Medidas sagradas

28/01/2026

3 min de lectura

Beshalaj (Éxodo 13:17-17:16 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La lectura de la Torá de esta semana relata la salida de Egipto. En su obra monumental Netivot Shalom, el Rebe de Slonim escribe que el pueblo judío mereció salir de Egipto únicamente porque cultivó dentro de sí el concepto de kedushá (santidad).

Esto se basa en el versículo: “Y Moshé tomó los huesos de Iosef” (Éxodo 13:19). Sin embargo, la palabra hebrea para “huesos” (atzamot) es muy cercana a otra palabra, atzmutó, que significa “su esencia”. Moshé, el líder del pueblo judío, no solo tomó los huesos de Iosef; también tomó consigo la esencia de Iosef.

¿Cuál es la esencia de Iosef? Iosef está identificado con iesod (fundamento), una de las Diez Sefirot (canales) a través de los cuales Dios hace que Su influencia fluya en este mundo. Cada sefirá corresponde a una parte del cuerpo, como la cabeza, el corazón, etc. La sefirá de iesod se identifica con los órganos reproductivos.

Esta es la esencia de Iosef HaTzadik, Iosef el justo, quien se contuvo de caer en la inmoralidad con la esposa de Potifar y con cualquier otra persona.

Por lo tanto, Moshé no tomó solo los huesos de Iosef, sino también la esencia de lo que Iosef representa: kedushá, separación de la inmoralidad. Solo en mérito de la santidad el pueblo judío fue redimido de Egipto.

El mandamiento de ser santo se repite en la Torá más veces que cualquier otra mitzvá. Por ejemplo, encontramos en la parashá de la próxima semana (Itró):
“Y serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19:6). Y en la porción siguiente (Mishpatim): “Y serán para Mí personas santas” (Éxodo 22:30). Y en parashat Kedoshim: “Santos serán” (Levítico 19:2). Más adelante dice: “Santifíquense y sean santos, porque Yo soy Hashem su Dios. Cumplan Mis leyes y háganlas. Yo soy Hashem que los santifica” (Levítico 20:7–8).

El Zóhar (3:190b) señala que la palabra kedushá aparece tres veces en este último pasaje. El Rebe de Slonim explica que esto nos enseña que debemos santificar las tres partes del ser humano: la mente, el corazón y los miembros. De este modo se logra la rectificación de las diez sefirot, que se agrupan en tres categorías. El primer grupo —jojmá (sabiduría), biná (entendimiento) y daat (conocimiento)— corresponde a la mente. El segundo grupo —jésed (bondad), guevurá (fortaleza) y tiferet (belleza)— corresponde al corazón. El último grupo —netzaj (eternidad), hod (esplendor), iesod (fundamento) y maljut (reinado)— corresponde a los miembros.

Esto arroja luz sobre el versículo de Isaías 6:3: “Kadosh, kadosh, kadosh”“Santo, santo, santo”. Debemos santificar las tres partes del ser humano: mente, corazón y miembros.

El versículo continúa diciendo: “El Eterno de los Ejércitos, toda la tierra está llena de Su gloria”. ¿Cuál es el significado de la palabra meló (“llena”)? Enseña que debemos cumplir con el acrónimo de esa palabra: Mem por moaj (mente), Lamed por lev (corazón), Alef por evarim (miembros). Por eso la santidad se menciona tres veces tanto en parashat Kedoshim como en Isaías.

Santidad plena

Otro significado de la triple repetición es que representa las tres dimensiones en las que opera el ser humano: lugar, tiempo y ser. Debemos santificar cada lugar, nuestros hogares, lugares de trabajo, etc. Debemos santificar cada momento para que sea productivo y constructivo. Y, finalmente, debemos santificarnos a nosotros mismos.

Evidentemente, la santidad es un elemento central del judaísmo. Entonces, pregunta el Rebe de Slonim, ¿por qué no se cuenta como uno de los 613 mandamientos de la Torá? Él responde que la santidad no es un asunto específico o técnico que pueda ser tratado por la ley judía. Más bien, es la esencia misma de lo que significa ser judío. Si una persona no es santa, no tiene solo una carencia en un área particular sino que su judaísmo entero es deficiente. La santidad es la verdadera medida de un judío, y cualquier carencia en este aspecto es una mancha en todo su ser.

El Rebe de Slonim sostiene que así como no existe un mandamiento específico de “ser judío”, del mismo modo “ser santo” es tan esencial que no puede ser una mitzvá individual.

Como dice la Torá: “Porque eres un pueblo santo para Hashem tu Dios, y Hashem te ha elegido” (Deuteronomio 14:2). Solo cuando elegimos vivir como un pueblo santo merecemos ser el pueblo elegido. En lugar de contarse entre las 613 mitzvot específicas, la santidad es una mitzvá global.

De acuerdo con las enseñanzas del Baal Shem Tov sobre esta parashá, una de las maneras de alcanzar la santidad es mantener nuestra mente ocupada con cosas santas. Nuestro corazón y nuestros miembros generalmente siguen a nuestra mente. En esencia, somos definidos por aquello en lo que pensamos. Cuando nuestra mente está ocupada con pensamientos sagrados, nos convertimos en personas santas. Pero si nuestra mente se ocupa de pensamientos impuros, entonces nuestro corazón y nuestro cuerpo inevitablemente los seguirán.

Que todos pensemos en santidad, seamos santos y estemos a la altura de la santidad innata que habita dentro de nosotros. Así como nuestros antepasados fueron redimidos de Egipto por el mérito de su santidad, que también nosotros seamos redimidos de nuestro exilio actual por el mérito de nuestros propios esfuerzos por ser santos.

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