¿Mi aborto espontáneo fue parte del plan de Dios?

21/05/2025

4 min de lectura

Perdimos a nuestro bebé antes de conocerlo, al parecer su propósito no era llegar a este mundo… espero que ahora esté en paz.

Nadie me dijo lo difícil que sería. ¿Por qué las mujeres que han tenido abortos espontáneos no van por ahí diciéndole a todo el mundo lo duro que es? Deberían asegurarse de advertirnos al resto. Eso no quiere decir que yo lo hubiera entendido.

Ahí estaba yo, el 18 de julio, en la revisación de las 16 semanas de mi embarazo aparentemente fácil, cuando la médica trató de encontrar los latidos del bebé.

“Hmm…”, dijo mientras seguía moviendo el doppler tratando de encontrar el latido.

Me pareció un poco extraño, porque a las 16 semanas deberían poder encontrar el latido sin problema. Pero mi mente estaba en un millón de otras cosas. Tenía una lista interminable de cosas por hacer ese día y quería salir de ahí cuanto antes. Además, mi ginecóloga habitual estaba de vacaciones todo el mes y me atendía otra doctora a la que nunca había visto, así que lo único que quería era terminar la consulta lo más rápido posible.

“Vamos a llevarte a la sala de ecografía”, me dijo la doctora.

Empecé a ponerme un poco nerviosa, pero le pregunté si todo estaba bien y me respondió que sí, con mucha seguridad, así que no me preocupé demasiado. Nunca imaginé que algo podría estar mal. Seguía en mi ignorancia feliz.

El bebé debería moverse, ¿no? La médica me miró y dijo: “Oh, Abby, lo siento mucho”.

Entramos a la sala de ecografía y en una enorme pantalla de 40 pulgadas vi a mi bebé, acurrucado en posición fetal en el fondo del saco dentro de mi vientre. No se movía. El bebé debería moverse, ¿no? Antes de que tuviera mucho tiempo para pensar, vi a la técnica de ultrasonido y a la doctora mirarse entre ellas. Luego la médica me miró y dijo: “Oh, Abby, lo siento mucho”.

Recuerdo llorar y gritarles que quitaran la imagen del bebé de la pantalla. Giré la cabeza y me tapé los ojos mientras tomaban las medidas del bebé. Dijeron que había dejado de crecer a las 13 semanas y media. No había señales evidentes de por qué había muerto. La doctora me consoló durante unos minutos y luego sugirió que volviéramos a la otra sala para que pudiera llamar a mi esposo y contarle lo que había pasado.

El resto de ese día es un borrón en mi memoria. Programamos un DyE para el jueves. Ese día era lunes. ¿Qué se suponía que debía hacer entre el lunes y el jueves con un bebé muerto en mi vientre?

La noche siguiente les dijimos a nuestros hijos que no habría un bebé. Fue desgarrador. Mi hijo de 6 años lloró desconsoladamente. Mi hija de 7 pareció estar bien el primer día, pero los días siguientes le costaron mucho. Hace poco me dijo que nunca tendremos un bebé. Mi hijo aún dice de vez en cuando que no es justo que no tuviéramos un bebé cuando todos los demás sí lo tienen.

El procedimiento para retirar al bebé fue horrible. No dolió tanto, pero estuve bajo anestesia general en ese momento. El dolor físico sanó poco después. Pero el dolor emocional tardó mucho más. Supimos que habíamos perdido un niño. Siguiendo la tradición judía, lo enterramos en un lugar especial del cementerio judío donde entierran a los “bebés de aborto espontáneo”.

Toda la experiencia fue dolorosa y terrible, y el dolor emocional no desapareció. Me tomó mucho tiempo salir con una amiga, llevar a los niños a algún lado o incluso ver a otras personas. Evitaba los lugares públicos y sólo pasaba tiempo con quienes me sentía realmente cómoda hablando del aborto espontáneo, porque en cualquier momento algo me lo recordaba o simplemente sentía la necesidad de hablar de ello, y necesitaba estar con personas con quienes pudiera hacerlo.

Ha pasado más de un año. Mi cuerpo aún no ha vuelto a la normalidad; no he perdido el peso que gané y ciertas partes de mi cuerpo han cambiado. En gran medida he vuelto a mi vida normal. Pero cada vez que algo me lo recuerda, revivo el dolor. El dolor de perder un hijo que nunca conocí. La emoción y la anticipación que todos sentíamos. Mi esposo y yo, nuestros hijos, nuestra familia extendida. Incluso mis amigos que sabían que estaba embarazada estaban felices y emocionados por nosotros. Yo estaba feliz y emocionada. Y todo nos fue arrebatado en un instante, con esas palabras: “Oh, Abby, lo siento mucho”.

Me he preguntado por qué. He repasado cada minuto de esos últimos días, de la semana 13 de mi embarazo, de todo, buscando y buscando respuestas. ¿Por qué nos pasó esto? ¿Por qué nos quitaron a este bebé?

Durante mucho tiempo la culpa me consumía. Hice esto, comí aquello, debería haber hecho esto o no haber hecho lo otro. La culpa ha disminuido un poco, pero aún la siento. En mis momentos más tristes, la pienso en esto y me deprimo. Pero hay momentos en los que me siento bien y me digo a mí misma: Dios tiene un plan. Esto pasó por una razón. Este bebé no debía vivir. Nunca estuvo destinado a vivir. En Rosh Hashaná, el día del juicio, se determina quién vivirá y quién morirá. Y el año pasado, se determinó que este hijo mío sería concebido y moriría antes de llegar al mundo. Tal vez fue librado de un dolor terrible. Quizás todos fuimos librados de un niño enfermo que no habría vivido mucho tiempo.

Algunas personas se sorprendieron de que les dijera a mis hijos que “el bebé murió” al explicarles lo que pasó. Pero sí, eso fue exactamente lo que pasó.

Sí, el bebé murió. Algunas personas se sorprendieron de que les dijera a mis hijos que "el bebé murió” al explicarles lo que pasó. Pero sí, eso fue exactamente lo que pasó. El bebé fue concebido y comenzó a crecer. Y luego murió. No hay otra manera de explicarlo. Decirles que el bebé se fue al cielo o que está dormido sólo los habría confundido.

Este bebé que perdimos antes de conocerlo… Espero que ahora esté en paz. Y no lloraremos más porque nunca llegó a este mundo, porque nunca debía llegar a este mundo. Dios tenía un plan para él.

Al acercarse la fecha de mi parto y todos los que conocía estaban teniendo niños sanos, fue aún más difícil. Sigue siendo difícil ir a un brit milá y sostener al bebé de otra persona. Es difícil cuando escucho a mujeres hablar a la ligera sobre sus embarazos o sus bebés. Y un millón de cosas me recuerdan al bebé que perdimos o al embarazo que llevé por tan poco tiempo.

Escucho sobre bebés milagrosos nacidos a las 28 semanas, madres con condiciones médicas, y me alegro por los bebés que sobrevivieron. Aprecio el milagro que es el embarazo y el parto. Cada bebé sano que nace es un verdadero milagro. Nunca daré por sentado un embarazo saludable.


Una versión de este artículo apareció originalmente en Hevria.com

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.