Messi visita al presidente Trump en la Casa Blanca

08/03/2026

4 min de lectura

Messi, Trump y la hipocresía de las críticas.

En Estados Unidos existe la tradición de que cuando un equipo deportivo alcanza un logro importante, visita la Casa Blanca. La escena se repite año tras año, con presidentes de todos los signos políticos posando junto a atletas, camisetas firmadas y sonrisas de rigor. Es parte del ritual cívico estadounidense, una mezcla de deporte, política y espectáculo.

Esta vez fue el turno del Inter Miami. Y, como ocurre cuando Lionel Messi aparece en cualquier escenario, el foco se concentró inevitablemente en él. Pero lo que debería haber sido una ceremonia protocolar terminó convirtiéndose en una ensalada de críticas —muchas de ellas estridentes y no pocas hipócritas— centradas en los protagonistas obvios del encuentro: Messi y el presidente Donald Trump.

Messi, hay que decirlo, ha convivido con la crítica durante casi toda su carrera. Paradójicamente, uno de los futbolistas más admirados de la historia tardó mucho en conquistar por completo el corazón de su propio país. Durante años, muchos argentinos parecían mirar sus logros con una mezcla de orgullo y sospecha.

No importaba que el joven rosarino rompiera récords en Europa, que dominara el fútbol mundial o que se convirtiera en el jugador más determinante de su generación. Siempre había una sombra acechando: la de Diego Armando Maradona, el gran ídolo nacional.

No era una rivalidad real entre ellos. Messi se declaró infinidad de veces admirador de Maradona, y el propio “Diego” solía elogiar a “La Pulga”. Pero los argentinos tenemos cierta inclinación a generar conflicto incluso donde no lo hay.

Cada vez que alguien intentaba llevar la discusión fuera de lo estrictamente deportivo, destacando la conducta personal de Messi, su perfil bajo, o el hecho de que jamás estuvo envuelto en escándalos, la respuesta era inmediata: “Diego nos sacó campeones del mundo”. Copa mata moral.

En el ámbito futbolístico, esa lógica puede resultar comprensible. Pero cuando Messi finalmente levantó la Copa del Mundo en 2022, parecía que el debate se cerraría definitivamente. El trofeo que faltaba ya estaba en la vitrina.

Sin embargo, ni siquiera eso alcanzó.

Ahora las críticas llegaron por otro frente. Su presencia en un acto junto al presidente de Estados Unidos. Para ciertos sectores, sobre todo en ambientes progresistas o de centroizquierda, Trump representa, sencillamente, “lo peor del mundo”. Cualquier persona que aparezca en una fotografía con él queda automáticamente bajo sospecha.

Por supuesto, Trump es una figura polémica y muchos pueden discrepar con sus posiciones políticas o con su estilo personal. Pero el tono de algunas críticas dirigidas a Messi roza lo absurdo, sobre todo cuando se las compara con la indulgencia que muchos de esos mismos críticos han mostrado hacia otros líderes.

Basta recordar las fotografías de Maradona abrazado con figuras como Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro o incluso Muammar Gaddafi. No se trata de juzgar aquí a Maradona, quien ya no está entre nosotros, sino de señalar una evidente doble vara.

Pero el episodio no se detiene en el encuentro con Trump. En el trasfondo aparece otra cuestión que, en los últimos años, ha distorsionado innumerables debates: la relación con Israel.

Estados Unidos, Israel e Irán

Las recientes tensiones militares entre Estados Unidos, Israel e Irán han generado un fenómeno llamativo. Algunos sectores que se presentan como defensores de los derechos humanos han terminado alineándose, explícita o implícitamente, con el régimen iraní.

Sí, el mismo régimen conocido por perseguir opositores, reprimir brutalmente a las mujeres, criminalizar la homosexualidad y sostener una de las maquinarias represivas más severas del planeta.

Pero en ciertos círculos, estar contra Israel parece pesar más que todo lo demás.

En ese contexto, la ecuación se vuelve simplista. Trump apoya a Israel, Messi aparece con Trump, por lo tanto Messi apoya a “genocidas”. El razonamiento, repetido miles de veces en redes sociales, ignora matices, contexto y hechos básicos.

No es la primera vez que ocurre. Los mismos sectores que, tras el 7 de octubre, encontraron justificaciones para el terrorismo de Hamás ahora parecen dispuestos a mirar hacia otro lado cuando se trata de Irán.

Y en esa dinámica, Messi quedó atrapado en la volteada.

Argentina y su historia dolorosa con el régimen iraní

Lo irónico es que Argentina tiene una historia particularmente dolorosa con el régimen iraní. En 1994, un atentado terrorista destruyó la sede de la AMIA en Buenos Aires, dejando 85 muertos y cientos de heridos. Fue el ataque antisemita más grave desde la Segunda Guerra Mundial.

Las investigaciones judiciales argentinas apuntaron directamente a altos funcionarios iraníes y a Hezbolá como responsables del atentado. Varios de ellos siguen teniendo órdenes de captura internacional, pero nunca fueron juzgados.

Es una herida abierta en la memoria argentina.

Por eso resulta sorprendente que, frente a las tensiones actuales, algunos prefieran ignorar ese antecedente y adoptar una postura que, en la práctica, termina beneficiando al mismo régimen acusado de perpetrar aquel ataque.

En el fondo, el caso Messi revela algo más amplio que una simple polémica deportiva o política. Expone una tendencia cada vez más frecuente: la de medir los acontecimientos con distintos estándares dependiendo de quién esté involucrado, y, muy especialmente, dependiendo de si Israel aparece en la ecuación.

Todos tenemos contradicciones; forman parte de la condición humana. Pero existe una diferencia entre reconocerlas y convertirlas en un sistema moral selectivo.

Defender las libertades implica, entre otras cosas, reconocer quiénes realmente las amenazan. Y también evitar la tentación de transformar cada fotografía, cada gesto o cada ceremonia en una prueba ideológica.

Messi fue a la Casa Blanca como capitán de un equipo campeón. Lo que vino después —las teorías, las acusaciones, los juicios morales— dice mucho menos sobre él que sobre el clima político y cultural de nuestro tiempo.

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Ivan
Ivan
1 mes hace

Muy cierto lo de Maradona. Nadie dijo nada cuando salió en fotos con Fidel y resto de personajes. Hoy porque salió con Trump. No solo el sino todo el equipo. Trump saludo a Macherano a Luis Suárez y otros. Nadie dice nada de ellos.

esther solano
esther solano
1 mes hace

Excelente reflexión.

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