Mi maestro: amor, visión y legado de Rav Berel Wein

24/08/2025

3 min de lectura

El amor, la humildad y la visión de Rav Berel Wein moldearon a generaciones. Maestro, erudito, historiador y figura paterna. Su legado nos recuerda que somos autores del destino judío.

Escribo con lágrimas y gratitud por el privilegio de haber sido alumno de Rav Berel Wein.

Rav Berel Wein zt”l, quien falleció el shabat pasado a los 91 años, fue mi Rebi y Rosh Ieshivá en la escuela secundaria Shaarei Torá. Pero la graduación nunca marcó el final. Una vez que te convertías en su alumno, lo eras para siempre.

Muchos lo conocimos por primera vez siendo niños y adolescentes, aún en proceso de descubrirnos a nosotros mismos. Ya fuera en su sinagoga o en su ieshivá, las relaciones que formamos con él fueron esenciales. No se desvanecieron con el tiempo; maduraron. Él nos enseñó valores judíos cuando éramos niños, y siguió enseñándonos cómo vivir con esos valores como hombres.

Parte de una historia Divina

Rav Wein transmitía una visión clara del mundo, hablando de Torá e historia, de carácter y responsabilidad, de construcción y reconstrucción. Nos mostró no sólo de dónde veníamos, sino también dónde nos encontrábamos en el arco de la historia divina de nuestro pueblo.

El autor con Rav Wein

Por eso llamó a la obra de su vida "Destiny Foundation" (Fundación Destino). Para él, la historia no era algo para estudiar, sino para vivir. No éramos espectadores de la historia judía; éramos participantes en su desarrollo.

Él nos dio un sentido de pertenencia respecto a nuestro pasado y de responsabilidad hacia el futuro.

Preservación y renovación

Su misión estuvo marcada por la sombra del Holocausto. Rav Wein cargaba con la conciencia de que se había perdido mucho y mucho debía ser reconstruido. Él creía que el judaísmo debía enfrentar al mundo moderno con confianza.

Rav Wein nos enseñó que la historia judía no está escrita sólo en tiempo pasado. Se está escribiendo ahora. Lo que significa que cada uno tiene un papel que desempeñar. No importaba si te convertías en rabino, abogado, maestro o promotor inmobiliario. ÉL insistía en que fuéramos judíos comprometidos y líderes.

El poder del amor

La influencia de Rav Wein no provenía sólo del carisma o del estatus. Provenía del amor.

Tengo un amigo cercano no quería ir a la ieshivá de Rav Wein. Un día, sin previo aviso, su madre le dijo que tenía una cita con Rav Wein. Mi amigo fue a regañadientes.

Rav Wein lo miró a los ojos y le dijo: “Entiendo que no quieres venir a nuestra ieshivá”.

Él asintió tímidamente.

Rav Wein respondió: “Puede que encuentres una ieshivá con mejores alumnos. Puede que encuentres una ieshivá con mejores rabinos. Incluso es posible que encuentres una ieshivá con un mejor rosh ieshivá. Pero no encontrarás una ieshivá donde seas más amado".

Por eso tantos de nosotros, desde su fallecimiento, hemos dicho: “Siento como si hubiera perdido a un padre".

Grandeza envuelta en humildad

Rav Wein vivió como enseñaba.

Vivió en una sola vida más de lo que la mayoría podría soñar: fue rabino comunitario, daián, rosh ieshivá, autor de libros, historiador, intelectual, autoridad en kashrut, conferencista, incluso abogado y empresario. Sin embargo, él nunca veía esto como títulos. Eran responsabilidades. Dones de Dios para ser usados en favor del pueblo judío.

Rav Wein hacía que la grandeza pareciera alcanzable porque estaba envuelta en humildad, humanidad y una preocupación genuina por el otro.

Porque él creía en nosotros, nosotros podíamos creer en nosotros mismos.

Su última palabra: positividad

No hace mucho, le hice la que sería mi última pregunta: “Rabí, ¿qué es lo que más necesita el mundo judío hoy en día?"

Su respuesta fue una sola palabra: “Positividad".

No era sólo un consejo. Era su visión del mundo. Rav Wein creía en el pueblo judío y en el futuro judío, no porque fuera fácil, sino porque ese era el destino Divino. Y porque él creía que nosotros debemos moldearlo.

Rav Wein nos recordaba que la cadena del Sinaí se extiende hacia el mañana, y nos corresponde prolongarla. No como espectadores de la historia, sino como autores de su próximo capítulo.

Que su memoria sea una bendición.

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