La visión del judaísmo sobre la Cábala


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Goodreads les dio a los antisemitas un espacio para bombardear con reseñas negativas mi nueva novela. No soy la única autora judía que enfrenta antisemitismo en el mundo literario.
En la caja del supermercado, observo a la clienta que guarda sus productos y mi mirada se detiene en el gran colgante de oro con un jai que lleva en el cuello. Ella se da cuenta y su mirada baja hasta mi nueva Estrella de David. Con una expresión de alegría, me choca la mano. En ese instante, dos desconocidas quedamos unidas por hilos invisibles: la preocupación constante por Israel bajo una amenaza existencial y el aumento del antisemitismo en los Estados Unidos, que nos impulsa a exhibir los símbolos de pertenencia a una tribu orgullosa.
Pero hay una tercera capa de angustia que yo cargo y que no comparto con mi alma gemela pasajera: la de ser una escritora judía. Y no una escritora cualquiera, sino una señalada para un ataque antisemita.
Todo comenzó el 17 de diciembre del 2023, seis semanas antes del lanzamiento de mi novela The Boy with the Star Tattoo, el 30 de enero de 2024. Una influencer británica grabó dos videos en TikTok, incitando a sus numerosos seguidores a sabotear la novela con reseñas negativas y a presionar a mi editorial para que me sacaran de la plataforma. Su llamado a la acción inundó de inmediato mi cuenta de Instagram con comentarios de odio. Pero tuvo aún más impacto en Goodreads, donde las reseñas sin control pueden aparecer en la página de un libro desde el momento en que se anuncia, incluso meses antes de su publicación.
Ese día, calificaciones de una estrella y reseñas anónimas saturaron Goodreads, muchas de personas que no pudieron haber leído la novela, ya que sólo estaba disponible para un grupo selecto de reseñistas.
Ese día, la novela, cuyo ejemplar anticipado sólo estaba disponible para blogueros y reseñistas seleccionados, recibió en Goodreads una avalancha de calificaciones de una estrella y "reseñas" en su mayoría anónimas, por parte de personas que no podían haber tenido acceso a la obra. Me acusaron de una variedad de crímenes por omisión y por acción contra los palestinos.
Nunca conoceré a los cientos de usuarios de Instagram y blogueros anónimos que intervinieron con suficientes calificaciones de cinco estrellas para elevar el promedio a cuatro, salvando así la novela antes de su publicación. Pero la única entidad que permaneció impasible mientras se libraba esta batalla en su sitio fue Goodreads. A pesar de mis emails y de los esfuerzos de mi editorial para señalar las propias directrices del sitio contra el acoso, los moderadores se negaron rotundamente a eliminar la ofensiva campaña. Incluso hoy, Goodreads sigue brindando a estos antisemitas un espacio para lanzar más bombas sobre mi novela.
Pero eso no me detuvo. En los meses siguientes, con el apoyo de la comunidad judía y de los amantes de la literatura, continué con mi gira de promoción, con cincuenta eventos presenciales. Siguiendo el consejo de un agente del FBI, programé eventos en lugares seguros: sinagogas, centros comunitarios judíos y comunidades cerradas. Nada de librerías o bibliotecas, donde podrían aparecer seguidores de TikTok con megáfonos. Pagué un servicio de internet para eliminar mi dirección personal de todos los registros públicos.
Sin embargo, a mi alrededor todo ardía, mientras autores judíos (a menudo novatos luchando por abrirse paso) me escribían contándome sus dificultades. Un agente canceló el contrato con una autora después de haber aceptado su novela con temática judía. Otro autor judío se topó con un muro al intentar agendar presentaciones en librerías para su nueva novela, publicada por una editorial importante.
Fue entonces cuando compré mi collar con la Estrella de David, el primero en mi vida.
A pesar del fuerte apoyo de la comunidad judía, mi novela —lanzada en medio de la guerra entre Israel y Hamás— tuvo poco alcance fuera de ella. Las invitaciones a participar en pódcast cayeron de más de treinta a apenas unas pocas.
La cálida acogida y las buenas ventas dentro de la comunidad judía no pudieron ocultar el hecho de que, al salir cuatro meses después del inicio de la sangrienta guerra Israel-Hamás, mi novela no tuvo ningún eco fuera de ese entorno. Para mi novela anterior, fui entrevistada por más de treinta podcasters, pero esta vez los podía contar con los dedos de una mano.
El legendario escritor de suspenso Nelson DeMille avaló mi libro, escribiendo: “La ficción histórica no puede ser mejor que en The Boy with the Star Tattoo”, pero los críticos de los medios guardaron silencio. Uno de ellos me dijo en privado que la novela era “fenomenal”, pero que no quería “sufrir la tormenta” que desataría una reseña entusiasta (de un libro pro-Israel). Traducido: se sintió intimidado.
Aunque cada una de mis novelas anteriores había ido ampliado el círculo de lectores, bajé mis expectativas con este libro. Dejé de publicar fechas y lugares de presentaciones en mi sitio web y en las redes sociales.
¿Por qué el Gremio de Autores, que representa a más de 14.000 escritores, no ha emitido una declaración contra el antisemitismo dirigido a sus miembros?
Seis meses después del ataque contra mi novela, cuando muchos medios ya han publicado reportes sobre el antisemitismo en el mundo literario estadounidense (mi caso tuvo la dudosa distinción de aparecer en algunos de estos artículos), algo me seguía molestando. ¿Por qué el Gremio de Autores, que representa a más de 14.000 escritores, no ha emitido una declaración pública contra el antisemitismo dirigido a sus miembros?
En su misión, el Gremio declara con claridad su rechazo a la discriminación contra los autores y a la censura de libros. Defiende el derecho de los escritores a ganarse la vida en un entorno seguro. Sin embargo, cuando yo y otros revelamos en su foro de discusión el ambiente antisemita en que nos encontrábamos, nuestros mensajes fueron eliminados y recibimos advertencias privadas de los moderadores. Asimismo, se nos impidió responder a publicaciones anti-Israel llenas de odio en ese mismo foro. (El Gremio afirma haberlas eliminado, pero tardó días en hacerlo tras ser reportadas, mientras que nuestros mensajes fueron borrados de inmediato).
Finalmente, redacté una carta a la junta directiva y al personal, exigiendo que tomaran una posición pública en favor de los autores judíos, tal como lo habían hecho con autores de color. Hice pública mi carta. El Gremio de Autores tardó unos diez días más en emitir una declaración débil, que mezclaba antisemitismo con islamofobia… excepto que no existe ninguna campaña conocida para boicotear a autores musulmanes.
¿Y ahora qué?
Aunque mi equipo me ha respaldado, el ambiente general exige una declaración conjunta de todas las grandes editoriales para disipar la impresión de que los agentes que rechazan a autores judíos lo hacen como filtro de las preferencias de los editores. Juntas, las editoriales estadounidenses deben obligar a Goodreads a aplicar sus propias políticas contra el acoso y el discurso de odio, y a dejar de ofrecer su plataforma a los antisemitas.
Me tomaré el verano libre para comenzar a escribir mi séptima novela, que no tratará de temas judíos ni israelíes. La gira de The Boy with the Star Tattoo continuará en el otoño con más charlas dentro de la comunidad judía, donde luciré con orgullo mi Estrella de David, pero afuera seguiré silenciada por el odio.
Este artículo apareció originalmente en Dan’s Papers y es un extracto de On Being Jewish Now: Reflections from Authors and Advocates, editado por Zibby Owens.
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