Mi madre tenía miedo que yo estudiara en una Ieshivá, esta es mi historia

08/02/2026

4 min de lectura

Las lecciones que un hijo aprendió sobre vivir con propósito y amar a las personas que más importan en su vida.

El artículo de Carolyn Mahboubi, “Mi hijo está estudiando en una ieshivá. Esto es lo que yo no esperaba” tocó una fibra sensible en los lectores. En este texto, su hijo Adam, quien está estudiando en Aish en Jerusalem, comparte más sobre este manual en evolución para convertirse en un hombre exitoso, honorable y pleno.


Cuando llegué por primera vez a Aish en abril del 2024, me senté en la terraza con el rabino que me estaba entrevistando y le dije algo que sentía con todo mi corazón: adondequiera que la ieshivá me llevara, mi única condición no negociable era que no podía crear una grieta entre mi familia y yo.

Tenía que hacer lo contrario. Tenía que acercarme más a ellos.

Crecer en la observancia judía ha sido el mayor desafío de mi vida.

Primero, me obligó a enfrentar una realidad que no coincidía con la imagen que tenía de mi futuro e incluso de mi identidad. Luego, justo cuando había hecho todo lo que, al crecer, creía que era “el camino correcto” y finalmente estaba listo para empezar la “vida real” después de la universidad, entré en un mundo donde era un completo principiante, empezando desde cero. Además de todo eso, el valor que había sostenido toda mi vida —la familia— se sintió sacudido. Parecía que estaba trazando un nuevo camino lejos de todos los que amaba y de todo lo que conocía.

Inicialmente me quedé en Aish un mes. Crecí muchísimo, pero me fui por miedo a no estar viviendo en el “mundo real” y que, por lo tanto, nada de eso fuera real. De regreso en casa, pasé el siguiente año buscando equilibrio con esta nueva visión de la vida. Ya no estaba en mi antiguo camino, pero tampoco sabía aún cómo se suponía que debía verse este nuevo camino.

Después de un año de exploración (y muchos intentos fallidos) llegué a una conclusión sencilla: si alguien va a la facultad de medicina para convertirse en médico, o a la facultad de derecho para convertirse en abogado, entonces con mayor razón conocer el propósito de la vida y conectarse con Dios también requiere un entrenamiento serio. Si realmente quería una vida dirigida hacia mi propósito final, tenía que tratarla como la disciplina de toda la vida que es.

En abril del 2025 regresé a Aish. Desde entonces, he estado estudiando a tiempo completo.

Para los fines de este artículo, sin embargo, quiero enfocarme en algo específico: cómo este viaje inesperadamente condujo a una relación más profunda y hermosa con mi madre, mi padre y el resto de mi familia. Quiero compartir algunas lecciones que pueden ayudar a cualquiera que esté intentando fortalecer las relaciones con las personas que ama.

No digas nada, simplemente sé

Cuando empecé a crecer religiosamente, sentía el impulso de compartir todo lo que estaba aprendiendo. No cometas el mismo error. Si realmente estás viviendo algo verdadero, no necesitas venderlo.

Conviértete en ello.

Cuando las personas vean un cambio genuino (más calma, más integridad, más cuidado) sentirán curiosidad por sí mismas. Y cuando pregunten, estarás compartiendo lo que están listas para escuchar, no lo que tú estás ansioso por decir.

La verdad se comunica a través de actos simples.

La mayoría de las personas no experimenta la verdad como un argumento. La experimentan como una presencia.

Lava los platos cuando llegues a casa. Haz tu cama. Apaga las luces cuando salgas de una habitación. Deja la cocina más limpia de lo que la encontraste. Llama a tu madre, padre, abuela, abuelo, hermanos, primos… no porque necesites algo, sino porque te importan. Presta atención a las necesidades de las personas y anticípalas antes de que tengan que pedirlo. Acompaña a alguien hasta el auto si le gusta que lo acompañen. Dale espacio a alguien cuando percibas que lo necesita.

Estos pequeños actos comunican algo poderoso e innegable: estás viviendo en un nivel por encima del ensimismamiento. Te estás convirtiendo en alguien más confiable, más estable y más auténtico.

Crea una política de tolerancia cero hacia la ira

Hay ciertas cosas en la vida en las que “un poco” ya es demasiado. La ira es una de ellas.

Acostúmbrate a controlar tus emociones y a mantener la calma, especialmente con las personas que más amas, porque a menudo son quienes soportan el costo de nuestros peores momentos. Y si te equivocas (porque sucederá), discúlpate rápidamente. Asume la responsabilidad sin excusas. Luego levántate y vuelve a intentarlo.

Edúcate

Cuando asumes una vida de observancia judía, casi con seguridad enfrentarás críticas, a veces de personas que sienten que tu crecimiento es una crítica implícita a sus propias decisiones. No es tu problema resolver eso, pero sí necesitas estar firme.

Edúcate. Aprende el “por qué” detrás de lo que haces. No para ganar debates ni para demostrar que alguien está equivocado, sino para poder vivir con seguridad y paz en tu propia mente cuando te desafíen. Cuando no te sientes amenazado, no necesitas discutir. Y cuando alguien venga buscando comprensión genuina (no una pelea) podrás ser un recurso real para esa persona.

Es hora de elevar el nivel

Muchos hombres de nuestra generación han sido entrenados para perseguir la comodidad y la conveniencia. Pero el crecimiento —el crecimiento real— exige lo contrario. Todo lo que escribí arriba es difícil. Requiere disciplina, humildad, paciencia y constancia.

Cuanto antes decidas elevar el nivel, más pronto estas formas de vivir se volverán naturales. Y descubrirás que el “camino difícil” en realidad es el buen camino: el que hace la vida más rica, más serena y más significativa.

Uno de los efectos posteriores de vivir de esta manera es algo invaluable: una relación más fuerte, cálida y conectada con tu familia. Empieza ahora. Empieza de a poco. Cuanto antes comiences, antes cambiará tu vida.

Sí, puede ser doloroso cargar con el peso del crecimiento. Pero es mucho más doloroso seguir viviendo dentro de una ilusión reconfortante. Cuando eliges estos pasos, serás guiado de maneras que aún no puedes imaginar. Y las personas que más amas lo sentirán antes incluso de comprenderlo.

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