicional… pero no como ahora. Allí había musulmanes que también rezaban al Creador, y observaban todas las festividades y ayunos, y Bar dijo: si ellos lo hacen, entonces él también quiere estar cerca del Creador”.
Julie concluye: “Una persona en la oscuridad, en el infierno — creo que lo primero es conectarse con el Creador, intentar salvarse de alguna manera. Tenía un diálogo con Dios. Decía el Shemá frecuentemente, rezaba, y recitaba un capítulo de los Salmos que sabía de memoria”.
Bar dice que lo que más le dio fuerza en Gaza fue la canción Afilu Behastara, favorita de su madre, escrita hace más de dos siglos por Rabí Najman de Breslov. La letra afirma que Dios se encuentra incluso en los lugares más oscuros. En cautiverio, Bar solía cantar esta canción una y otra vez. Tras su liberación, un video mostró cómo la cantaba junto con su familia.
En un poderoso mensaje en video publicado por StandWithUs, Bar se dirigió al mundo tras su liberación: “Quiero agradecer a todos los que rezaron, apoyaron y nunca se dieron por vencidos. Lo más importante, quiero agradecer al Creador del Mundo, nuestro Padre en el Cielo”.
Aún siguen surgiendo relatos de la fuerza y fe de otros rehenes liberados.
Eitan Horn, de 37 años, del Kibutz Nir Oz, dijo que este año ayunó en Iom Kipur por primera vez en su vida mientras estaba en los túneles de Gaza.
Matan Zangauker encontró un libro de Salmos desgastado en los túneles y lo usó para sus plegarias diarias.
Segev Kalfon pidió ver la ceremonia de liberación de un compañero rehén, Ohad Ben Ami, en febrero de 2025. Feliz por Ohad, imaginó su propia ceremonia de liberación, cuando estaría en el escenario, rodeado de terroristas, y gritaría la plegaria del Shemá para que todo el mundo lo escuchara.
Tras su liberación, afortunadamente sin ceremonia, Segev compartió: “En el lugar más oscuro, logré ver la luz”. Segev sostiene que la fe fue lo que lo sostuvo durante todo su cautiverio.
A medida que los rehenes liberados se recuperan y hablan, tenemos mucho que aprender de ellos.
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