Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


3 min de lectura
¿Acaso era posible que pronunciar algunos mantras bien elegidos realmente pudiera cambiar tu vida?
Después de escuchar muchas parodias sobre las “afirmaciones”, me sorprendí al escuchar a una buena amiga describir la manera en que practica afirmaciones en su propia vida.
“Nunca fui capaz de mirarme al espejo y enfrentarme a mí misma”, me confesó. “Durante más de 20 años odié la manera en que me veía. Un día me miré al espejo y dije: ‘Soy hermosa. Me amo’. Lo seguí diciendo y diciendo, una y otra vez”.
¡Por favor! Ella me miró buscando aprobación ante esta confesión trascendental, y yo estaba segura de que se había caído de otro planeta. ¿Quién hubiera creído semejante tontería?
“Lo sé, lo sé”, dijo asintiendo. “Piensas que estoy loca. Bueno, yo también pensaba que estaba loca, hasta que realmente funcionó. Al principio no creía ni una palabra de lo que decía. Pero luego, poco a poco, la afirmación comenzó a penetrar”.
Hoy puede mirarse al espejo y sonreír. Se siente hermosa, sin importar cuánto pese o cómo el mundo pueda calificar su apariencia.
Ridículo.
Hubiera sido fácil descartarla como una rareza, pero no fue la última vez que escuché sobre las afirmaciones. Empecé a dudar de mis dudas. ¿Acaso era posible que pronunciar algunos mantras bien elegidos realmente pudiera cambiar tu vida?
Las afirmaciones son declaraciones diseñadas para empoderarnos y transformarnos. Su mensaje se internaliza al repetirlas constantemente. La premisa es que todos tenemos diálogos internos, incontables cintas de audio que se reproducen en nuestras mentes a cada momento del día. Estas “cintas” nos transmiten toda la información que necesitamos saber, incluyendo alguna que preferiríamos no escuchar.
Para mi amiga, su cinta sonaba así: “Eres fea, eres gorda, no vales nada”. En lugar de dejar que esa cinta siguiera reproduciéndose en su mente por el resto de su la vida, ella la detuvo y colocó otro casete. Ahora alimentaba su sistema interno con las palabras “Soy hermosa”. Con el tiempo, comenzó a creerlo.
El judaísmo también cree en las afirmaciones como un método de autoayuda recomendado. El gran erudito del siglo XIX, Rav Israel Salanter, fue precursor de un método extremadamente preciso y calculado para trabajar sobre el carácter. Él propone una forma de afirmaciones, acompañadas de cánticos y movimientos entusiastas, como un modo de crecimiento espiritual. Este método eficaz, prescrito por muchos Sabios de la Torá, es una combinación entre la meditación y las afirmaciones.
La psicología moderna confirma lo que sostuvieron nuestros Sabios. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado que lo que una persona piensa afecta la manera en que se siente, actúa y reacciona. Al cambiar nuestros patrones de pensamiento, realmente podemos transformarnos. Reemplazar pensamientos viejos y negativos con otros nuevos y positivos puede dar grandes resultados. Pronunciar en voz alta el nuevo patrón de pensamiento resulta mucho más eficaz que simplemente imaginarlo en la mente.
La evidencia a favor de las afirmaciones seguía aumentando. Así que lo intenté.
No hubo rayos, ni epifanías repentinas, pero sí un resultado innegablemente positivo.
Tal vez se deba a las viejas hormonas, o quizá a un estrés común y corriente, pero cada tanto caigo en un bajón de mal humor. Decidí que ese sería el objetivo de mi afirmación. La frase que elaboré fue esta: “La felicidad es una elección. Yo elijo ser feliz”. Repetí la afirmación varias veces cuando me sentía decaída y, debo admitirlo, me ayudó. La afirmación sirvió para crear una pausa en mi mente, entre el estímulo y la respuesta. También me despertó a pensar, procesar e interiorizar, sacándome del piloto automático. No hubo rayos ni epifanías repentinas, pero sí un resultado innegablemente positivo.
El poder de las afirmaciones es muy potente y puede usarse para trabajar en casi cualquier deficiencia que tengamos, ya sea desarrollar un mayor autocontrol o una relación más cálida con tu suegra.
No soy experta, pero aquí va lo esencial de lo que parece funcionar:
No hay riesgo de sobredosis, ni efectos secundarios dañinos, y no te hará subir de peso. Al principio puedes sentirte ridículo, como lo experimenté en carne propia. Al comienzo, tu mente quizás no crea ni una palabra de lo que dices. Pero así como suaves gotas de agua penetran incluso en las rocas más duras, las afirmaciones bien elegidas tienen el poder de afectar la manera en que pensamos, actuamos y sentimos.
Los diez días que comienzan con Rosh Hashaná y culminan con Iom Kipur son un muy buen momento para probar las afirmaciones. Durante este tiempo propicio, al esforzarnos por convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos, ¿por qué no emplear cualquier táctica que pueda llegar a ser eficaz? Si mi amiga pudo llegar a sentirse hermosa, hay una buena probabilidad de que yo también pueda superar algunos de mis defectos de carácter.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.