El hombre que acuñó el término "genocidio" se horrorizaría ante esto


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Ante esta tragedia, es imposible para nosotros en AishLatino no pensar de inmediato en la comunidad judía que sigue viviendo en Venezuela.
El miércoles 25 de junio de 2026, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela con apenas 40 segundos de diferencia, dejando a su paso una devastación que el país no había vivido en décadas. El epicentro se ubicó a 28 kilómetros al noroeste de Montalbán, una zona cercana a algunos de los principales complejos de refinación del país. Los centros de alerta de Tsunamis de Estados Unidos descartaron inicialmente una amenaza de tsunami sobre el Caribe, aunque la advertencia tardó en ser cancelada. El aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía fue cerrado, y aerolíneas como Iberia, Air Europa y Plus Ultra cancelaron sus vuelos entre Madrid y Caracas.
La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia y anunció la creación de un fondo inicial de 200 millones de dólares para la reconstrucción. La ciudad costera de La Guaira fue declarada "zona de desastre", con reportes de edificios destruidos e incendios. Al momento de escribir este artículo, la cifra de víctimas asciende a al menos 164 muertos y cerca de mil heridos —números que seguirán actualizándose a medida que avancen las tareas de rescate y se llegue a zonas aún incomunicadas. La respuesta internacional fue inmediata: la ONU movilizó equipos de búsqueda y rescate, y países como Colombia, España, Suiza, Israel y Estados Unidos ofrecieron ayuda humanitaria.
Ante esta tragedia, es imposible para nosotros en AishLatino no pensar de inmediato en la comunidad judía que sigue viviendo en Venezuela, en sus familias y en su historia de siglos en ese país.
La comunidad judía venezolana atraviesa horas de inquietud tras los intensos sismos que remecieron diversas regiones del país y que se percibieron con fuerza en Caracas, donde se concentra la mayor parte de los judíos de Venezuela.
El rabino Moshe Perman, que encabeza Jabad de Venezuela, confirmó al portal de noticias judías VINnews que tanto él como todas las personas con las que logró comunicarse se encuentran a salvo. Aun así, advirtió que le han llegado reportes de algunos integrantes de la comunidad local cuyo paradero todavía se desconoce.
Por el momento no se han difundido reportes oficiales sobre heridos ni sobre daños de consideración en sinagogas, escuelas o instituciones comunitarias. Sin embargo, el golpe emocional del episodio volvió a dejar al descubierto la vulnerabilidad con la que numerosas familias afrontan su día a día en un país castigado desde hace años por una sucesión de crisis.
Pocos saben saben que los judíos llevan casi 500 años vinculados a la tierra venezolana. Ya en los primeros tiempos de la colonia española, criptojudíos —judíos que se habían convertido formalmente al catolicismo pero mantenían su fe en secreto— habitaban ciudades como Caracas y Maracaibo. La cercanía de Venezuela con la isla de Curazao, donde florecía una comunidad judía bajo dominio holandés, facilitó ese vínculo desde muy temprano.
A fines del siglo XVII, un grupo de judíos provenientes de Curazao fundó en Tucacas una ciudad en gran medida judía, con sinagoga, alcalde judío y un activo comercio regional. Esa pequeña comunidad duró hasta 1720, cuando tropas españolas destruyeron la sinagoga y obligaron a todos sus habitantes a huir. Más adelante, durante las guerras de independencia, los judíos de Curazao fueron de los primeros en apoyar a Simón Bolívar, financiando su ejército y abriéndole las puertas de sus hogares cuando fue forzado al exilio. Dos generales judíos combatieron a su lado.
En 1831, una comunidad de unas 20 familias judías establecidas en la ciudad de Coro fue atacada por vecinos locales. Veinticuatro años después, en 1855, un segundo ataque llevó a la expulsión de los 168 judíos que quedaban en la ciudad, todos los cuales tuvieron que refugiarse en Curazao.
Aun así, la comunidad judía venezolana creció con el tiempo. A mediados del siglo XX llegaron olas de inmigrantes sefardíes provenientes de Siria, Líbano, Egipto, Marruecos y Turquía, atraídos por una economía en expansión y una sociedad relativamente estable. Para mediados de los años noventa, Venezuela albergaba a unos 25.000 judíos, con 18 sinagogas, escuelas y organizaciones comunitarias activas.
El ascenso de Hugo Chávez a la presidencia en 1998 marcó un cambio significativo para la comunidad. Durante su gobierno se registraron allanamientos a instituciones judías, ataques a sinagogas, y un discurso oficial que con frecuencia señalaba a los judíos e Israel como responsables de los problemas del país. Ante ese clima, muchos judíos venezolanos emigraron hacia Miami, Israel y otros destinos. Hoy quedan en Venezuela aproximadamente 4.000 judíos.
A pesar de décadas de incertidumbre política y económica, la vida judía en Venezuela no desapareció. Siguen funcionando sinagogas y organizaciones comunitarias, y hay familias que eligieron quedarse y mantener su comunidad viva.
Hoy, esa comunidad enfrenta una catástrofe natural de proporciones históricas. Los sismos del miércoles se encuentran entre los más graves registrados en Venezuela en los últimos cien años. Las cifras de víctimas que circulan al momento de publicar este artículo son aún preliminares y es probable que continúen modificándose en los próximos días.
Desde AishLatino rezamos por la comunidad judía de Venezuela, por sus familias y seres queridos, y por toda la sociedad venezolana en estas horas de dolor. Que los equipos de rescate encuentren vida donde todavía haya esperanza, y que los afectados reciban pronto toda la ayuda que necesitan.
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