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Mazal Tov, William y Kate

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24/07/2013 | por Debbie Gutfreund

Ciertamente el bebé real, el futuro rey de Inglaterra, tiene muchas expectativas que cumplir. ¿Acaso no se espera los mismo también de todos nosotros?

Grandes multitudes se reunieron ayer a las puertas del Palacio de Buckingham donde el nacimiento del bebé real fue anunciado oficialmente. La reina estaba especialmente encantada con la incorporación de este nuevo miembro a la familia – es la primera vez en más de 120 años que un monarca actual celebra la llegada de un bisnieto nacido en sucesión directa a la corona.

El bebé de Kate y William es ahora tercero en la línea de sucesión, dejando al príncipe Harry en cuarto lugar y al duque de York en la quinta posición. El bebé recibió el título de 'Su Alteza Real, el Príncipe de Cambridge' y será el futuro rey. Él se convertirá en jefe de las fuerzas armadas, gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra y jefe de la Commonwealth, que abarca 54 naciones a lo largo del mundo, y consecuentemente será jefe de estado de 16 países (los otros miembros de la Commonwealth tienen sus propios jefes de estado).

Estas son las increíbles expectativas para un pequeño y frágil bebé. Él ha entrado en este mundo con una misión personalizada grabada en su alma. Incluso antes de que el bebé tomara su primer aliento, había una lista de posiciones y deberes esperándolo. Príncipe. Rey. Jefe de las Fuerzas Armadas. Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra. Jefe de la Commonwealth. Una enorme responsabilidad para esos pequeños hombros.

Pero la verdad es que cada alma tiene una misión especial grabada en ella antes de venir a este mundo.

Cada niño es una extraordinaria e irremplazable creación. No sabemos en qué se convertirán nuestros niños. Tal vez vivirán a la altura de su potencial. Tal vez algunos elegirán no hacerlo. Pero en el momento del nacimiento, una intrincada y crucial lista de objetivos espera a cada uno de ellos. Antes de que tomáramos nuestro primer aliento, nuestras misiones de vida fueron esculpidas cuidadosamente, esperando que viniéramos a este mundo para llevarlas a cabo.

La Rebetzin Esther Jungreis escribe:

Todos nosotros fuimos formados, moldeados y amorosamente diseñados por Dios, y Él nos imbuyó regalos únicos. Así como no hay dos personas exactamente iguales, a pesar de que puedan compartir las mismas características físicas, del mismo modo no hay dos almas iguales. No somos producidos en masa, sino que fuimos hechos a medida por nuestro Padre Celestial con un propósito elevado que sólo nosotros podemos cumplir. Antes de que Dios nos creara, Él tenía una idea clara de lo que esperaba exactamente de nosotros.

Nuestros sabios enseñan que cada uno de nosotros tiene una letra en la Torá que refleja su alma, y una de las razones por las que estas letras deben estar claramente separadas entre sí (para que un Séfer Torá sea casher), es que cada persona tiene una misión única en la vida que sólo él/ella puede cumplir. Dios en realidad hace un retrato de lo que Él quiere que nosotros lleguemos a ser y nos proporciona las herramientas necesarias para hacerlo.

Todos las pruebas y tribulaciones en nuestras vidas son orquestadas por Dios para que podamos cumplir con este objetivo, y si te preguntas si tú tienes lo necesario para tener éxito en esta misión, debes estar seguro de que Dios nunca comete errores – el solo hecho de que Él te haya creado, es una prueba concreta de que cumplir con esta misión está dentro de tus capacidades. (Rebetzin Esther Jungreis, La Vida es una Prueba, p.27)

Cuando mi marido y yo salíamos en citas durante nuestra etapa universitaria, nunca lo llevé a conocer a mi familia. Durante la mayor parte de mi vida me habían llamado “la hija de la jueza”, y en esta ocasión, yo quería ser yo misma. Sin títulos. Sin expectativas. Después de salir por un mes la pregunta finalmente llegó. ¿Qué hacen tus padres? Después de lo que pareció una larga pausa, finalmente le dije.

“Mi padre es abogado, y mi madre es Jueza de la Corte Suprema del Estado de Nueva York”. Él me miró confundido.

“¿Por qué no me dijiste antes?”, me preguntó. Le dije que yo no quería vivir mi vida como “la hija de la jueza”. Yo quería crear mi propia identidad, no quería ser definida por otra persona.

Y entonces mi marido dijo algo que nunca olvidaré.

“No tiene que definirte, pero siempre será una parte importante de quien eres”.

Las familias en las que hemos nacido son herramientas en nuestras misiones. Nuestras personalidades, nuestra apariencia, nuestras fortalezas y nuestras debilidades son parte de lo que se nos entregó para cumplir con la misión exclusiva de nuestras almas. El bebé real ha entrado en este mundo con un especial y honorable lugar esperando por él. Pero será su responsabilidad materializar la realeza que hay en su interior.

Y lo mismo aplica a todos nosotros. Todos somos hijos del Rey. Todos tenemos linaje real. Podemos tener títulos y etiquetas unidas a nuestras identidades, pero en última instancia somos definidos únicamente por nuestras decisiones, por la forma en que llevamos a cabo la misión que fue diseñada para cada uno de nosotros antes de que tomáramos nuestro primer aliento.

Mientras el mundo celebra el nacimiento del futuro rey de Inglaterra, recordemos que dentro de cada uno de nosotros hay un alma real, a la espera de materializar su extraordinario potencial.




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