La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


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Exploramos el significado más profundo de la matzá.
Todo el mundo sabe, por supuesto, que la matzá es pan sin levadura, y que su opuesto es jametz, aquello que está fermentado o leudado. Antes de que comience Pésaj somos extremadamente meticulosos al limpiar a fondo nuestras casas, eliminando todo rastro de jametz en nuestra posesión.
Pero… ¿cuál es realmente la diferencia en el proceso por el cual horneamos pan (puro jametz) y el proceso por el cual horneamos matzá? La misma masa puede utilizarse para ambos. La diferencia es la siguiente: para evitar que la masa de matzá fermente, leude y se convierta en jametz (y por lo tanto quede prohibida para Pésaj), la masa de matzá se trabaja continuamente, se amasa, se estira y se aplana durante la etapa inicial del proceso. Los panaderos no se detienen ni un instante. Solo trabajando muy intensamente en esta fase de amasado y estirado, y llevándola luego rápidamente a los hornos, aseguran que siga siendo matzá. Un solo momento de retraso (aunque técnicamente el retraso podría ser de hasta 18 minutos en circunstancias urgentes) podría cambiar su estatus de algo que nos permite cumplir la mitzvá de comer matzá a algo prohibido en Pésaj.
La diferencia entre matzá y jametz es, literalmente, una cuestión de diligencia, concentración, esfuerzo constante y, sobre todo, una aguda conciencia del tiempo.
La matzá es el alimento que representa todas estas cualidades: no sentarse y dejar que las cosas sigan su curso natural. Es el símbolo de realizar las tareas con entusiasmo y concentración, cuando deben hacerse y no un momento después. Esta cualidad, conocida como zerizut (prontitud o diligencia), es uno de los ingredientes clave para vivir una vida espiritual.
Quizás esto es lo que los Sabios quisieron decir cuando hicieron un famoso juego de palabras. La Torá dice: “ushmartem et hamatzot” —“Cuiden cuidadosamente las matzot” (Éxodo 12:17). Pero, dicen los Sabios, como matzot y mitzvot en hebreo se escriben igual, por lo que puede leerse también como: “Cuiden cuidadosamente las mitzvot”. La Torá nos está diciendo de manera indirecta que debemos cumplir las mitzvot del mismo modo que cuidamos las matzot: con diligencia, atención y concentración. Y así como no permites que la masa de la matzá fermente o leude retrasando lo que debes hacer con ella, tampoco permitas que una mitzvá que se presenta ante ti se vuelva “agria” o fermentada por retraso y procrastinación.
Como dicen los Sabios: “Una mitzvá que llega a tu mano, no la dejes convertirse en jametz” (Mejilta Shemot 12). Es decir, no la dejes leudar, no demores hasta que se vuelva jametz, sino cúmplela de inmediato. ¿Tienes la oportunidad de dar tzedaká (caridad)? Hazlo ahora. ¿Te interesa estudiar Torá? Hazlo ahora. ¿Quieres colocar una mezuzá en tu puerta? Hazlo ahora.
Pésaj, entonces, es la fiesta del activismo (solo hay que preguntarle a cualquier ama de casa que esté preparando su hogar para Pésaj). La matzá representa muchas cosas, pero más que nada representa diligencia y entusiasmo en el servicio a nuestro Creador.
La matzá también transmite otra lección importante. Es simple, sin adornos, sin pretensiones y sin mezclas, lo cual sugiere cómo debe realizarse una mitzvá: de una manera igualmente simple, auténtica y sin inflarse con orgullo personal, exactamente como la matzá.
La conexión matzá/mitzvá también enseña algo más. No se nos ordena solamente poseer matzá, sino comerla. Tal como ingerimos la matzá y la hacemos parte de nuestro sistema, así también debemos internalizar las mitzvot que realizamos, haciéndolas una parte integral de nosotros. Observar Shabat no es solo abstenerse de actividades creativas; es hacer que el Shabat sea parte de nosotros, reconocer que hay un Creador del universo que está por encima de nosotros. Usar tefilín no es simplemente colocar pequeñas cajas negras en el brazo y la frente; es interiorizar lo que contienen esas cajas: la Unidad de Dios y la obligación de servirle con todo lo que somos y con todo lo que poseemos.
Al cumplir la mitzvá de comer matzá, que la equivalencia entre ambas nos inspire a absorber sus diversos mensajes: mayor entusiasmo y diligencia en todo lo que hacemos; una conciencia más profunda de la importancia del tiempo; y una conexión más intensa con Dios y con las personas, a través de más autenticidad y simplicidad, y menos pretensión y vanidad.
Que tengamos un Pésaj internalizado, y no solo con la comida.
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