Más allá de los límites: la travesía de Shmuel Klein de una lesión traumática a la inspiración

27/07/2025

8 min de lectura

Shmuel Klein sufrió una lesión traumática hace 40 años. Su vida desde entonces ha sido extraordinaria.

Desde el 7 de octubre del 2023, muchos israelíes han sufrido heridas que les cambiaron la vida, como la pérdida de extremidades o lesiones cerebrales. Desde la cumbre de sus habilidades físicas, deben adaptarse a la pérdida de independencia.

Shmuel Klein puede identificarse con ellos. Hace cuarenta años, el exresidente de Monsey, Nueva York, sufrió una lesión traumática.

A los 22 años, en su último semestre en Queens College, esperaba con ansias comenzar su trabajo soñado en una firma de productos básicos. Pero durante una fiesta en un viaje de esquí en Vermont, consumió ponche con alcohol puro. Jugando, saltó desde un sofá y aterrizó mal.

Fue trasladado de urgencia a un hospital con una lesión en la médula espinal y una intoxicación alcohólica. No estaba claro si sobreviviría.

"No fue un buen momento", dijo su madre, Sally Klein, quien recibió una llamada alrededor de las 2 a.m. La familia se apresuró a llegar a Vermont.

"Estaba agradecida de tener a mi hijo", dijo Sally.

La gravedad de sus lesiones pronto se hizo evidente. Aunque conservó algo de movilidad en los brazos, ya no podía caminar ni usar las manos de manera efectiva. Necesitaba ayuda para bañarse, vestirse, ir al baño y comer.

A pesar del impacto y el dolor, Shmuel y su familia encontraron destellos de esperanza. En marzo de 1985, Shmuel inesperadamente recuperó algo de sensibilidad en sus extremidades.

Eventualmente fue trasladado al Instituto Rusk de la Universidad de Nueva York. En sus momentos más oscuros, imaginaba lanzarse desde el techo del instituto para acabar con su sufrimiento. Pero ni siquiera tenía la capacidad física para tomar esa decisión.

"Fue horrible", dijo.

Además de ser un esquiador entusiasta, Shmuel había sido jugador de hockey y tenía una vida social activa, incluyendo frecuentes viajes. El accidente le arrebató todo eso, dejando un vacío y un interrogante sobre su futuro.

Shmuel atribuye a la actitud positiva de sus padres la fuerza que encontró para seguir adelante.

"Mi madre me dijo: 'Tienes tu cerebro, eso es todo lo que necesitas'".

Terapias Intensivas

Shmuel y sus padres, Sally y Mel Klein, buscaron una serie de opciones intensivas de fisioterapia, incluyendo el trabajo con Vladimir Cuzan, un entrenador de boxeo ruso en Brooklyn, y la visita a una clínica en Hungría, en ese momento bajo gobierno comunista.

Si bien no era posible recuperar sus habilidades perdidas, mantener la fuerza le permitiría conservar su salud y evitar una mayor pérdida de función. Por ejemplo, Cuzan ayudó a Shmuel a desarrollar fuerza en la parte superior del cuerpo y mejorar su equilibrio.

De todas las terapias, la que más progreso le permitió fue la que hizo con Tom Williams, un exentrenador de los Houston Oilers.

"Realmente llevaba a las personas al límite", dijo Shmuel, quien se mudó a Houston durante tres años.

Williams y su equipo ayudaron a Shmuel a "caminar" nuevamente. Le colocaron aparatos ortopédicos en las piernas, amarraron sus manos a un andador y lo pusieron de pie con un asistente detrás de él. Aprendiendo a cambiar su peso, logró "caminar" de nuevo.

Sin embargo, tras el accidente, a Shmuel se le negó el seguro de salud, por lo que sus padres pagaron de su bolsillo su vivienda y cuidados. En Houston, sólo pudo permitirse vivir en una zona de bajos ingresos, lejos de la comunidad judía. Sin embargo, los miembros de la comunidad lo visitaban los viernes por la tarde para llevarle comidas de Shabat y ayuda cuando fuera necesario.

Por ejemplo, cuando un cuidador no se presentó a su turno, Shmuel pasó todo un fin de semana en la cama, sin acceso a comida ni bebida, incapaz de pedir ayuda. En la tarde del domingo, cuando sus padres en Nueva York no pudieron comunicarse con él, llamaron a miembros de la comunidad judía, quienes acudieron de inmediato a ayudar a Shmuel hasta que regresó un cuidador.

