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Más allá de nuestros sueños más locos

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Miketz (Génesis 41:1-44:17 )

por Rav Benji Levy

De todos los famosos líderes desde tiempos inmemoriales, Iosef tuvo la mayor influencia en el mundo en general. Otros líderes ocuparon puestos de gran poder, pero Iosef fue el virrey de Egipto cuando era incuestionablemente la mayor civilización de la época. Sin embargo, este ilustre líder también pasó muchos años en contextos menos ilustres: lo dejaron para que muriera dentro de un pozo, fue siervo en una casa extranjera y estuvo prisionero.

Un tema recurrente en la vida de Iosef, algo que puede ayudarnos a entender sus tribulaciones, son los sueños. Los sueños nos ofrecen la posibilidad de percibir algo más allá de nuestra condición presente. Si rastreamos las habilidades singulares de Iosef en diferentes edades y etapas, es posible ver cómo sus sueños de niño finalmente forjaron la realidad de su vida.

Iosef comenzó como un joven inmaduro (Rashi sobre Génesis 37:2), con visiones ostentosas que reflejaban una existencia completamente centrada en sí mismo. Primero soñó con un escenario agrícola, donde las gavillas que representaban a su familia se inclinaban ante él. Luego pasó a los cielos, donde su familia representada por el sol, la luna y once estrellas nuevamente se postraban ante él (37:7-9). Cuando relató estos sueños a su familia, su padre lo regañó y se incrementaron los celos de sus hermanos, lo que dio comienzo a su caída. Los hermanos lo arrojaron a un pozo y lo vendieron como esclavo. De allí llegó a la cárcel de Egipto. En la cárcel, Iosef se encontró con dos servidores del faraón, el escanciador y el panadero, quienes estaban angustiados por sus pesadillas (40:5-6). Esta es la segunda etapa de los encuentros oníricos de Iosef. Sin embargo, esta vez usa sus capacidades de otra manera y en vez de interpretar sus propios sueños interpreta los sueños de otros, aliviando su confusión y ofreciéndoles valiosas ideas sobre la forma en que funcionan sus mentes.

A lo largo de este proceso, Iosef pasa por dramáticos cambios contextuales, de ser el favorito de su padre en su hogar, a ser un esclavo extranjero en una tierra extraña. Un cambio de contexto a menudo puede ser un gran catalizador para el cambio, y a pesar de que Iosef sufre experiencias que parecen traumáticas, cada una deja en él una huella para mejor, llevándolo a madurar. La interpretación de cada sueño sirve como un escalón en su escalera de crecimiento. Aunque jactarse de sus sueños frente a sus hermanos llevó a su ruina, el hecho de descifrar en la cárcel egipcia el sueño del jefe de los escanciadores finalmente llevó a su redención.

Cuando Iosef soñó sobre sí mismo como el epicentro de la existencia, con los demás sirviéndole y postrándose ante él, cayó a lo más bajo. Pero cuando usó su talento para servir a otros y no a sí mismo, colocando sus sueños en el centro y no los propios, comenzó un camino de renovación que culminó en el éxito. Eventualmente, Iosef es llevado ante el faraón en un intento final de aclarar los sueños del rey. Esta última interpretación lo lleva al máximo cargo que podía recibir: ser virrey de Egipto.

Aparentemente, si aspiramos a tener éxito centrándonos en nosotros mismos, nunca lo lograremos, Pero cuando interpretamos las pesadillas de otros en sueños, y los ayudamos a concretar sus aspiraciones subconscientes, el mundo se convierte en nuestra "ostra". A través de la evolución del talento singular de Iosef, queda claro que redimir a los demás es la clave para la redención personal y que iluminar sus sueños puede llevarnos más allá de nuestros sueños más locos.




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