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Mi proyecto DIY y la necesidad de independencia

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29/10/2021 | por Rav Nejemia Coopersmith

¿Por qué sentimos más satisfacción cuando ponemos en juego nuestra independencia y hacemos las cosas nosotros mismos?

La semana pasada hice algo sorprendente. En vez de llamar a un experto, yo mismo arreglé el techo de nuestra cocina que tenía feas manchas de agua y burbujas de pintura descascarada.

Cada uno tiene sus puntos fuertes, y los míos no incluyen arremangarme para arreglar un grifo roto, el inodoro que gotea o el armario que tambalea. Soy completamente lo opuesto a hábil en lo que respecta a habilidades manuales.

Después de más de un año en que lo primero que uno veía al entrar a mi casa era el daño que causó el agua, finalmente decidí -literalmente- tomar el tema en mis manos y raspar, lijar y pintar el techo yo mismo, dando un paso cada noche.

Mi esposa y mis hijos me observaron desconcertados y un poco sorprendidos cuando llegué a casa con todas las herramientas y los materiales necesarios.

Ahora, el cielorraso blanco e inmaculado es mi parte favorita de la casa.

No está perfecto, ni mucho menos, pero se ve hermoso. Parejo (más o menos), blanco, limpio y fresco. Y, lo mejor de todo, ¡lo hice yo mismo!

No importa que sea de inferior calidad; es mío. Siento más satisfacción porque lo cultivé yo mismo.

¿Por qué sentimos más placer cuando hacemos nosotros mismos las cosas? El Talmud enseña: "Una persona prefiere tener una parte de su producción antes que nueve partes que pertenezcan a otro" (Baba Metzía 38a). No importa que sea de inferior calidad; es mío. Siento más satisfacción porque lo cultivé yo mismo.

Cuando invertimos en algo nuestro sudor, sangre y lágrimas, la relación que tenemos con ese objeto se profundiza. Es una parte mía. Un padre que se ve a sí mismo en su hijo, el artista que se ve en su cuadro, el alumno a quien le cuesta estudiar y corre a casa para mostrarles a sus padres que obtuvo un "10" en un examen… Todos sienten que se trata de una extensión de su ser.

Cuando recibes algo servido en una bandeja, sin que sea necesario trabajar ni invertir en ello, el hecho de que haya menos inversión lleva a que se sienta menos placer. El niño rico malcriado dice: "Papá, alguien me chocó el auto y necesito uno nuevo". Llega con facilidad y desaparece fácilmente. Su relación con el auto es casual, superficial.

Tenemos un feroz deseo de ser independientes, de liberarnos de cualquier cosa y de cualquiera que pueda limitarnos; queremos ser nosotros mismos.

El místico pan de la vergüenza

Imagina a alguien que se gradúa con un máster en administración de empresas, vamos a llamarlo José, y que comienza a buscar su primer trabajo. Una gran empresa de alta tecnología lo convoca a una entrevista de trabajo y se entera que el director ejecutivo mismo lo va a entrevistar. José está muy emocionado.

La entrevista no hubiera podido marchar mejor, y el director le ofrece empezar con un puesto soñado. José siente que camina por el aire. Al salir de la reunión, el director pone su brazo alrededor de José y le dice: "José, un hijo de Martín es como si fuera mi hijo. Cuando tu padre me llamó para contarme tu situación, le dije que por supuesto quería ayudarlo".

Un puñetazo en el estómago.

La razón profunda por la que lograr algo basado en nuestros propios méritos es más satisfactorio, es porque eso nos permite asemejarnos a Dios, Quien es libre e independiente.

Esta sensación de devaluación en términos kabalísticos se llama "el pan de la vergüenza". No podemos soportar que nos den las cosas servidas en una bandeja. Nuestro significado surge del desafío y del esfuerzo que debemos invertir para alcanzar nuestros objetivos.

Por eso Dios creó a la humanidad con libre albedrío. No hubiera tenido ningún propósito crear miles de millones de robots, incluso si estuvieran programados para cumplir con la voluntad de Dios. El libre albedrío nos da la posibilidad de asemejarnos a Dios, de ser una fuerza creativa independiente. De hecho, esta es la razón profunda por la que ejercer nuestra independencia y obtener logros basados en nuestro propio mérito es tan satisfactorio y placentero. De esa forma nos asemejamos a Dios, Quien es libre e independiente.

Mi esposa dice que hay que arreglar el baño. ¿Quién sabe? Quizás aprenda a usar una pistola de silicona. Han ocurrido cosas más extrañas que esa...





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