Después de Houston, Shmuel se mudó a Los Ángeles, donde trabajó como tutor de estudiantes y contador. Para entonces ya dominaba diversas técnicas para realizar tareas que requerían habilidades motoras finas. Por ejemplo, podía sostener un tenedor en su palma contra el pulgar para comer y usar el costado de su mano para manejar un ratón de computadora y dibujar.

"Aprendió a hacer arte digital, un arte increíble", dijo Uriel Sigala, un exvecino.

En los últimos años, la tecnología le ha brindado a Shmuel mayor independencia, desde su teléfono con capacidad de conversión de voz a texto, hasta su silla de ruedas motorizada y el ascensor en su casa en Yad Biniamin, en el centro de Israel.

A lo largo de su vida, encontrar cuidadores constantes siempre fue un desafío, pero en Los Ángeles, Yaakov Flack trabajó con él durante ocho años.

Veterano del ejército, Flack se había mudado a Los Ángeles desde Luisiana para trabajar como diseñador civil y aprender sobre su herencia judía. Perdió su empleo y estaba considerando regresar a Luisiana cuando un rabino lo conectó con Shmuel.

Flack es físicamente fuerte y podía maniobrar la silla de ruedas de Shmuel con facilidad. También lo ayudó a seguir “caminando” usando el método desarrollado por Williams. En las muchas horas que pasaban juntos, Shmuel y Yaakov hablaban sobre ideas y textos judíos.

“Aprendí muchísimo gracias a él”, dijo Flack. Incluso ahora, con Shmuel en Israel y Flack en Houston, con una diferencia horaria de ocho horas, continúan estudiando Mishná por teléfono cuatro mañanas a la semana.

En Los Ángeles, solían ser invitados con regularidad a comidas de Shabat en distintos hogares, donde Shmuel hablaba sobre su vida e inspiraba a los demás. A su vez, la experiencia expuso a Shmuel a temas de estudio judío que no había explorado antes, como las obras de Rabí Najmán de Breslov. La meditación y el misticismo lo ayudaron a encontrar un mayor propósito en su vida.

Casarse y Tener Hijos

A pesar de sus limitaciones físicas, Shmuel ha logrado lo que muchos considerarían casi imposible para un cuadripléjico: casarse y tener hijos.

Durante años tuvo citas sin éxito. "No estaba demasiado convencido", dijo Shmuel. Pero cuando un amigo quiso presentarle a Rivka, una joven que también tiene una discapacidad, aceptó conocerla.

"Ella era muy realista", dijo Shmuel. "Tenía mucha emuná (fe en Dios)".

En el 2002 se casaron. Ambos habían soñado con formar una familia.

"En definitiva, nadie podía decir si tendríamos hijos", dijo Shmuel. "Si estaba destinado a ser, sucedería".

Con la ayuda de la medicina reproductiva, en el 2004, Rivka dio a luz a dos gemelos sanos, Iosef Netanel y Iaakov Aryeh.

"Fue algo increíble, un milagro", dijo Shmuel.

Los gemelos requieren mucho de cualquier padre, pero presentan desafíos particulares para padres con discapacidades. Los Klein continuaron empleando cuidadores para Shmuel y una niñera para los bebés.

"Aunque, en realidad, en Los Ángeles todos tienen una niñera", bromeó Shmuel. "Incluso si no tienen hijos, tienen una niñera".

Cuando los niños eran bebés, Rivka los bañaba, los vestía y preparaba sus comidas. Shmuel se sentaba con ellos a la hora de comer y los alimentaba.

"Trabajamos bien juntos cuidando a los niños", dijo Shmuel.

La "seguridad infantil" en su hogar requería estar constantemente atentos a la ubicación de sus sillas de ruedas.

"Cuando empezaron a gatear, fue realmente una locura", dijo Shmuel. "Siempre tenía que recordar qué había detrás de mí".

La mudanza a Israel

En el 2006, Shmuel y Rivka decidieron hacer aliá, lo cual, al igual que criar gemelos, es un desafío para cualquier pareja, pero aún más complicado para personas con discapacidades.

"Sentimos que debíamos llegar a Israel. Era lo que debíamos hacer, lo correcto".

La vivienda en Israel también era más asequible que en Los Ángeles y les ofrecía la posibilidad de tener un patio. Sin embargo, Shmuel y Rivka necesitaban una casa adaptada a sus necesidades, algo que no podían costear.

Shmuel se propuso recaudar dinero a través de sus contactos en la comunidad judía de Los Ángeles. Durante 16 años, había hecho amigos en diversos sectores de la comunidad, y con generosidad lograron reunir $100.000.

Rav Meyer May, director ejecutivo del Centro Simon Wiesenthal, fue una de las personas a quienes Shmuel pidió ayuda. Años antes, May había recaudado fondos para que Shmuel pudiera comprar equipo médico.

"De vez en cuando, uno se encuentra con una persona realmente extraordinaria", dijo May. "Este es un hombre que, con su sola existencia, irradia luz. He conocido a reyes, papas y roshei yeshivá. Conozco a todos los grandes. Este hombre se destaca como uno de los verdaderamente grandes. Esta fue mi manera de retribuirle por su generosidad de espíritu".

Shmuel se sintió conmovido por la magnanimidad de todos los que contribuyeron, incluida la comunidad judía iraní, que recaudó decenas de miles de dólares. Durante años, él había dado clases particulares a niños de la comunidad, cobrando sólo $5 por hora, a petición de un rabino de la comunidad.

"Él me dijo: 'El dinero volverá a ti'", recordó Shmuel. "Diez años después, volvió a mí con creces".

Los Klein hicieron aliá en el 2007 y se establecieron en Yad Biniamin. Un cuidador filipino los ayudó con el cuidado de Shmuel, las tareas domésticas y el cuidado de los niños.

Durante la hora del baño de los niños, tanto Shmuel como Rivka se sentaban en el baño en sus sillas de ruedas mientras el cuidador se encargaba de los niños en la bañera.

"Había burbujas por todas partes", dijo Shmuel. "Los niños no paraban de reír. Posiblemente era el mejor momento de todo el día".

Shmuel también jugaba con los niños y les leía cuentos antes de dormir.

A medida que crecían, los niños iban montados con Shmuel o Rivka en sus sillas de ruedas.

"Los sostenía con mi brazo izquierdo", dijo Shmuel. "Íbamos despacio". Cuando crecieron un poco más, los niños se subían a la parte trasera de las sillas de ruedas y viajaban de pie.

Aunque tanto Shmuel como Rivka estaban completamente dedicados a sus hijos, su matrimonio no duró. Se divorciaron en el 2017, pero siguen teniendo una buena relación. Rivka se mudó al norte de Israel y Shmuel permaneció en Yad Biniamin.

Estoy aquí por una razón

Los hijos de Shmuel, que ahora tienen 20 años, viven principalmente con él. Iosef está entrenando en las Fuerzas de Defensa de Israel y estudia negocios y ciencias de la computación. Iaakov está en una ieshivá y eventualmente se alistará en el ejército.

Shmuel y sus hijos

Shmuel se mantiene ocupado con el minián diario, el estudio de la Torá, el comercio en el mercado de valores, pasando tiempo con sus dos perros y haciendo mandados.

En su silla de ruedas motorizada, le toma unos cinco minutos llegar a un pequeño centro comercial.

"Trato de salir al menos una vez al día", dijo Shmuel. "Para mí eso es terapéutico".

Su hermana, Jaiale Liebman, lo visitó recientemente, viajando desde su hogar en West Hempstead, Nueva York. Durante su estancia, acompañó a Shmuel en su salida diaria.

"Cada vez que lo visito, pasamos por un gan (una guardería). Todos los niños corren hasta la reja para verlo. Es adorable".

Cuarenta años después de su lesión, Shmuel tiene una vida que nunca habría imaginado en el momento de su accidente.

Si bien ha aceptado sus limitaciones físicas, Shmuel recuerda la oscuridad que soportó mientras se adaptaba a la pérdida de movilidad. A lo largo de los años, ha hablado con otras personas que han sufrido lesiones traumáticas y tiene una idea de lo que podría decirles a los israelíes heridos.

"Sólo puedo hablarles como alguien que tiene una profunda fe en Dios. Porque tenía esa creencia, pude vivir día a día, año tras año. Creo que estoy aquí por una razón".

Shmuel señaló que ahora existen tecnologías adaptativas que no estaban disponibles hace 40 años. "Eso sólo va a mejorar. Es alentador, hay esperanza".

"Recuerda realmente quién eras antes del accidente", continuó. "Quién eres no son necesariamente los diez dedos de tus manos. Quién eres es tu alma, es algo más profundo. Si tienes que esforzarte para encontrar emuná, vale la pena. Estamos aquí con un propósito".

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